Nuevamente, si la referencia de la existencia de todo lo que nos rodea, se sostiene por las experiencias sensoriales y los significantes construidos en nuestra propia mente, juzgar la conciencia en otros seres, animales, vegetales o incluso minerales solo responderá a una categorización basada en nuestra propia significación de lo que consideramos estado de conciencia. Y según esto nada que no se parezca al ser humano debería poseer tan "extraordinaria" cualidad. Mientras más alejado se encuentren otras creaciones de nuestra propia naturaleza, mayor será la suposición a no compartir nuestras cualidades, en especial nuestra cualidad de disponer de conciencia. Así lo confiesa la historia, con las absurdas suposiciones de que los indígenas americanos y africanos, por sus diferencias raciales con los conquistadores, exhibían una falta de conciencia que avalaba ser tratados como animales de trabajo. Existe algo más allá del ser humano y de la creación que está más cerca de lo que creemos. Tan evidentemente expuesto, tan familiar y constante, que no somos capaces de ver ni de evidenciar.
Te vi agitar tus hojas y comenzar un murmullo de miles de voces, un canto en cada hoja. A tus pies descargaba agua en generosa abundancia, alternando frescos y gratificantes chorros sobre tu tronco y tu follaje. Mi alma comenzó a danzar contigo, a sentir el alivio refrescante de un largo y extenuante día de calor. Canté contigo. Disfruté contigo. Compartí contigo una fiesta abierta, un llamado a apagar la sed, un llamado a beber junto a toda clase de aves que descendían para zambullirse en las pozas que se formaban. No sé si me dejé llevar. No sé si finalmente estuve siempre solo en conciencia, frente a esta fascinante experiencia. No sé si olvidé lo diferente que somos.
La necesidad de beber agua, y que notablemente hemos denominado hidratarse, es una necesidad transversal de casi todos los organismos complejos que consideramos vivos. Todos ellos disponen de estructuras orgánicas para suplirla, que se podría presumir que tienen un origen común en su conformación, mediante un proceso de multievolución perdido en los orígenes de la creación de la vida. Una ley impuesta por una conciencia primaria.
La sensación de sed, la satisfacción de saciar la sed son prueba de mecanismos psicobiológicos perfeccionados para dar cumplimiento a esta voluntad primaria, que nos permiten, más allá de disponer de las estructuras físicas —boca, sistema digestivo, riñones, entre otros— abastecernos regularmente de agua en una biología que no podría sostenerse sin este preciado elemento. No muy distintas son, en su función primaria, las raíces en el mundo vegetal, para suplir el suministro de agua necesario para sostener la vida. En esto no somos distintos a la vida vegetal y no podemos asegurar que los árboles y las plantas no dispongan de mecanismos no físicos que refuercen la misma directiva. ¿Sería absurdo suponer que los árboles tienen sed?
Existe una voluntad presente en la naturaleza, que se inclinó por crear y sostener la vida en torno al agua, quizás porque en este, nuestro ambiente, se daba en abundancia. Y quizás mejor aún, existe una voluntad presente con el deseo de crear y sostener la vida, en cualquier tipo de ambiente, en un proceso sempiterno de evolución de todas las especies. A esta huella evidente en la naturaleza, de una voluntad ajena a la nuestra ¿Cómo te gustaría llamarla?
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