La verdad que ni yo sabía para qué había comprado ese bendito ramo de flores. Claro, era para dárselo a Erika, pero ahora ya no estaba seguro de si los ramos de flores eran apropiados para cuando nos dábamos una segunda oportunidad. Al principio yo había creído que sí, sin embargo ahora, a medida que me iba acercando al bar donde nos habíamos citado, ya no estaba tan seguro de eso.
Todo me recordaba a nuestra primera cita, por eso elegí un bar diferente, uno que nos hiciera imaginar que ésta era nuestra primera cita de verdad, un lugar que tuviera la magia suficiente para hacernos creer que dejábamos atrás tres años de convivencia y que teníamos el valor de apostar de nuevo por nuestra pareja.
Así que ahí estábamos, Erika y yo llegando al bar, aunque no sé por qué me imaginé a Erika ya esperándome sentada en una de esas mesas situadas al lado de la ventana, y yo yendo a su encuentro con un hermoso ramo de flores en la mano, ramo de flores que a último momento pensé en tirar al tacho de la basura (pero por alguna extraña razón no lo tiré), porque no quería que nada me hiciera recordar a nuestra primera cita que habíamos tenido tantos años atrás.
Supuestamente Erika me esperaba sola, pero cuando llegué al bar, vi que estaba sentada con otra mujer, con quien charlaba hasta por los codos. Y con quien también se reía. Pero cuando me vieron llegar enseguida se callaron y Erika se puso seria y me dijo que por favor me sentara. Yo estaba tan asombrado de ver a Erika junto a otra mujer en la mesa, cuando se suponía que íbamos a estar solos para hablar de nuestros asuntos más personales. Aunque era evidente que Erika no lo entendió así cuando yo le propuse encontrarnos en ese bar para hablar durante un par de horas.
Así que ahora no sabía qué hacer con ese bendito ramo de flores. Además ya era tarde para tirarlo a la basura.
Enseguida Erika me presentó a su amiga, quien se llamaba Sandra. Yo le dije "encantado, Sandra, yo soy Luis, 'amigo' de Erika". Cuando terminé de decir eso, Erika se quedó mirándome un poco extrañada de que yo utilizará la palabra "amigo" para definir nuestra relación.
Todas las palabras que yo tenía pensadas decirle a Erika esa noche, me las tuve que guardar tal vez para otra ocasión, porque no había manera de que se las dijera adelante de su amiga Sandra. Por eso tuve que improvisar, incluso cuando recordé que en mi mano tenía todavía el ramo de flores.
Después de pensarlo un momento, decidí que dividiría el ramo de flores en partes iguales y que le daría la mitad a Erika y la otra mitad a su amiga Sandra. Cuando ellas me vieron hacer eso, se quedaron en silencio, hasta que terminé de darles a cada una la mitad que le correspondía, cosa que alegró mucho a Sandra, aunque a Erika no le gustó demasiado ese gesto.
Después de eso, nos llevó varios minutos decidirnos qué cenar, aunque al final optamos por una pizza y una botella de cerveza. Por dentro yo pensaba "tanto lío para pedir siempre lo mismo". Pero bueno, ahí estábamos comiéndonos una pizza y bebiéndonos una botella de cerveza mientras yo miraba de vez en cuando a Erika a los ojos, un poco para ver cuál era su reacción ahora que nos sentíamos tan lejos el uno del otro.
Por eso sentía tanta bronca y decepción, porque me había imaginado que entre Erika y yo podría haber nacido otra vez algo que valiera la pena. Sin embargo ella había invitado a su amiga a nuestra cena que supuestamente sería íntima. Creo que solamente me contuve por educación, porque valoré que ni Sandra ni los demás comensales se merecían una escena de mi parte. Así que soporté la situación como todo un caballero, aunque empecé a comerme la pizza a toda velocidad, y lo mismo hice con mi vaso de cerveza, para así irme lo más rápido posible de ese bar.
La conversación giró en torno a vanalidades, a esas cosas que estaban tan alejadas de lo verdaderamente importante. Pero bueno, Erika lo había querido así. Por eso la noche no duró demasiado, por suerte. Porque yo deseaba volver a mi casa, seguramente decepcionado pero por lo menos regresar a mi casa para poner blanco sobre negro, ordenar poco a poco las ideas.
Cuando me despedí de Erika y de Sandra, sentí que algo dejaba de molestarme en la garganta, una especia de nudo que de pronto sentí desparecer a medida que me iba alejando del bar.
En mi casa lo primero que hice fue meterme bajo la ducha, para sacarme esa sensación que había tenido durante toda la noche, eso que me hacía transpirar tanto las manos. Después me tiré en el sillón para ver un poco de televisión a todo volumen aunque no pude concentrarme. Pero enseguida sonó el insistente timbre del teléfono. Antes de atenderlo, bajé el volumen del televisor, aunque nadie me respondió del otro lado de la línea, solamente había silencio.
Pero yo no pude soportar ese silencio, por eso le dije a esa persona que me hacía perder el tiempo, y que hablara ya mismo por favor, porque me hacía tanto, tanto mal su silencio. |