En la esquina de los azulejos
tus manos parecían de pintura,
acariciabas el azul y te alumbraba
con la gravedad de una vieja fotografía.
Allí no íbamos con móviles,
porque abrazábamos la rutina condimentada
en conversaciones sobre rostros
mientras la tarde fallecía.
Siempre que despierto
cuando el viento tortura los cristales
la naturaleza desvelada
me devuelve a aquel desierto.
Texto agregado el 02-04-2025, y leído por 85
visitantes. (1 voto)
Lectores Opinan
03-04-2025
Hermosa imagen, concertada por el recuerdo de alguien a quien se añora. maparo55