NANOPARANOIA
“El horror de la vida
es ese enjambre de trivialidades
que puede matar más deprisa que el cáncer
y siempre están ahí”.
-Charles Bukowski
¿Qué es el absurdo?
Suele comenzar cuando llega el bus escolar, entre las 6:37 y 6:39 de la mañana, para tocar su aguda bocina dos veces, en el domicilio de enfrente a mi ventana; ambos pitidos, penetrantes, duran medio segundo cada uno. Lo que sigue es una expectativa de casi un minuto en silencio, donde todos los que en ese momento nos encontramos despiertos en nuestra calle, sabemos que a continuación se escucharán dos pitazos más, el primero de medio segundo y el que sigue de uno entero –el doble, insistente, malhumorado, podría decirse-, reflejando de manera idéntica, desde hace ¿cuántos años?, la desesperación del chofer del bus porque el niño de mierda no sale a tiempo de su hogar.
Al fin aparece, sólo él, como siempre, con su mochila en la espalda, como si fuera huérfano y viviese en calidad de fantasma en esa casa. Detrás de crío se cierran prepotentes las puertas de la vivienda y del bus.
Este es el irrazonable rutinario que, quizás, a otros vecinos les servirá como eficiente despertador, de lunes a viernes: “un minuto más…”, pensarán adormilados desde su cama, entre el primero y segundo bocinazo.
Son las 6:41; por hoy ha sido suficiente.
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