Y ahora el tren del pensamiento se detiene.
Justo aquí. En esta estación.
Te recuerdo. Con más de tres preguntas,
con más dudas que respuestas, como si los tickets de viaje me sobraran entre las manos.
Incógnitas indescifrables, me digo.
Dudas, las mías.
Ahora, sin contestar.
¿Por qué fue que llegué tarde,
al corazón,
que ya fue elegido con alas inmortales en otro lugar?
Explícame.
¿Por qué llegué a tocar el cielo,
y ver estrellas, fugaces y arcor iris brillar,
y no pude hacer sostenible,
la magia que nos unió al estar?
Contéstame.
¿Por qué será que la brisa,
el sol, las olas, y todas las aves en el cielo, alto y hondo, que hemos visto pasar, nos hayan envuelto en un paisaje tierno, hermoso, dulce, y fugaz,
y que ahora, con decisión,
quiero finamente saparar?
Continúo.
¿Por qué será que sin contarnos cuentos,
comenzamos a vivir en cuento,
la historia que nunca fue real?
¿Por qué si dices quererme,
y no siéndome desleal,
borras de tu mente,
que aquella,
me hace llorar?
Créeme.
Destierro el que vivimos,
con puerta al Paraíso,
ahora,
de mi mano al cielo.
Y de tus frases que vayas escribiendo.
Pienso. El amor y el dolor.
Mis fuentes de inspiración,
siempre las dos.
Paradojas invencibles.
Continúo la ruta del tren,
y me paro en la siguiente estación. |