Sin duda la considerada obra maestra de Donoso se encuentra con todo merecimiento entre los libros más repugnantes que he leído: por los despropósitos a pasto y la nula empatía que despiertan los personajes monstruosos de la trama.
EL OBSCENO PÁJARO DE LA NOCHE
de José Donoso
Se sabe de la historia de los Azcoitía de un siglo atrás: el padre con siete hijos y su única hija Inés, bajo el cuidado de una nana que resultó una bruja causante de los males y nacimientos con deformaciones en la región.
Se supo todo y se fueron contra la bruja, cuyo cuerpo terminó arrojado al mar atado a un tronco; la hija fue recluida en un convento donde se cuenta que murió a los 20 años, luego de efectuar milagros como la vez en que detuvo los estragos de un terremoto en el convento, hincada en el patio y con los brazos extendidos y transformados en algo sarmentoso como las extremidades de la bruja.
El lugar en que murió Inés se convirtió en un sitio que lo mismo alojó monjas que cuatro decenas de viejas como Brígida, un genio de las finanzas de bajo perfil que se las arregló para hacerse pasar por sirvienta de Misiá Raquel, quien llevaba a cabo todos sus movimientos financieros e inversiones. Incluso se encargó de la voluntad final de Brígida: un sepelio ostentoso, diferente del efectuado dos meses atrás con la pobre Mercedes Barroso.
Murió Brígida y la madre superiora Benita se encargó de limpiar su celda, asediada por las demás viejas en busca de los despojos, y custodiada por el sirviente del sitio: »El Mudito».
El Mudito era el escritor Humberto Peñaloza, quien fue instigado por su padre para que sobresaliera, y se la pasaba en un sitio de Antropología donde fue relegado porque no bebía como los demás. Admiraba al cacique de la región Jerónimo de Azcoitía, quien en cierto instante se fijó en él y lo contrató como su secretario al saber que escribía, publicándole incluso su libro en una edición de cien ejemplares. Luego ese Jerónimo que había regresado de Europa a los 31 años fue incitado por su tío el antiguo cura Clemente para que entrara en la política, así que lo hizo, pero sus secuaces robaron las urnas y alebrestaron a la gente, que sitió el lugar donde estaba Jerónimo, quien se las arregló para salir con serenidad entre la turba hasta alcanzar un sitio seguro seguido de su secretario Humberto. Pero la gente se violentó y al final Humberto fingió ser Jerónimo y apareció en lo alto de un sitio al que entraron. Recibió un balazo en el brazo, y Jerónimo aprovecho para hacer como que él era el herido, untándose sangre de Humberto.
Ese Jerónimo se enamoró de la bella Inés, quien vivía con su criada Peta Ponce: un tipo de bruja que se las había arreglado para curarle de una enfermedad que literalmente absorbió chupándola.
Jerónimo fue presentado ante Peta, que le entregó unos pañuelos finos. Él la vio como alguien peligroso, así que discutió con Inés, quien lo arañó y así se presentó en una boda que no se consumaría, pues Inés rehusaba abrirle las piernas hasta que aceptara que Peta viviera con ellos.
Luego ocurrió que la mujer no se podía embarazar y la bruja se las arregló para hacer que Humberto copulara con Inés y Jerónimo con la propia Peta, transmutándose las personalidades con brujería, y pasando las cualidades de uno al otro, de modo que Humberto terminaría con la impotencia sexual de Jerónimo. El producto de la cópula fue un bebé monstruoso como gárgola luego nombrado Boy, y el exilio de Inés a Europa, donde entre otras cosas se practicó operaciones donde se supone que le injertaron órganos de la propia Peta.
Jerónimo se las arregló para traer a Crisóstomo Azula, un médico con un solo ojo que operó al niño, pero lo dejó como monstruo por indicaciones de Jerónimo, quien hizo que trajeran monstruos al sitio que terminó controlado por Humberto, de modo que el hijo creciera pensando que eso era lo normal. Ahí llegó la enana Emperatriz, pariente de Jerónimo.
Humberto acabaría perturbado por estar ahí, y en una de esas sufrió un accidente y fue intervenido por el médico, que le inyectó sangre de los monstruos y le extrajo la suya; luego se sabría que fue Jerónimo el que ordenó todo para castigar al hombre que había tocado a su mujer; además no le perdonaba que lo acompañara a prostíbulos donde necesitaba de la mirada de Humberto para tener erecciones, como había ocurrido cuando poseyó a Inés en un sitio al aire libre, excitado por saberse observado. Igual Humberto terminaría sodomizando a Jerónimo en los prostíbulos.
