Siento que ya no sabes escuchar más en mis silencios, esas mis ausencias que un día ya te dijeron tanta cosa,
recelos razonables que siempre intentabas explicarte,
con todas esas tus dudas que te acercaban tanto a mí,
en la mutua inercia consentida que siempre nos salvó,
la airada compresión de una sincera procesión interior,
entre los dos no hubo más que irreprochable conducta,
insensata luz que nos cegaba en una causa consentida,
tú y yo coincidimos en una consecuencia irremediable,
en este estático presente que ni retrocede, ni avanza,
fin que tuvo su principio y siempre principia de nuevo,
acostumbrada armonía para una sentencia aceptable,
decirnos todo sin alzar la mano en mutua aprobación,
un amor de salvación para nuestro gran abrazo reflejo,
saber que estás ahí, aunque no nos podamos más ver.
JIJCL, 27 de febrero de 2026.
|