El intrigante se pasea con su cúmulo viciado, cauteloso, despiadado, arrogante y respingón. Urde, teje y descompone blancos márgenes usuales en podridos argumentos con sonrisa y vodevil. Nadie sabe lo que piensa, ojos mezcla de decencia, una venia lisonjera y su estaca en un fusil. Dice el verso que lo ha visto agachado y escondido olfateando su carroña como hiena en un festín. Ese ser tan repugnante, más asiduo que lejano guiña un ojo y da la mano sin saber que su tridente hace tiempo ya te ensarta las laderas de tu alma. Pobrecillos los humanos tan confiados caminando.
Texto agregado el 18-02-2026, y leído por 49 visitantes. (1 voto)