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Aquí mirando las imágenes del pasado, veía por allí a mi hermano con sus cabellos enrollados como canuto por ser la moda de esos años, más allá, aquella novia con su novio francés de visita a mi madre recién recuperada de una operación al corazón, eso sí que dolió, pero es así, así son las cosas, pues sí, muchas fotos, una donde se me ve con cabello largo hasta la espalda, de la mano de una chica rubia como la plata y esas sonrisas que ocultaban sus dientes picados, pues sí, tenía los dientes carcomidos como esas pirañas, para luego, eso sí que vi, colocarse unos nuevos dientes y así ya poder sonreír con total libertad, como si eso fuera el portal de la alegría, de la validación, pues no era así, solo era una gringuita con dientes postizos de muy buenas caderas, labios rojos, y ese lunar al costado de sus labios que tanto me gustaba morder, dejándole las huellas digitales de mi precaria y desordenada dentadura de un joven de no más de veinticuatro años que acababa de ser expulsado de la universidad, y no por ser burro, sino porque decidió caminar en contra de la corriente, pensaba, para qué voy a caminar este paraíso de ropas y miradas complacientes si eso no es lo que me va a llenar, pues sí, eso veía en mi padre que por tener una vida exitosa le daba libertad de embarazar a medio Lima y una de sus víctimas o una de sus pasiones fue la más hermosa de todas, mi madre, pues sí, era y fue muy bella, como esos retratos de mujeres de sonrisa enigmática, con mirada que ve más allá de sus ojos, pues eso sí que veía, miraba a los hombres y amigas con ese microscopio humano que pocos tienen, y mi madre sí que nació para ver más allá de sus ojos, quizás fue ella la que vio en mí que iba a ser un tonto, pues desde niño me caracterizaba por regalar hasta mis ropas, quedando sin ellas, pues veía a una persona sin zapatos y se los daba, aunque no los usase, así era, para al final quedar con el culo rojo por las palmadas de mi madre que me decía si era yo un Papá Noel enano, pues no, solo hacía lo que siempre sentí, eso pensaba, que las cosas no son más que de quien las necesita y no necesariamente de quien las tiene, ese pensamiento me trajo muchos problemas a lo largo de mi hermosa vida de vanidades y humildades baratas, creía, hasta que uno va abandonando los juguetes de la vida y lo que tiene en sus manos para compartir es solo su corazón, y válgame dios cómo fui rechazado tantas veces, hasta tener el corazón como las llantas de un auto de más de quinientos mil kilómetros, o sea, si latía era por milagro del creador, o quién sabe, algo o alguien me cuidaba y eso no eran mis padres, eso sí que es verdad, lo cierto fue que dejé todo y me fui en busca de no sé qué cosas, pero que al final lo que deseaba era ser feliz a costa de mi propia libertad, y vaya si lo busqué, y vaya si me encontró, y ese que me encontró era uno de los tantos seres humanos que tuvo la suerte de dejar abrir el canal del aroma de la pureza de uno, y justo fue mi regalo y lo que me hizo seguir a ese enorme gringo a seguir a su maestro que fue un hombre tan bajito y feo como yo, era un hindú, muy sabio, pero desde el primer momento lo que vi fue a alguien que jamás podría conocer, pues estaba a una altura que no podría llegar, y literalmente era así, paraba con guardaespaldas y un séquito de personas que le rodeaban, parecían ser personas ricas, gringos con plata, quizás aburridos de su vida adinerada y vaya a saber el estilo de vida que se embarraban, pues eso sí que le vi al maestro, cómo con los años fue cambiando de ser un joven hindú a un joven americano con sus cabellos largos como un súper star y luego muy joven se casó con una gringuita de mirada dulce y dientes medio salidos pero de ojos tiernos y cómo se vestía, como una madre santa, dios mío, qué ciego es uno cuando se es joven, y no ve lo innegable, eran dos personas que estaban envueltos en la onda mística para luego crear una familia santa con hijos e hijas, y hermanos santos o algo parecido que con el tiempo no fue más que un grupo snob de gente muy bien elegante y de ese nivel de vida que jamás podría tener yo, aunque eso no lo veía, ya con los años sí pude sentirlo y más aún, entenderlo, pues era cierto el conocimiento que recibí, fue hermoso lo que conocí, era algo que ya estaba en mí desde que nací, cómo no va a ser si se trataba