No es muy fácil estar próximo de lo que está tan cerca, si la distancia no la marca un tangible metraje físico,
en la insensatez de esa mi postura siempre beligerante,
mi incapacidad de festejar jubiloso las fatuas victorias,
sonrisas para un espejo positivado de mesurada risa,
laureles dormidos revestidos con sus insonoras palmas,
efusivas proclamas que esconden lo que no muestran.
No es muy fácil distanciarse de la realidad más próxima,
si su tan entrañable mensaje nos atrae con su encanto,
su verdad es dictado que se vende en bellos proverbios,
alimentos para un alma insaciable que nunca pregunta,
las evidencias dejan de serlo en la ceguera consentida,
los sueños se dispersan en la gentil nebulosa fantasia,
en la calculada enajenación sin una segura explicación.
No es muy fácil ser lo contrario de lo que se debe ser,
si la rebeldía es solamente nuestro algoritmo preferido,
si esa casualidad es vencida por mi teoría conspiratoria,
perdido en el desamparo de una dudosa tierra de nadie,
dividido entre lo que fui, lo que soy y lo que un día seré,
perdido en el tiempo, perdido en los propios participios,
reflejo ciego de la heráldica de la que nunca se escapa.
No era fácil estar tan presente en mi ausente presencia,
en el anonimato de aquella voz que enmudeció su grito,
el callado consentimiento que revela la desesperación,
una mirada perdida que ya no busca más el encuentro,
la razón esquiva es el paliativo perfecto de nuestra fé,
serena paz para esta estación seca, yerma de sueños,
no fue fácil aceptar la deserción de mi propia imagen.
JIJCL, 22 de marzo de 2025 |