TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Lista de Foros / Últimos 10 mensajes


General :: Anuncios / Cuentos y unas cuantas estocadas [Disponible en Amazon]
chavo, 28.02.2026
lo buscaré
 
Literatura :: Talleres / Rincón del lector III
rhcastro, 24.02.2026
"la espada sin honor, perdido todo,
lo que gané menos el gesto huraño”.
G. Owen
Cuando Perseo despierta, sus primeras miradas nunca son para Andrómeda. Prefiere salir a su jardín y ahí lavarse el sueño en la fuente de mármol. Luego, desde sus terrazas, mira animarse la ciudad de Micenas.
Se sabe amo absoluto, semidios respetado, héroe al que veneran sus súbditos, pero en el fondo de su alma, allá donde se integran el Olimpo y el polvo, lo habitan la tristeza y el recuerdo de sus viejas hazañas.
Se tiende bajo un árbol mirando cómo el vientre emerge cada día entre su túnica, y espera —recordando— el llamado de Andrómeda.
Fermín Morales apagó el cigarro. A su mujer le desagradaba verlo fumar, y Fermín quería escaparse, arrojando el tabaco, de una discusión molesta y prolongada.
Cruzó el zaguán húmedo y subió por las viejas escaleras. Llegó cansado al tercer piso y en el corredor estuvo a punto de derribar una maceta al extraer la llave de su bolsa.
Al entrar a su casa, Fermín avisó suavemente su llegada. Isabel estaba tendida en la cama, hojeando unas revistas. Cubierto por la bata de franela su cuerpo era más viejo y repulsivo, y el rostro, ajado bajo los rizos artificiales, parecía un busto seco coronado de víboras.
A veces suele visitar sus caballerizas, pero esta inspección comienza a desagradarle. Resulta triste contemplar a Pegaso, anciano y casi ciego, tendido al centro de un cúmulo de heno, con las alas surcadas por venillas azules.
El alado corcel es tan sólo la ruina de aquel hijo del viento que brotó de la sangre de Medusa. Desde el hueco del tiempo, la gorgona vencida comienza su venganza. Su rostro seco, enjuto, con el pelo de víboras inertes, se llena de polvo y miedo en una sala de palacio. Pero Pegaso no es el mismo que a través de los cielos condujo a su jinete a las tierras de Atlas, el rey petrificado por los ojos sin vida de Medusa. No es aquel que miró su vuelo reflejado sobre la piel verde del Mediterráneo, ni el cómplice que avisó a Perseo cuando una de las Hespérides advirtió que cortaba el fruto de oro del jardín vedado.
Fermín conoció a Isabel, treinta años atrás, cuando ambos trabajaban en la Secretaría de Comunicaciones. A los seis meses se casaron y ella dejó el empleo. Desde entonces vivieron en la vecindad de las calles de Argentina y su vida fue de pleitos y molestias constantes.
Con los años disminuyó el vigor de Fermín; transformóse en una extraña paciencia para soportar los caprichos de Isabel: llevarla al cine cada sábado, a Chapultepec todos los domingos, entregarle íntegra su quincena y llegar, cada día, no más tarde de las diez o las once.
Isabel nunca fue hermosa y además era estéril; sin embargo Fermín, indolente y sereno, nunca pensó separarse de su esposa. La toleró por muchos años hasta que su presencia llegó a ser un yugo y una amenaza continua; a pesar de ello, carecía de fuerzas para abandonarla y su único consuelo residía en esperar la muerte de la anciana.
Perseo siente cómo de sus ojos se desprenden dos lágrimas tangentes. Vuelve a tenderse sobre la hierba y piensa que hace veinte años se cumplió la profecía: dos décadas atrás dio muerte a su abuelo Acriso al lanzar el disco con gran fuerza durante los funerales de Polidecto.
Perseo tose, se agita, sus mejillas se ensanchan y su boca se afila. Mira a su alrededor y cree que el día amaneció con máscaras de niebla; se niega a comprender que el tiempo, poco a poco, oscurece sus ojos. Se levanta del árbol, camina hacia el palacio. Los guardias lo saludan elevando sus lanzas; y en la cámara real, Andrómeda comienza su tocado ayudada por una docena de núbiles esclavas.
Perseo la mira, oculto atrás de una cortina. Repasa sus cabellos grisáceos y sus fláccidos pechos. Andrómeda también es distinta a la doncella que compitió en hermosura con las hijas de Nereo, quienes, celosas de la joven, la ataron a una roca para que fuera devorada por un monstruo marino. Pero el rey de Corinto, cabalgando en Pegaso, rompió sus ligaduras y luchó con la bestia.
Hoy el amor no existe; es sólo la memoria de los felices días que después del combate, pasaron unidos frente al mar sonoro, saboreando el amor y los goces del triunfo.
Pero aquel día Fermín reclamó la comida e Isabel, indignada, terminó la querella expulsando a su esposo de la casa.
Fermín vagó por las calles, trémulo y confuso, temeroso de regresar y sintiendo el impulso de irse lejos, de remontar las nubes y esconderse en el cielo, en algún sitio alado donde pudiera a solas edificar la dicha que nunca había conocido; de huir del despertar monótono, sintiendo el cuerpo laxo que roncaba a su lados, de evitar, en la noche, el contacto con los cabellos de Isabel, blancos y duros como serpientes desangradas.
Perseo sale del palacio y recorre los alrededores de su dominio. Advierte las murallas de estructura ciclópea, la Puerta de los Leones, la piedra invulnerable que unas manos ajenas levantaron para cercar el sitio donde el rey va muriendo.
Y Perseo siente cómo su sandalia desmorona la tierra, cómo su paso es lento y su sombra encorvada. Zeus, su padre, no lo preservó del tiempo y su abuelo, Cronos, lo ha vencido; comienza a devorarlo enmedio de sus recuerdos, como si se vengara del hijo de aquel que escapó de sus fauces y lo desterró del Monte Olimpo; como si Cronos lo asediara sin respetar su propia estirpe, la jerarquía del héroe vencedor de Medusa.
El viento asedia la ciudad amurallada. El sol baña de sudor la frente del anciano, y en la terraza enorme, la reina de cabellos grisáceos y rostro diluído, contempla el regreso de su esposo y también, sin quererlo, comienza a ver el término del héroe.
Sin embargo volvió para pedir perdón. Ella, en respuesta, le arrojó a la cara la olla con fideos y Fermín no supo contenerse; treinta años de cadenas explotaron dentro de él. Tomó un cuchillo enorme y lo clavó seis veces en el odiado cuerpo de la gorgona.
Isabel cayó al suelo y una lengua líquida y pastosa se desprendió de la estatua rota. Fermín sintió que el hechizo acababa: él ya no era de piedra, podía moverse, ser quien era, no el perro agazapado bajo las faldas de su esposa.
Las vecinas se asomaron a sus puertas atraídas por los gritos y ruido de la lucha; pero Fermín no las miró: bajaba las escaleras como jinete en un caballo alado, como si recorriera el mundo en una dimensión altiva, inalcanzable, libre ya del acoso de los hombres y el tiempo.
Por eso, cuando lo encontraron en la Alameda, no opuso resistencia ni agredió a sus captores; se limitó a reír y a mirar a los pájaros. Algunos dijeron que había enloquecido, pero lo cierto es que escuchaba el idioma del agua, las palabras del viento. Dejó de ser estatua sin convertirse en hombre. Ahora lo ha comprendido cuando trata de apresar el polvo que suspende un rayo encarcelado. Durante horas lo contempla y cuando el sol se extingue, Fermín se siente un corcel roto, ave de alas inmóviles, torpe en los muros ciegos de su celda implacable.
Alza la vista al cielo y a su lado, el mundo sigue siendo el mismo; acaso más opaco, más hastiado de ser y terminarse. Al centro de su tumba el rey y el loco son un mismo hombre; sus historias contrarias una misma vida; su tiempo, separado por siglos, por edades cumplidas, es un tiempo que vuelve y se arrepiente, que se repite y huye; laberinto infinito, abismo sin memoria.
El sol hiere sus ojos; la mañana es una alondra inmensa que suspende su vuelo de bruces sobre el día. Y en su prisión de piedra, él espera que llegue, perforando las nubes, el caballo con alas y de libres relinchos, que nació, como llama, de la sangre maldita de Medusa.