Así fue como Humberto acabó convertido en »El Mudito» y luego recalaría en »La Casa de la Encarnación de la Chimba» el reducto de las viejas, dejando al hijo monstruoso Boy con su séquito de freaks en »La Rinconada».
A la muerte de Brígida se supo que había recibido a varias huérfanas, una de las cuales era Iris Mateluna de quince años, quien sintió deseo sexual por un tal Romulano que promocionaba ciertos productos con un disfraz de cartón piedra de Gigante.
Romulano terminó copulando con Iris y no dudó en rentar el disfraz a Humberto, que supuestamente embarazó a la mujer, a quien luego prostituyó, haciendo que la tomaran hasta altos funcionarios venidos de varios sitios, y el propio Jerónimo para hacer como que era el padre del hijo de Iris.
Las viejas descubrieron el embarazo y creyeron que eso ocurría en una virgen, de modo que era un milagro. Esconderían su embarazo y cuando pariera protegerían al hijo para que las condujera al cielo.
Luego ocurrió que iban a derribar La Casa de la Encarnación por órdenes del arzobispo, de modo que hasta vieron al cura Azócar tratando de apoderarse de objetos de valor, para luego dirigir la demolición del sitio. Así que los intrusos quitaron las imágenes religiosas y Humberto se las arregló para que las viejas las reconstruyeran con trozos de otras que tenía delante del cuartucho donde vivía.
Mientras tanto mantenían a Iris contenta, y para acostumbrarla a la futura maternidad hicieron que la vieja Damiana apareciera como bebé, con pañales y todo, y hasta se prendió de la teta de Iris. Luego esa Damiana alertaría a Iris de lo que planeaban las otras, y acabó vigilada por el Mudito, que pretendió ser aceptado como una vieja más por las otras, así que hasta sacrificó su sexo.
Ocurrió luego el regreso de Inés del extranjero. Llegó a la Chimba y se instaló ahí convirtiéndose en una más de las viejas, haciendo que Jerónimo le enviara sus cosas. Igual se dio un juego de mesa con unos perros de plástico que se movían en las casillas designadas por un dado. Inés apostó contra las viejas y las fue despojando de todo, como hizo con Iris, quien al final hasta apostó a su hijo, que ahora se había transformado en el Mudito, siendo que ella nunca estuvo embarazada.
El Mudito fue envuelto como tamal y llevado al lecho de Inés. Ahí se las arregló para pretender copular con ella, pero la rechazó al ver que se había transformado en Peta Ponce. Luego Inés fue sacada del lugar y las viejas se encargaron de expulsar a Iris, apoderándose del Mudito y haciendo que la muchacha se fuera a la calle como prostituta.
Jerónimo volvió a la Rinconada donde su hijo adolescente y monstruoso regía a todos, incluida a la enana Emperatriz casada con el doctor Azula. Jerónimo se fue acercando a su hijo y todos lo trataron como si fuera el auténtico monstruo. Terminó ahogado en un sitio durante una celebración, y el hijo Boy quedó como señor del lugar y líder de los monstruos que incluso habían suscitado el morbo de la gente que acudió a una cafetería donde estaban Emperatriz y Azula, a quienes ni les cobraron porque su presencia propiciaba la llegada de muchas personas.
Al final sí se demolería la Casa y llegó el padre Azócar con otros gatos a organizar la partida de las viejas, que se retrasó un tanto con el envío de quinientos paquetes de zarullo por parte de Raquel, pero que al final se concretó con la salida de las viejas, una de las cuales cargaría con el bulto en que se había convertido el Mudito, ahora transformado en »Imbunche», recluido en un tipo de capullo de capas y capas de costales.
Lo último es el intento inútil del Mudito por salir. Es cargado por la vieja que echó el bulto en un saco con otras cosas, mismas que fue quemando bajo un puente para calentarse, arrojando incluso el bulto del Mudito, que terminó exterminado por el fuego.
Notas
Hubo una escena donde el Mudito entró en la casa de Jerónimo para robar ejemplares del libro que escribió y debió comprobar su autoría ante el monstruo Boy.
Inés Santillana había regresado luego de su intento infructuoso de que canonizaran a la antepasada Inés Azcoitía. Luego se insinuó que Peta Ponce en verdad era la descendiente del hijo oculto de Inés Azcoitía, recluida en el convento por su padre.
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