Una historia demasiado real.
Serían alrededor de las veinte horas cuando Agustín llegó a su casa luego de no haber ido por tres días. Por supuesto venía borracho como siempre, aunque no tanto como para no darse cuenta de que algo extraño estaba pasando. Aurora, su esposa estaba parada frente a la puerta junto a su hijo de tres meses vestida como para salir y con dos valijas. Esto llamó la atención de Agustín que quiso saber a dónde iba.
––Me voy y me llevo a mi hijo, me cansé de la vida que llevamos, mi hijo se merece algo mejor que peleas y discusiones debido a tu comportamiento. La bebida, tus mujeres y yo, no nos llevamos bien.
––No me hagas reír, ¿a dónde irás sola?
––¿Quién te dijo que me voy sola?
––¿Crees acaso que voy a dejar que te lleves a mi hijo, estás loca?
––Mi hijo querrás decir, Ricardito es mi hijo y tú nada tienes que ver con él.
––Mira vuelve a la cocina y prepara la cena, tengo hambre.
––No te molestes en mandarme, esto se acabó, además ya vienen a buscarme.
––Aurora!! Estás colmando mi paciencia, suelta a mi hijo en su cuna y sírveme la cena que para eso soy el hombre de la casa.
––Jajaja, eso sí que es gracioso, hombre, no es necesario que finjas frente a mi, los dos sabemos que de hombre sólo tienes el nombre.
––Cállate mujer ya soporté demasiado… además, ¿qué quisiste decir con que Ricardito es solamente tu hijo y que yo nada tengo que ver?
––Creo que me entendiste perfectamente, él no es tu hijo.
––¿Qué estás diciendo?
––Me escuchaste muy bien… Tú y yo desde hace demasiado tiempo no somos más que dos personas que viven bajo el mismo techo.
––Muy bien, se hará a tu manera, pero primero vamos a hacerle un ADN y que el juez decida, pero mientras tanto el niño se queda.
––Es muy probable que tenga algo de tu sangre, no lo niego, pero no es tuyo. ¿Qué crees que hacía yo mientras te ibas por ahí, con mujeres y con quién sabe qué más? Se acabó la época en que una mujer hacía lo que el esposo quería, sin voz ni voto, eso es del siglo pasado, yo trabajo y puedo mantenerme, aunque no lo necesite, el padre de mi hijo me va a llevar tan lejos como pueda de esta casa y de ti. Mientras tú te ibas por ahí yo hacía mi vida en mi propia casa.
––Estás completamente loca, en casa sólo vivimos nosotros y…
––Te lo dije, Ricardito puede tener algo de tu sangre, pero no es tuyo.
––¡Maldita mujer, voy a matarte a ti y al sinvergüenza de mi hermano…!
Y tomando un arma del cajón quiso disparar, pero con la borrachera que tenía sólo atinó a darle a la puerta la policía donde en ese momento llegaba con Federico, el hermano que previendo lo peor no quiso volver solo a la casa y lo detuvo.
Hecho el ADN, Agustín no pasó de ser el tío de Ricardito y mientras estaba en la cárcel reflexionando sobre su vida, Aurora consiguió el divorcio y se casó con Federico, el verdadero padre de su hijo y quién nada tenía que ver con su hermano. De ahí en más la vida siguió su curso.
Omenia
5/3/2025
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