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¡Bip, bip ! -sonó la alarma de su pulsera electrónica. En esta ocasión indicaba que había sobrepasado los 80 decibelios permitidos, de acuerdo a la Ley de Convivencia Social. No acatarla conllevaba a una drástica reducción de beneficios.

Rodolfo bajó la voz e hizo señas a Carmen, su vecina del edificio colindante, cuya ventana se ubicaba casi directamente en frente.

- Es tarde, apúrate -indicó con el índice apuntando a su muñeca izquierda y luego girando su mano, como recogiendo un carrete de pesca, mientras gesticulaba exageradamente la frase sin emitir sonido.

Carmen asintió y cerró su ventana.

Se encontraron en la entrada del Edificio de Gobernación, donde trabajaba Rodolfo; estaba ayudando a Carmen a tramitar un permiso que le permitiera seguir el curso natural de su envejecimiento.

Ella había cumplido treinta y ocho y pretendía envejecer hasta los sesenta y cinco antes de someterse a la Inoculación Ciudadana. La gran mayoría de la población era mantenida en los cuarenta años debido a que era la edad más productiva, no obstante, una minoría privilegiada podía envejecer más y gozar de beneficios, gracias a que sus profesiones entraban en el ámbito científico o político/militar y a que se necesitaba mentes más desarrolladas para superar los límites teóricos del desarrollo tecnológico, todo con el fin de hacer posible la meta del Gobierno de la Federación: consolidar la conquista de Marte.

Se acercaron a un recibidor donde Rodolfo solicitó ser atendido en la Oficina de Soluciones Estratégicas. Se les asignó al ejecutivo Oscar; un viejo conocido de Rodolfo.

- Veo que no has cambiado mucho -saludó Oscar, a modo de broma.

Rodolfo, haciendo caso omiso de la broma de mal gusto, dijo - Esta es mi amiga Carmen y necesitamos tu ayuda para postular a un Permiso de Extensión de Vida Natural; es bióloga y trabaja en investigación.

- Rodolfo, amigo mío -replicó Oscar - son tiempos difíciles. La minería en la Luna y la conquista de Marte han diezmado la población en la Tierra y tenemos orden de rechazar solicitudes hasta nuevo aviso. Demasiados problemas; se avanza muy lento en Marte a raíz de las condiciones extremas y tenemos un gran déficit en producción, tú sabes… insurrección en las colonias, construcción de naves artilladas, viviendas y maquinaria espacial… aparte de lo que necesitamos aquí.

- Vamos Oscar, hoy no se muere por causa natural, desde que “El Gran Líder” descubriera el elixir de la vida, la población mundial casi se ha duplicado y prácticamente toda se dedica al sector productivo.

- Es verdad -replicó Oscar - pero no olvides que la natalidad sobrepasa a la mortalidad en apenas dos por uno. Si sumas los decesos por suicidios, las bajas en el ejército y accidentes en las minas, más la emigración a las colonias, seguimos sin poder suplir lo indispensable.

Carmen observaba nerviosa el intercambio de opiniones entre los funcionarios. Corría riesgo de que la entrevista llegara a su final. Sabía que tenía que hacer su parte.

- Señor Oscar, -dijo al fin - soy investigadora y lidero un equipo que estudia la incubación de bebés adaptados a atmósferas menos densas, como en Marte, pero necesitamos simular modelos de mutación del ADN de las células del pulmón que nos permita disminuir su dependencia del hidrógeno y para lograr esto debemos especializarnos en escuelas de cálculo avanzado, solo que a éstas, únicamente pueden acceder científicos con prórroga de inoculación. -Hizo una pausa retórica y añadió - En nuestro ámbito es sabido que su Departamento reserva una cuota para candidatos excepcionales; me preguntaba si…

- Ahí lo tienes -saltó Rodolfo - ella cumple los requisitos Oscar, vamos amigo, dale al menos la oportunidad de postular, luego los técnicos decidirán.

Oscar los observó un largo rato con las manos entrecruzadas mientras jugueteaba con sus pulgares y cavilaba en cálculos que solo él comprendía.

- Admitir una postulación implica que cuenta con mi aval Srta. Carmen, -replicó por fin - y eso me expone al escrutinio de superiores y colegas. Hay quienes venderían a su madre por tener mi posición, por lo que debo ser muy cauto. No obstante, viene usted bien acompañada y eso exige, al menos, la cortesía de considerar su caso. Déjeme su CV y, luego del estudio de rigor, la contactaré en un par de meses.

Carmen asintió con una sonrisa nerviosa, consciente de que la investigarían exhaustivamente. Pero estaba preparada; confiaba ciegamente en el trabajo de sus camaradas. Tomó años llegar hasta aquí y una vez aprobada la prórroga, la infiltración a la cúpula científica de la Federación sería un hecho. Desde ahí aportaría información crucial para ayudar a sus hermanos independentistas a deshacerse del yugo de los terrícolas.

(Continuará)

Texto agregado el 26-08-2025, y leído por 37 visitantes. (0 votos)


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