Nacimos con el don de adivinar, somos mujeres visionarias las como yo, enloquecidas para unos, geniales para otros. Lo nuestro es conocer al otro, y aprender a utilizar lo que vemos en sus ojos, en sus manos, en su temor para hacernos bien a todos. Casi siempre la visión que nos acompaña nos sirve, excepto en los puntos en que el exceso de energía o de luz nos borra la capacidad de comprender. Esa luz estaba ahi, frente a él, que no quería que mi cuerpo se escapara de su lado. Ese destello encegueció mi visión cuando él quiso alejarse, porque yo soñaba con que teniamos un futuro juntos. Y no, era que la ceguera del amor me borraba la conciencia de lo que realmente indicaban los sueños.
Y yo que los vi todos. Vi todos sus miedos en mis pesadillas de horror, en esas que me levantaron abruptamente cuando notaba que eran presagios pero no de los buenos. Estoy cargando con el hecho de saberme media bruja y saberme normal por ello. Duele comprender que Dios ha puesto en nuestros programas formas de conocer lo que viene y que a veces no nos sirven porque dopados estamos por el estrés o la rutina. Mi amado ahora esta lejos, y yo no soy más su amada. Duele saber que lo supe a tiempo y no corri por intentar revertir la situacion irreversible. En lugar de salvarme quise salvar el romance, y ahora, me toca tomar cada pedazo de mi vida trozado como la cancion de esa cristina, y entender que si no me quiso es porque no podía y nadie lo puede culpar por eso. El amor es un don divino, si Dios no toca a mi amado, entonces yo no puedo ser su amante. |