TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / otro_mas / JADE

[C:622314]

Sabía que el invierno ya estaba por llegar. Ya no tardaría mucho. Apenas unos días antes una ráfaga de aire fresco, casi frío en el penúltimo jueves de Septiembre se había adentrado por mi camisa desabotonada cuando realizaba el tedioso pero satisfactorio ritual de regar el jardín trasero de mi casa, de apartar con paciencia y cierta dosis de resignación pensando que esta sería una tarea que probablemente realizaría por muchos años más, la mala yerba que al menor descuido ya estaba ahí. Acechando con paciencia los dos o tres días que no realizara esta labor para aparecer ahí. Inoportuna como siempre y rebelde apenas asomada del nivel del suelo por 3 o 4 centímetros, pero lo suficientemente fuerte para aferrarse a la vida y a la tierra cada vez que decididamente trataba de arrancarla de un suave jalón antes de que el tiempo, aliado incondicional de todas las yerbitas inoportunas que salen espontáneamente donde menos uno las quiere, le diera en pocos días la fuerza y determinación suficiente para no poder arrancarla ni con mis dos manos, ni con todo mi esfuerzo, ni con todos los improperios y malas palabras que me sabía...

El ruidoso ventilador pendía peligrosamente del techo. Giraba de manera desigual haciendo ruidos extraños, toc toc toc toc, tac tac tac tac, lejanos primero y más cercanos después, dando al mismo tiempo rechinidos agudos y lastimeros que sobrecogían los más recónditos tejidos del alma, como suaves y melódicos gemidos y susurros que parecían poesía salida de la boca de una inocente musa virginal.
“¿Cuando se callará este ventilador del demonio? No me deja dormir.” Dije en voz alta, casi gritando, sin esperar que nadie me respondiera.
Los ojos me ardían. La habitación estaba en penumbras y la oscuridad era en poco mitigada por un rayo de luz tenue y amarillenta que entraba por el vidrio roto de la ventana sin cortina y con gruesas rejas de acero de aquel cuarto mugroso de hotel. Pegaba de lleno en la botella de ron vacía que yacía recostada en el destartalado buró junto a la cama. Rodaba de un lado a otro en el reducido espacio empujada por el viento que entraba por la ventana, pero sin hacerla caer, llevándola de un extremo a otro, con suavidad y delicadeza pero con especial cuidado de que una racha malintencionada de aire no la empujara más de la cuenta y entonces la botella rodaría hasta caer y caería pesadamente contra el suelo rompiéndose en mil pedazos igual que como se rompen las almas y las ilusiones de tantos seres que caminan sobre el mundo.
Entonces ese suave viento con sus manos delicadas la llevaba de aqui para allá y de allá para acá y de aqui para allá otra vez con la sabiduría y la paciencia propios de su oficio de muchos años.

¿Cuánto tiempo llevaba ahí? La verdad no lo sabía. La misma noche que llegué exausto y confundido por el cansancio y la fiebre de tantos días de camino me recosté en la cama, tomé la botella de ron que aún tenía sin abrir y la bebí completamente de tres tragos antes de quedarme dormido, no se cuanto tiempo haya pasado. Pueden ser tres días, o cuatro meses, quizá más, mucho más, o tal vez menos, no lo puedo saber.
En otras circunstancias lo más sencillo sería preguntárselo a Jade. Ella seguramente entonces me vería desde el fondo de sus ojos negros como higos maduros. Se quedaría callada unos instantes, y luego adoptando ese gesto de aire serio y pensativo, mascullaría mi pregunta varias veces entre sus dientes jugando con ella entre su lengua ¿Cuánto tiempo llevamos aqui, cuánto tiempo llevamos aqui? Frunciría un poco el ceño como forzando su memoria para que recuerde mejor y entonces desde el fondo infinito de sus ojos oscuros y con una sonrisa en sus labios me diría... “Llevamos diez días, o quince, o treinta” o los que tuviera que decirme que tuvieramos que lleváramos porque eso sólo ella lo sabe.
Pero el problema es que ahora Jade no está. Y se que Jade no está porque su ausencia se huele y sabe en la boca, y porque su espacio de la cama ahora está frío y está vacío. Aqui se siente su presencia pero su cuerpo está lejos, llenando con su materia el espacio vacío de otra parte, tratando a su manera de reencontrarse otra vez consigo misma entre las almas en pena del mundo, y entonces solo así podrá ser otra vez un ser de magia y de luz, como antes lo era.
Esas habían sido sus palabras la noche que la encontré vagando ya muy tarde de madrugada, cuando casi por accidente descubrí la extraña y fascinante condición que ella tiene.