____________
 
Literatura :: Talleres / MONOLOGUEANDO XV
rhcastro, 13.02.2026
Disfruto la soledad del lugar màs que el escandaloso bullicio de los años de gloria.
 
Literatura :: Talleres / Rincón del lector III
RHCastro, 11.02.2026
Espejo

Soy de plata y exacto. Sin prejuicios.
Y cuanto veo trago sin tardanza
tal y como es, intacto de amor u odio.
No soy cruel, solamente veraz:
ojo cuadrangular de un diosecillo.
En la pared opuesta paso el tiempo
meditando: rosa, moteada. Tanto ha que la miro
que es parte de mi corazón. Pero se mueve.
Rostros y oscuridad nos separan

sin cesar. Ahora soy un lago. Ciérnese
sobre mí una mujer, busca mi alcance.
Vuélvese a esos falaces, las luciérnagas
de la luna. Su espalda veo, fielmente
la reflejo. Ella me paga con lágrimas
y ademanes. Le importa. Ella va y viene.
Su rostro con la noche sustituye
las mañanas. Me ahogó niña y vieja

(traduce Jesús P.)
 
Literatura :: Talleres / Diálogos
RHCastro, 05.02.2026
- Te odio, no me hables jamás
¡No me dirijas la palabra!
- ¡Oh! Lo siento. Al final el odio es consecuencia
del un amor genuino e irrecuperable.
Gracias. En su tiempo fue hermoso.
¡Muchas gracias!

PD
Estoy aquí desde diciembre de 2002.
RH
 
Literatura :: Talleres / Diálogos
RHCastro, 05.02.2026
- Te soñé
- y ¿Qué soñaste?
- a ti, te soñé anoche
- pero ¿Qué hacíamos o qué?
- Nada, solo recuerdo que te abrazaba y sentía como se me iba la vida en eso
- ¿moriste en el sueño?
- Mmm, no ¡Moría sin ti!
 
Literatura :: Poesía / Poesía japonesa [Recapitulaciones de un..ish! (Ush-ush)] III
RHCastro, 05.02.2026
Maúlla el gato.
Plumas que caen despacio
de la azotea.
 
Literatura :: Poesía / Poesía japonesa [Recapitulaciones de un..ish! (Ush-ush)] III
kone, 29.01.2026
La hoja cae.
No pregunta al suelo
si está listo.

Toc.

Nada más.
 
Literatura :: Poesía / Poesía japonesa [Recapitulaciones de un..ish! (Ush-ush)] III
Stracciatella, 28.01.2026
Los peces sueñan
Si no duermen
En burbujas de colores...


Glub.


Plop.




Plof.
 
Literatura :: Talleres / Diálogos
remos, 27.01.2026
El punto, vogel, es que las novelas no se ven: se leen. digamos que se ven en el empìreo de nuestra imaginaciòn de lectores.
 



[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]