TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / Humus-Juan / El genesis de la bicicleta

[C:624693]

Cuando el hombre logró ponerle pedales a su propio equilibrio, inventó la bicicleta. No hizo nada más que eso, pues ni siquiera las ruedas eran indispensables. Las ruedas existían ya, en alguna parte del mundo, aguardando a que los hombres aprendieran a mover los pies en el aire, mientras descansaban cómodamente sentados en su centro de gravedad. ¿El galápago? No. Tampoco era indispensable el galápago. Fue inventado más tarde, cuando se descubrió que era necesario proteger el centro de gravedad de la fricción continua. Luego vinieron los manubrios. El hombre habría podido existir indefinidamente sin ellos, porque la tierra era redonda y habría podido dirigirse a cualquier sitio sólo con conservar la dirección inicial. Pero cuando hubo un hombre que se rompió la crisma para inventar la bicicleta, hubo otro que se rompió la suya para inventar las esquinas. Y entonces se hicieron necesarios, indispensables, los manubrios.

Una vez que el hombre descubrió el profundo sentido locomotriz de su equilibrio, había ganado ya la primera batalla sobre el tiempo y el espacio y había descubierto un nuevo sistema para sacarle verónicas a la muerte. Pero no estuvo conforme. Y lo grave empezó precisamente cuando esa inconformidad sufrió su crisis y lo que en un principio fue una simple diversión se convirtió en válvula de escape para la vanidad. Fue entonces cuando Adán atravesó el paraíso sentado sobre una idea, moviendo los pies para hacer girar un pedal metafísico, y Eva no pudo explicarse racionalmente el principio físico que sirvió a su compañero para desplazarse en el espacio sin tocar la tierra. Varias veces se esforzó Adán por conseguir que Eva diera un salto en el aire, ya con una noción precisa de su centro de gravedad, y pasear por los yerbados senderos del paraíso terrenal, sentada a medio metro de altura.

El trágico episodio de la manzana puso fin al experimento, pero la idea sobrevivió y se fue trasmitiendo de generación en generación hasta cuando alguna mujer logró convencer a su marido de que en toda idea práctica que admitiera el clima del cerebro humano, era susceptible de ser montada sobre un tornillo. Y el marido obedeció. Y se subió en el aire y marcó en el espacio un punto en torno al cual podrían girar sus pies sin esforzarse demasiado. Allí colocó el primer tornillo.

Lo demás, desde luego, fue una consecuencia lógica, puesto que ya existía un punto de referencia para seguirle dando a la primitiva idea una calidad ponderable. Sin embargo , cuando aquella laboriosa actividad estuvo concluida, todavía la mujer no fue capaz de disfrutar las ventajas del nuevo invento, por la razón elemental de que sin haber concebido la nación, el instrumento era inútil. La armazón metálica, las ruedas y el manubrio, seguirían siendo tan inoperantes como antes de existir, mientras la mujer no comprendiera que aquello no era realmente un vehículo sino simplemente una idea proyectada e el espacio, para facilitar su comprensión. Y como el tiempo pasó y con el tiempo la paciencia del hombre por conseguir que su mujer aprendiera a aprovechar las innumerables ventajas del centro de gravedad, el diligente inventor tomó una nueva iniciativa. Si la mujer no lograba sentase sobre su propio equilibrio, sólo quedaba un recurso; sentar simultáneamente a la mujer y al equilibrio. Así nació el triciclo.

Más tarde el nuevo objeto resultó tan elemental, que se convirtió en una diversión para los niños. La mujer se sintió avergonzada e hizo nuevos intentos por aprender a desempeñarse en la bicicleta. Pero otra vez, y acaso para siempre, fueron inútiles todos los esfuerzos. Solo una esperanza le quedaba al hombre: saber si su equilibrio era indivisible, personal e intransmisible. Y cuando descubrió que no lo era, su problema estuvo resuelto momentáneamente, porque había conseguido que la mujer no se sentara sobre su propio cetro de gravedad, sino en el centro de gravedad del hombre. La bicicleta de dos puestos estaba inventada.

Y así, de descubrimiento en descubrimiento, la mentalidad humana fue evolucionando, proyectándose hacia nuevas formas de vida, hasta cuando los mortales, fatigados de pedalear por el mundo, lograron desvincular a la bicicleta del movimiento. E inventaron la silla.

Gabriel García Marquez.

Texto agregado el 14-02-2026, y leído por 11 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]