El ventilador ahora parece girar más rápido. El desbalanceo de sus aspas se convirtió en un peligro inminente a mi integridad y a la par el ruido que hace se ha vuelto insoportable. Taladra los oídos y altera los nervios. Me levanto buscando a tientas sobre la pared el interruptor de la luz y descubro que no hay luz, busco entonces el interruptor del ventilador y tampoco existe, sigo buscando y mis manos tropiezan ahora con algo que cuelga de la pared. Una lámina de cartón reseco que descuelgo con cuidado y acerco al rayo de luz que entra por la ventana. Es un calendario con la foto de unas flores marchitas despintadas y cuya primera hoja marca el 19 de Agosto de 1971.

¿Que hace un calendario de 1971 colgado en la pared en pleno 2020? -Me preguntaba confundido.-
Porque yo podría no estar seguro de nada, podria ignorarlo todo y no saber nada, podría desconocer tal vez hasta mi nombre y el de mi madre y el de mi padre, pero si de algo si tenía plena seguridad es que estábamos en 2020, o al menos hasta ese año había vivido contando el tiempo con algo de razón y coherencia dentro de mí hasta que llegué a este lugar. Traté de salir de esa habitación que ya comezaba a asfixiarme pero no había ninguna puerta ahí. “Alguien tuvo que haberla quitado, y tapar la pared teniendo la elemental precacución de hacerlo desde el otro lado.” -pensaba en voz alta-
Intenté calmarme, de razonar cuidadosa y detenidamente como es que y cuando habíamos llegado ahí. Me recosté otra vez, sabedor de que la calma es imprescindible para pensar con celeridad en momentos así, pero el maldito ruido de ese ventilador me lo impedía.

Extendí los brazos tanto como pude y el dorso de mi mano izquierda cayó justamente en la botella de ron que todavía se paseaba por el buró testigo mudo de mi desesperación y mi primer instinto fue tomarla para oler su interior, dándome cuenta de que su aroma había desaparecido por completo y la puse otra vez cuidadosamente en su lugar.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Cuándo se fue Jade de mi lado? ¿Vá a volver? ¿Es que ya se había encontrado nuevamente con ella misma y ni siquiera regresó para despedirse? ¿Y la puerta, quien la quitó? ¿Y porqué? ¿Y el calendario? ¿Y el ventilador? ¿Y.....?
Me quedé dormido profundamente, no sé por cuanto tiempo más.

Jade ha regresado. Hoy desperté y la encontré acostada junto a mí. Ojerosa y más flaca. Con la mirada fija hacia el techo, y diciendo cosas en un idioma extraño que no comprendo. Me ve de reojo pero no me dice nada. Está pensativa y perdida en sus pensamientos y hasta parece que no me escucha, pero lo hace. Se que lo hace. Cuando le pregunto cuando llegamos aqui ella solo me ve y llora tratando de que yo no la vea. Y me dijo que en el mundo hay más gente muerta que viva, que es extraño ver que la gente en cada lugar de este planeta se cuente solo por la gente que vive y que nadie se ha tomado la tarea nunca de contar también a sus muertos, -los que están bajo tierra y los insepultos-. De decir “En este pueblo hay tantos habitantes vivos y tantos otros que ya murieron, dando un total de tantos habitantes totales” Seguramente serían mucho más los que ya no están, así que hasta tendrían más derecho de ser contados también, ¿No crees? Dice mientras ve fijamente el ventilador ruidoso que pende peligrosamente sobre nuestros cuerpos desnudos.
Y dice más cosas. Dice también que este país es un latido sordo y una brasa viva y que se ha forjado de algún modo con las almas de todas esas personas que nadie cuenta nunca y que Monclova es un espiritu en llamas que nunca se van a extinguir.

Jade tiene alas de mariposa. Me di cuenta de ello la misma noche en que la conocí, la vez que le propuse de que en lugar de ser dos caminos largos, sin rumbo y sin un destino fijo para llegar, fuéramos uno solo, así posiblemente sería mas facíl encontrar un punto en el que cupiéramos los dos, y si no, tampoco perderímos nada de todos modos.
Me miró en silencio, iba a decir algo pero se arrepintió y siguió pensando. Dos minutos, tres, cinco al cabo de los cuales dijo:
“Si. Me parece bien, al menos mientras mi busqueda termina si es que algún día termina y entonces yo tenga que regresar”
Yo quise saber más, quise preguntar a que búsqueda se refería, pensé hasta en ofrecerle en la medida de lo posible mis humildes esfuerzos para ayudarle a encontrar lo que sabría solo Dios es lo que se le había perdido, pero cuando quise hablar ella puso su dedo índice suavemente sobre mis labios y dos enormes alas de mariposa de colores nacieron súbitamente de su espalda. Echó su cabeza hacia atrás y suavemente las batió para despacio elevarse del suelo y volar en un cielo sin estrellas y con una incipiente media luna triste y desteñida que sirvió de testigo mudo de aquel suceso.
Entonces tuve la corazonada, que no era el momento para hacer preguntas. Que eran los tiempos de esperar y de aguardar el futuro con paciencia...

Texto agregado el 23-03-2025, y leído por 78 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
23-03-2025 Muy lindo cuento, aunque me agradaría una continuación del mismo, saludos. ome
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]