Inicio / Cuenteros Locales / musquy / La mentira bien doblada
Me dejaste una silla vacía
y el humo torcido de un adiós mal dicho.
Yo fingí dignidad —qué palabra tan grande—
mientras el reloj ensayaba
su pequeña muerte de siempre.
No fue amor, dijiste.
Fue costumbre.
Y yo, que no sé distinguir
entre la herida y el hábito,
me quedé contando semáforos,
tragando tu nombre
como si fuera pan duro.
Vuelve —no por mí—
sino por esa parte tuya
que todavía tiembla cuando llueve.
Si no vuelves,
déjame al menos
la mentira bien doblada.
Eso basta. |
Texto agregado el 13-02-2026, y leído por 0
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