UN TOQUE DE PASION
Después de sufrir un accidente cardiovascular, Servio Abreu fue internado en un hospital donde la esperanza y la desesperanza se entrelazaban.
Aunque su vida había sido marcada por la pérdida y la soledad, en medio de su oscuridad encontró una luz que iluminó su existencia.
Esa luz la proporcionó una joven enfermera llamada Leonor.
Ella había trabajado en el hospital durante años, pero ningún paciente le había tocado el corazón como él lo hizo.
Leonor cuidó al enfermo con dedicación, y pronto se dio cuenta que detrás de la fragilidad de su cuerpo enfermo había un espíritu fuerte y una mente aguda
Con el paso de los días comenzó a notar pequeños detalles de parte del paciente en la forma en que sonreía débilmente cuando lo tocaba y en la manera en que sus ojos se iluminaban cuando le leía algún poema.
Él se sentía rejuvenecido con su presencia; a ella le inspiraba su sabiduría y experiencia.
En sus conversaciones, Leonor le preguntaba sobre su vida, sus recuerdos y sus sueños. Algunas veces le cantaba y en otras ocasiones lo acompañaba en silencio.
Él, a pesar de la condición que atravesaba, comenzó a responder, a sonreír y a participar más activamente en las conversaciones.
A medida que la relación crecía, la enfermera se percató de que su buen trato y sus cuidados habían propiciado un cariño profundo entre ambos. El señor Abreu comenzó a recuperarse lentamente, y Leonor descubrió una conexión que iba más allá de la debe existir entre la enfermera y su paciente.
Un día, Servio le tomó su mano y le dijo:
—Gracias por acompañarme, por escucharme, por cuidarme. Encontrarte aquí me ha devuelto la vida.
Leonor, conmovida, respondió:
—Y yo te agradezco a ti porque me has enseñado a ver la belleza en la debilidad, y porque he aprendido a valorar cada momento que compartimos juntos.
La empatía entre ellos se había convertido en un amor que trascendía las barreras de la profesión y de la condición médica.
Con el paso del tiempo, el paciente se recuperó lo suficiente como para ser referido a rehabilitación.
Los gestos de compasión de Leonor a Servio despertaron un amor que ninguno buscaba, pero ambos necesitaban.
Este sentimiento de la pareja nos enseña que el amor puede surgir en cualquier momento y lugar. Nos muestra que la edad no es un obstáculo para el amor, y que la conexión entre dos personas puede ser más fuerte que cualquier diferencia que exista entre ellos.
Su historia de amor es un recordatorio de que la vida es breve y que nunca es tarde para amar y ser amado.
Y aun cuando la vida los condujo por caminos diferentes, ambos piensan que el tiempo en que disfrutaron la relación dejó un recuerdo imperecedero de la conexión que puede surgir entre dos personas cuando nace el amor y el destino los bendice con un toque de pasión.
Alberto Vásquez.
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