El funeral del doctor Olave.
El día que Geraldine llegó a Montevideo proveniente de Francia, se sintió decepcionada.
Montevideo era una ciudad gris, sus edificios y casas se destacaban por la falta total de color.
Le habían hablado de Maldonado donde sus casas y edificios modernos eran hermosos, pero eso no se veía en Montevideo.
Pero, Geraldine no venía a este país a contemplar sus ciudades, su misión era otra, desagradable, sí, pero sin otro remedio debía estar en el funeral de su padre, el doctor Olave. Sus padres se habían divorciado treinta años antes cuando ella contaba apenas con dos años y jamás volvió a verlo por tal razón ni lo conocía. El doctor se había vuelto a casar con una mujer que podía ser su hija por la edad, hacía dos años y a pesar de no querer involucrase con esa mujer, debía reclamar lo que por derecho era suyo a pesar de que nunca quiso a su padre, él se desligó por completo de la familia sin siquiera pasarle una pensión por lo tanto era más odio que amor lo que sentía por aquel hombre, su madre la crio sola y sin ayuda de nadie, pero al enterarse por una carta de los abogados del padre de su hija, que había muerto, le instaban a que ella, su hija estuviera para la lectura del testamento y si fuera posible para el funeral.
Ese era el motivo por el cual Geraldine visitaba Uruguay, ya ni siquiera rencor sentía por aquel hombre cuyo rostro vio después de muerto en el ataúd abierto y que al verlo lo que sintió fue pena, estaba observando por primera vez a un hombre que, a pesar de no ser tan viejo, tenía el rostro de un anciano. Se podía ver el sufrimiento anterior a su muerte y esto llamó su atención.
Geraldine había estado hablando con los abogados presentándose como la abogada Olave y mostrando sus credenciales, pero no había visto aún a la viuda.
Fue en el velatorio que la vio, le desagradó aquella mujer que a pesar de su edad se había casado con un hombre que le doblaba la edad y que verdaderamente no era tan atractivo como para enamorar a nadie, entonces pensó en el poder del dinero y eso la volvió a molestar.
La viuda era una mujer muy elegante, con una sonrisa que no podía disimular ni siquiera cuando alguien le daba los pésames.
Alicia era el nombre de la viuda que elegantemente vestida y con joyas inadecuadas para un funeral se presentó ante Geraldine diciéndole que ni siquiera sabía que su querido esposo tenía una hija.
Geraldine quiso saber de qué había muerto su padre a lo que muy rápidamente los presentes le dijeron que había sufrido un ataque cardíaco y que los médicos a pesar de la pronta intervención no habían podido salvarlo.
Del velatorio al funeral todo pasó muy rápido, tanto que extrañó a Geraldine, pero no hizo comentarios al respecto salvo a los abogados que la acompañaban.
Ellos le dijeron que todo había sido así de rápido desde la muerte de su padre, pero que el mismo doctor había firmado el deceso afirmando que había sido un ataque fulminante.
En aquel funeral, todo era extraño, desde la viuda rodeada de hombres jóvenes como ella elegantes y según lo visto por Geraldine en un descuido de uno de ellos, armados, hasta la gente que había asistido, no eran personas mayores como se hubiera esperado en el funeral de un médico de sesenta y cinco años y muy conocido.
Eso llamó la atención de Geraldine y tomó nota como solía hacerlo para no pasar nada por alto.
Luego del funeral la joven fue al hotel, la casa de su padre estaba llena de gente todos conocidos de la viuda y sabía que allí no iba a ser bienvenida.
Alicia no la reconocía como la hija de su difunto esposo ya que decía que él nunca la mencionó y ella no quería tener una confrontación antes de saber el contenido del testamento.
Varios días después, los abogados la llamaron para la lectura de dicho testamento.
Geraldine elegantemente vestida de negro se destacaba sobre la viuda con sus joyas luminosas y resplandecientes que a pesar de su valor a ella la hacían ver como una cazafortunas.
La lectura fue rápida e inesperada para Alicia quien a gritos decía que su esposo no estaba en sus cabales ya que sufría demencia senil y difícilmente hubiera redactado aquel testamento sin pies ni cabeza, tanto así que uno de los abogados tuvo que sacarla de la sala debido a un supuesto ataque de nervios.
Y allí comenzó todo, Alicia con un par de abogados trataron de anular el testamento, pero con verdaderos argumentos por parte de los abogados del doctor Olave, no tuvo más remedio que aceptarlo, no sin antes decir que era injusto lo que aquella mujer había conseguido gracias a artimañas y comprando a los abogados y otros disparates, pero Geraldine, sabiéndose con la verdad, ni se inmutaba. Su padre nunca se ocupó de ella y era justo que a su muerte, heredara, era lo justo.
Lectura del testamento.
Yo, el doctor Jacinto Olave en pleno uso de mis facultades mentales y con ayuda de mis abogados…. Dejo a mi actual esposa la suma de dinero … y la casa donde vivimos, una suma de… a beneficencias que mis abogados dirán cuales son en otro documento firmado por mí, un legado de una suma de.. a mi ama de llaves por sus servicios y el resto de mis bienes, propiedades y negocios, a mi hija Geraldine Olave, la cual a pesar de que por circunstancias de la vida no he vuelto a ver por muchos años, siempre la he querido.
Sin más hago firmar a mi doctor… a mis abogados y a un par de amigos confiables para que este testamento no sea impugnado por nadie.
Firma de Jacinto Olave y testigos.
Geraldine fue la primera en extrañarse, pero todo estaba en regla y sí o sí debía aceptarlo.
La joven abogada viajó nuevamente a Francia para comunicarle a su madre todo lo sucedido y traerla consigo a vivir a Uruguay. Pero, el fin no había llegado aún, luego del extraño comportamiento de Alicia, la muerte del doctor Olave no estaba tan clara como debía y gracias a la intervención no del médico que firmó su deceso sino de su médico de cabecera que por aquel entonces no se había enterado de la muerte de su paciente por estar internado siendo operado de urgencia y que al hacerlo se presentó súbitamente a las autoridades correspondientes diciendo que su paciente de años, el doctor Olave jamás sufrió ni del corazón ni de demencia senil, todo lo contrario, siempre había sido un hombre completamente sano, de ahí en más tras exigir una exhumación del cadáver y de su autopsia se llegó a la conclusión de que su muerte se había debido a envenenamiento por una sustancia que le fue suministrada en la comida o en la bebida.
Alicia luego de las abrumadoras pruebas y luego de haber proclamado su inocencia, se rindió al fin y confesó que había matado a su esposo que ya no soportaba verlo y que estaba segura de que en cualquier momento la iba a dejar debido a que sospechaba de sus amigos y sobre todo del joven médico firmante de la muerte por ataque al miocardio. El médico también terminó confesando y ahora largos años de cárcel les espera a ambos.
Geraldine recuperó la casa de su padre y al fin decidió quedarse a vivir en esta ciudad que ahora ya no veía tan oscura ni gris. Aunque, a decir verdad, algún otro motivo tuvo en su decisión, un cierto abogado…
Omenia
12/1/2026
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