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La nada que sonríe
Esto de beber un poco de agua para calmar la sed, o quizás sea como para apagar el fuego de un tiempo malverso, y quizás sea algo más tétrico que mis palabras, aunque en verdad esto de esperar a que suceda algo más en mi vida es una blasfemia, pues nada es más hermoso que estar vivo en estos tiempos, pienso, quizás no sea un Gibran ni un Moisés, pero al menos estoy respirando y ya quisieran ellos y más grandes que ellos respirar en este cuerpo que tengo, que es como una excusa, una ilusión o el sueño de algo que jamás entenderé, que respira cada instante de mi vida, pensaba, pues es cierto eso de la respiración, eso sí, eso sentí esta tarde mientras manejaba mi auto haciendo entregas por las zonas más populosas de la ciudad, llenas de almas brillantes bajo el nudo tremendo de un clima terrible, con un sol que no dejaba de cortarnos la piel de cerdos con sus brasas sin piedad, así es, para luego dejar de observar a ese hombre lleno de tatuajes en su cuerpo casi desnudo, con sus pantuflas de jebe y esos shorts color sangre que le hacían parecer a uno de esos duendes grandes, lo poco que faltaba era que le crecieran los zapatos y cogiera un violín y empezara a esparcir su locura por el mundo, pero lo que llevaba era una radio pegada a la espalda como si fuera uno de esos duendes con joroba de metal, eso vi, y lo más extraño fue que al mirarme a los ojos se detuvo, dejó de escuchar la radio, se acercó hasta mi auto y me tiró por la cara un pedazo de fruta, eso sí que dolió, y luego de decir muchas veces imbécil siguió gritándome y entendí el porqué de sus gemidos, es que había pisado el cordel de su puesto de trabajo informal y lo había roto de casualidad, eso vi, lo miré un rato más y como el tráfico aún seguía atracado el hombre que fue un instante un duende se me acercó y me pidió disculpas, fui muy grosero dijo, y yo le sonreí y le pregunté si tenía un poco de agua y otro plátano, se rio de oreja a oreja y no detuvo su risa, y yo reí con él, era lo suficientemente tonto para hacer preguntas brillantemente negras, pero uno que tiene de bruto por naturaleza se le escapa un pedo a veces, y esta vez fue uno de los grandes, pensé, cuando el nudo de autos y motos y camiones y demás personas empezaron a moverse como una boa de metal de esas que solo sirven para asustar con sus claxons y sus motores que parecían tener un enorme piano de sonidos metálicos, allí el martillo de los nibelungos, allí el grito de una valquiria, y más allá las motos con sus celulares en sus cerebros, poco faltaba en verdad, y luego todo siguió desenredándose con la belleza de un peinador de baño turco, pensé, cuando en medio de estas observaciones me pareció ver a un hombrecillo pequeño, blanco como la leche, vestido de terno, lentes y ojos que parecían estar mirando en dos direcciones diferentes, y sentí que era quizás el doble de Sartre, pues sí eso pensé, hubo un claro en el lugar y bajé del auto, lo cerré con llave y fui directo a ese hombrecillo francés, era más feo que las fotos y más pequeño también, y ese peinado de surco y esas manos abiertas me hicieron sentir que estaba perdido, pensé, no sé hablar francés pero es posible que él sepa entender español, y me le acerqué y le dije Sartre qué hace usted por aquí, el hombrecillo se detuvo, tenía un cigarro en las manos y cogía su cajetilla y una caja de fósforos en su bolsillo, eso vi, me miró a los ojos y alzó los ojos al cielo en medio de tanto ruido y no dijo nada, eso vi, le dije que solo he leído La náusea, El muro y nada más, que es un buen escritor pero no lo he leído más, y por cierto que usted tiene tanta fama más muerto que vivo a nivel mundial, y que tengo El ser y la nada y el Tratado de la imaginación, dije, apenas terminé me miró a los ojos y esta vez se detuvo, alzó los hombros como preguntándose qué diablos quería un burro como yo hablando con él, dijo, le sentí perdido, le sentí olvidado, le sentí totalmente lleno de dudas en su mente pues hasta dudaba si respiraba o no, eso sentí, cuando desde dentro de mí le pedí si podía abrazarlo, se sorprendió o asustó alguno de los dos pues puso un gesto de molestia e iba a hablar cuando le di una palmadita en los hombros y le sonreí de oreja a oreja diciéndole que le entendía muy bien, dije, él detuvo su atención en mi sonrisa como si viera a un marciano, bajó los ojos al piso, tiró el cigarro que fumaba y como un perdido más siguió caminando por las calles más asoleadas de la ciudad llena de ambulantes, eso vi, suspiré y fui en busca de mi auto, cuando dentro de mí escuché una voz acerca de qué se trataba la imaginación, la imaginación es el conjunto de vivencias que uno tiene desde que existe en este mundo, pueden ser inconscientes o conscientes pero allí están, archivadas en la memoria de toda una vida, esperando ser identificadas en algún proceso del ser humano que necesite expresarse o salir de un grave problema sin saber qué hacer, o en el ser que crea arte, o en un gobernante que ambicione el poder, eso pensé, y usa selectivamente estas imágenes y las identifica y las usa para satisfacer su necesidad, como le pasó a Einstein, a Borges, a Dylan y más, vieron algo que les llamó la atención y unieron pensamientos y del conjunto de ello brotó una bella imagen en conjunto, como un dramaturgo o un demiurgo como tantos que utilizan de ello para ser los directores de sus miedos, de salir besando los pies del temor, eso vi, en mi caso no es así, el miedo es algo natural, recuerdo las palabras de aquel joven esta mañana mirando el auto de su empresa donde labora, le pregunté si sabía manejar y me dijo que no, que sentía miedo, y su rostro enrojeció, pues sí era muy joven como todos nosotros creíamos que el miedo es algo que nos avergüenza, cuando en realidad es el telón hacia un escalón invisible al cual hay que cruzar para ver que la verdad es más grande que el temor, como la luz que disipa las tinieblas, eso pensé, cuando le vi alejarse y sentí abrazarlo y pasarle un poco de amor a sus solitarios miedos, eso sentí, pero eso es el miedo, el producto de no conocer la claridad que nos hace ver la divinidad que hay en nosotros para poder existir y ver este mundo asoleado, lleno de tráfico, pero inmortal, como los ojos perdidos de Sartre que ante el amor, la divinidad de una sonrisa natural, baja el telón de la duda para sumergirse en la memoria de un artista de la nada, eso sentí, y ya entrando al centro comercial pude ver cómo la venta de mis productos aumentaba, pero no es bueno alinearse en la alegría pues luego uno cae pues el piso es de vapor, y ya en el llano le llega la soledad de un cielo cambiante como los innumerables ojos de todas las bellas imágenes de la memoria colectiva de Jung, o quizá la memoria de un bípedo sin plumas como tantos de nosotros.

Texto agregado el 25-01-2026, y leído por 8 visitantes. (0 votos)


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