La realidad es tan solo eso, una representación posible,
nuestra mimética necesidad de dar nombre a las cosas,
puerta abierta a la fantasía más creativa, más irracional,
en el deseo transgresor o la más sensible interpretación
la búsqueda de quien no busca nada y encuentra algo,
el deseo de ver a través de nuestro Aleph imprevisible,
una idea, un recuerdo, un instante detenido, un poema,
esa interpretación del silencio en la voz más universal,
perfecta traducción letrada de un mundo sin palabras,
acesso por la puerta de atrás a una lúcida esperanza,
la duda que se interroga a si mismo una vez y otra más,
aporética inquietud que nos acompaña desde siempre,
desde aquel abstracto que un día quiso ser concreto,
desde que descubrimos que logos no era el enemigo;
necesaria disyuntiva racional para controlar excesos,
exegeta tomista que no ve más allá de su propia razón,
traductor jurado del sueño del que nunca se despierta.
JIJCL, 29 de marzo de 2025. |