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Llegaron a la conclusión que el sujeto en cuestión era sólo un hexaedro cuya cara anterior reproducía una imagen generada en otro lado y un dispositivo acoplado a él, el sonido.
Es decir, no poseía voluntad, por ende no era posible culparlo de la muerte de nadie. Acto seguido el televisor fue absuelto.
El caso era raro, y eso hay que reconocerlo, cuando una persona se lanzaba de un edificio luego de ver Superman, el culpable era en cierto modo, el realizador del film; pero a Ramón Esteves no lo había matado ningún programa.
La muerte del gordo, decía José Suárez, su mejor amigo, comenzó el día que le conectaron el cable, el siempre había sido adicto a todo, más que una obsesión era un
deporte, comía en exceso y aunque no hubiera ningún compromiso vivía pendiente del reloj; hasta ese 15 de enero.
Preparó un café, se sentó en el sillón verde, tomó el control remoto y encendió la TV.

Romina Velázquez salió con el gordo los últimos tres meses. El 15 de enero lo notó algo ansioso por la conexión del cable, no le dio importancia, lo conocía bastante y pensó en darse una vuelta más tarde para sacarlo, un poco, del aparato.
Ramón tenía los ojos bien abiertos y hacía doce minutos que no parpadeaba cuando Romina le golpeó la puerta.
-Pasá.-fue todo lo que dijo... ... durante esa semana.
-Yo dejé de verlo por eso. -recordaba Romina- Era ir a verlo mirar televisión.
A los diez días de la instalación, entre dos amigos le abrieron la mano para poder sacarle la taza de café que comenzaba a llenarse de hongos.
-cada vez estaba más cerca del aparato -relataba Suárez-En tres semanas su nariz estaba tocando el vidrio, sus ojos se movían de un lado a otro dentro de los límites de la pantalla, su realidad había dejado de ser la misma que la nuestra.
Todos los amigos de Ramón estaban preocupados, pero nadie se había percatado de lo más extraño, hacía más de dos meses que no se movía, pero tampoco comía ni bebía y permanecía vivo. Este detalle aportado por Romina al doctor Robledo desató un caos en el mundo científico.
No se puede vivir, decían los especialistas mientras realizaban los
estudios, pero Ramón estaba ahí, respirando.
Un grupo de médicos y psiquiatras lo observaron durante semanas, su sentido del tacto, el gusto y el olfato habían desaparecido, él era insensible al mundo que lo observaba.
La clave de su supervivencia Las aportó el Sr. López, vecino del gordo, hizo una comparación algo absurda pero fue esencial:-Cuando preparás comida, muchas veces, de verla se te pasa el hambre, es eso, él ve comida y listo.
Y así era, por cada imagen alimenticia que él veía su aparato digestivo comenzaba a trabajar.
El radiólogo Heriberto Holler no salía de su asombro al afirmar:
-Habíamos puesto una pantalla de rayos equis delante de él, cuando aparecía comida en el televisor, masticaba, luego tragaba y, aunque
nos negásemos a creerlo, la comida estaba allí.
El 20 de diciembre, Romina fue testigo de un hecho insólito, Ramón hizo fuerza hacia adelante y su nariz entró a la pantalla, cuando llegaron los demás aún permanecían fuera el mentón las orejas; para Nochebuena toda su cabeza estaba dentro del televisor.
A esta altura los expedientes del juicio son algo confusos, la gente no creía lo que había vivido y sus palabras se cruzaban con el miedo a ser tildados de locos.
El quince enero cuando se había cumplido un año, sus amigos se reunieron para intentar hacerlo reaccionar, fue una gran fiesta: alcohol, música, amigos y el gordo que seguía con la cabeza en la tele. José ya temía por el futuro de su amigo, entonces dijo:-¡Tiremos! Y todos se prendieron de la cintura del
gordo. Fue en vano, estaba pegado, eran una sola cosa Ramón y el televisor.
Pero el cuerpo estaba seco y una tarde, se le cayó, así como se le cae el ombligo a un bebé, tras el cristal la cabeza estaba perfecta, sonriente durante las comedias y aterrada en las noticias.
En ese momento me reconcilié, reconoce Romina, claro, él nunca me había echado, así que no hacía falta nada de su parte... Nunca rompimos realmente.
El hombre que vivía dentro de un televisor fue suceso mundial. Como el gordo no tenía familia las entradas eran cobradas por su, recién recuperada, pareja.
Pero... Como a muchos de nosotros, al gordo, también lo sobrepasó la realidad. Se le había dado por permanecer en los programas educativos, era la cabeza que más
sabía de la vida en África, los cortejos de los pavos reales y los monumentos egipcios... Pero se equivocó de horario, tal vez un error de la revista del cable, y el 4 de abril nadie pudo escuchar sus gritos de auxilio mientras se ahogaba en un documental de Cousteau.

Texto agregado el 02-12-2004, y leído por 129 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
02-07-2005 Excelenteeeeee e ingenioso. Te felicito. Tema para un corto. Lu_Folino
 
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