Amor en la tenada Hacía imprescindible el aire que con olor a paja húmeda se respiraba en esa cuna de duendes, la que veía desde cuando le faltaba lo temido para seguir, en busca de qué. Era de todos sabido el humor de las castas modistas, de sus pensamientos secos, sin aire. De las caídas por las laderas dejando arañada la belleza y necesitado el alma de los de arriba. Mira cuanto quieras ahora, mira arriba y abajo. Están las plañideras queriendo llevarse su silencio. Aguadulce, abril de 2005 José María de Benito
Texto agregado el 02-04-2005, y leído por 147 visitantes. (1 voto)