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Había una vez, en una pequeña ciudad del pueblo San José, vivían dos hermanitos Lucas y teresa. Aunque ellos se querían mucho, pasaban todo el día peleando.

—¡Ese juguete es mío! —gritaba Lucas.
—¡No, es mío! ¡Yo lo vi primero! —respondía Teresa, tirando de él.

Peleaban por el último pedazo de pastel, por quién se sentaba cerca de la ventana e incluso por quién tenía más amigos imaginarios. Sus padres, cansados de tantas discusiones, ya no sabían que hacer y siempre les decían:

—Algún día aprenderán que pelear no lleva a nada bueno.

Pero ellos no hacían caso.

Un día, mientras jugaban en el jardín (y, por supuesto, peleando), descubrieron un enorme árbol con una luz especial en sus hojas que nunca habían visto, que los estaba observando. Era el Árbol de los Deseos Verdaderos, un árbol mágico que solo aparecía cuando alguien necesitaba una lección importante.

—¡Yo pido el primer deseo! —dijo Lucas, corriendo hacia el árbol.
—¡No, yo lo vi primero! —gritó Teresa, empujándolo.

De pronto, el árbol habló con una voz profunda y calmada:

—Niños, ¿por qué desperdician su energía y tiempo en peleas? ¿No ven que juntos son más fuertes?

Los niños se quedaron callados, sorprendidos. El árbol continuó:

—Les daré una lección. Desde ahora, cada vez que peleen, perderán algo importante en su vida.

Al día siguiente, Lucas y Teresa volvieron a pelear por un libro de cuentos. Pero, de pronto…

—¡Oh, no! ¡Las páginas están en blanco! —gritó Teresa.

El libro había perdido sus historias por culpa de su pelea.

Más tarde, discutieron por quién jugaba primero con su perro Tobi, y de repente…

—¡Tobi desapareció! —Lucas empezó a llorar.

El árbol le había quitado a su mascota por no compartir.

Asustados y tristes, los hermanitos corrieron hacia el Árbol de los Deseos Verdaderos y suplicaron:

—¡Por favor, Señor árbol devuélvenos a Tobi y las historias del libro! ¡No queremos pelear más!

El árbol los miró con bondad y dijo:

—¿Han aprendido que pelear solo les quita cosas buenas?

—¡Sí! —respondieron al mismo tiempo, abrazándose—. Es mejor compartir y estar en paz.

El árbol sonrió y, en un destello de luz, Tobi volvió a aparecer, ladrando feliz, y el libro recuperó sus cuentos.

Desde ese día, Lucas y Teresa dejaron de pelear por tonterías. Aprendieron que compartir y escucharse los hacía más felices, y sus padres, al fin, pudieron disfrutar de una casa llena de risas en lugar de gritos.
FIN

Texto agregado el 15-02-2026, y leído por 7 visitantes. (0 votos)


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