Reflexión en tiempo de poema
¿Tiempo? ¡Tiempo! Tiempo
Eres latido, estertor, momento,
eres inicio, secuencia y final sin fin.
Eres la esencia, que contiene la realidad.
Eres silencio, lamento, cadencia, estruendo
y eres el fluido del holograma que transforma vacíos
inundándolos con sensación de movimiento y trascendencia.
Eres esos versos que sostienen la distancia
que media entre el calendario y el reloj.
Te presentas en secuencia de instantes,
en pretéritos que se pierden en horas que se olvidan
y en futuros dibujados con esperanza imaginada.
Sin tener estructura ni esqueleto
eres el soporte que soporta todo,
eres argumento compuesto de nada y algo,
y eres el vehículo que recorre espacios.
Por lo tanto, a mí, mi pensamiento y mis letras
también nos llevas entre puntos, comas y paréntesis,
de forma veloz o lenta hasta escribirlos en aquellos pretéritos
que se presentan camuflados, en horizontes supuestos,
vestidos de actores, personajes, autores y dioses inventados…
Eres el, el, el… eres el no sé qué,
o eres sólo eso que no sé describir.
¿Qué o quién eres?
No sé, pero te supongo, te imagino, te intuyo y presiento que eres eso que da la sensación de ser, eso que sin ver ni verbo mediante, impresiona los sentidos y genera trascendencia.
Por ende, todo lo que pienso y aquí he escrito, es algo de lo lo que me lleva a creer que sencillamente eres yo, y eres tú, él, nosotros, ustedes y ellos, vale decir; TODOS y TODO.
Lo que sí puedo asegurar es que mientras yo tenga capacidad de discernimiento seguirás siendo incógnita en mi pensamiento y por ende materia de estudio y búsqueda en los laberintos del conocimiento que me puedan revelar o al menos insinuar la verdad. Nunca te consideraré dogma.
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