de la respiración, el aliento y algunas técnicas que solo servían para concentrarse en lo que teníamos cuando cerrábamos las puertas de los sentidos exteriores, eso sí lo entendí, pero, con los años, para al final sentir que el solo hecho de estar vivo, ya era suficiente para saber que jamás estamos solos, y que ese aroma que sentí estaba siempre en todas partes, y podía sentirlo si soltaba las cuerdas del miedo, de las pasiones, de aquello que nos ata a la ilusión del mundo, eso sentí, sí, eso sentí, y ya con el tiempo el mundo empezó a soltarse sin mucho esfuerzo, no creo que haya sido mi dedicación de muchos años, más bien siento que fue el consuelo que tuvo aquel que está en mí y que por alguna razón me dio el entendimiento del significado de plenitud, de paz, de sabiduría, y todo esto comenzó un día, el día en que encontré el propósito de mi vida, que era el de escribir acerca de este misterio más simple que es el vivir en plenitud, dejando abrir las puertas de aquel lugar donde se respira el silencio, la soledad es el crisol donde se une la belleza y la apertura a la claridad de la vida, y fue aquella mañana en donde sentado frente a un monitor, empecé a escribir, y escribí de lo que vi aquel día, aquel primero de enero del año 2001, y fue algo tan especial como si algo de mí se hubiera encontrado con aquel ser que escribía su vida y la emoción fue tan intensa que el pobre cuerpo se agitaba más y más hasta que las lágrimas caían como la lluvia del corazón, y escribí ese día y no dejé de hacerlo hasta nuestros días, eso sentí, y con el tiempo y con la partida de las cargas de este mundo, algo se abrió en mi existencia, pues, ya no era una inocua vivencia mística, eso sí que no, se volvió en una necesidad, como si aquella oscuridad fuera el agua que llenaba mi alma todos los días, haciéndome sentir que todo era terriblemente maravilloso, como esto de ver muertos echados, cubiertos con una manta, ensangrentada, despertara en mí la apreciación de belleza, eso sí que sentí, y ver cómo las personas que circulaban se detenían a ver al muerto, pues sí, más interesante era ver a un muerto pobre, que a un vivo pobre, eso vi, sonreí y seguí mi andar aquel día, y los demás días eran como páginas llenas de imágenes y voces armoniosas a pesar de que te insulten como ese muchacho al cual casi atropello y me escupió la cara por no sé qué, pero eso hizo, y no pude más que molestarme al instante, ver cómo el gallito del ego se encrespa y el corazón late a mayor intensidad, como un caballo a punto de partir en una corrida, y aun así, detengo el impulso, mi voz con fuego, y sonrío, pues eso hago, y sigo manejando entregando toneladas de mercadería de panificación, que quién sabe hasta cuándo soportará el pobre de mi cuerpo, y mi mente cargar, eso pensaba, miraba las calles y miraba a las personas, encerradas en una jaula como un león, y en la puerta el signo de dólares, era un tipo peligroso, por cierto que quizás lo que sienten es temor a que maten al león que llevan dentro, eso sí, luego sonriendo seguí mi manejo hasta llegar a la empresa y ver los rostros callados de mis empleados pues es fin de semana y la paga es ese día y por lo que se siente no hay buena venta en estos días de un calor hermoso que hace que la gente vaya por un helado que por una bolsa de galletas, eso sí que entiendo, y cómo es que llegué a este sentir, pues fue producto de los años que tengo de la práctica del conocimiento en donde uno ve cosas en uno, algo más que oscuridad y sabe que hay algo más que conocer, por cierto que sí, como esa vez en que vi una planta, una planta verde en medio de un claro en medio de la oscuridad, llena de ramas verdes, moviéndose como si hubiera un viento que la balanceara, y se le veía especial y muy natural, eso sí, y en los días siguientes pude sentir que esa planta había brotado de mi ser hasta salir al mundo y abrazarme y enrollarme como un chorizo, y sí que me reí de esto, pues solo era una visión muy real, eso sí sentí, y solo me quedaba contarla por medio de la escritura y quizás pueda otro ser humano encontrar su propia planta y dejarse abrazar por sus enormes ramas en medio de un claro cuando cierras las puertas del mundo y sabes que dentro de uno, hay algo más que ese mar de fertilidad. |
Texto agregado el 24-01-2026, y leído por 15 visitantes. (0 votos)
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