No sé si son las nueve. No sé si de noche o de día. No sé. Quizás no sé ver. Quizás solo sé escribir. Pero a quién escribir. Quizás escribo para mí. Pero no sé si son las nueve.
Quizás escribo porque sí.
Mi cuarto no tiene luz. Solo una vela me acompaña. Hace mucho que no salgo. Qué habrá tras la puerta de mi cuarto. Habrá más cuartos. Quizás no haya nadie.
Y si salgo y veo si son las nueve de la noche, o de día. Y veré si es de noche una oscuridad que es como cuando se apaga la vela y veo todo como debe de ser. Con esas nubes que se acercan a mí. Y me dicen cosas lindas. Cosas como que todo es lindo. Que la pureza está en todas partes.
Y hay veces en que un aroma me cubre todo y siento que hay algo más que este cuerpo. Como que estoy en todos lados. Como si fuera un mar dentro de un mar.
Pero no creo que de noche pueda ver cosas así. Quizás sea como un alambre que encienda la oscuridad con sus luces como la vela de mi cuarto. Y quizás haya gente. Así como la gente que aparece en mis sueños. Como mi amigo que me encerró en este cuarto. Y no sé si hasta cuándo. Quizás nunca vaya a salir.
Mas siempre me llega comida. Y como despacio. Vaya a ser que no me llegue.
Quizás estar en silencio todo me parece mejor. Debe haber gente. Quizás así sea afuera. Con gente que te envía la comida sin pedirla. Aunque yo no pedí estar en este cuarto. Y estar frente a una vela. Sin ventanas. Solo una vela diaria. Y ese silencio que he llegado a conocerlo. Es como el agua que tomo. Sí. Así es. La tomas y te calma la sed. Y algo más. Te sientes más tranquilo. Como si tú fueras agua.
Y así será.
Y de día. Cómo será. No recuerdo. Solo sé que me trajeron aquí. Y diariamente escribo. Y debo enviar mis hojas en blanco tras la puerta. Nada más.
Recuerdo que afuera había mucha luz. Podía ver cosas como las paredes. Un parque verde. Un árbol enorme. Y ese hombre que me cogió del cuello y me dejó en este cuarto. Pero no sé por qué nunca dejaba de hablar. Y hablaba de lo que veía. Y el parque y los árboles parecían escucharme. Eran buenos.
Y así. Eso recuerdo.
Y había gente muy grande que les hablaba y ellos me miraban. Y me daban una manera de hablar dura. Risas. Y eso no me gustaba. No me gusta el día.
Pero no sé si es de día, de noche. Si son las nueve o las diez, o las doce. No sé mucho de los días y las noches. Solo sé escribir y como no puedo hablar, solo puedo escribir sin parar. Es como escucharse. Y es lindo. Es sentirme más y más. Hasta parece que el silencio se pone a mi lado. Para ver lo que escribo.
Pero mejor dejo la hoja tras la puerta. Ya es hora. Y la vela se apaga. Y la oscuridad empieza a encenderse y puedo salir y en verdad sentirme más que cuando abro los ojos. Que todo es paredes con la vela encendida.
Sí. Así debe de ser.
Y no sé si son las nueve.
Texto agregado el 17-01-2026, y leído por 35
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Lectores Opinan
18-01-2026
Me da la impresión que está muerto en un lugar donde solo se ve oscuridad.
En realidad me gusta el cuento ;pero me es difícil entender aunque menciona que un hombre lo colgó del cuello.
Saludos
Victoria 6236013
17-01-2026
Disculpa, más que un cuento me parece una reflexión. Es mí humilde opinión yosoyasi
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