Al final he llegado a esta mi conclusión, casi definitiva;
me he ido forjando a mi mismo a través de los tiempos,
alimentando mis miedos con las más increíbles manias,
en una celebrada doxa que nunca me hace preguntas,
en sacramentadas verdades en las que yo debo creer.
Y ahora quiero ser el héroe de mi propio mito fundador,
valores universales ajenos que se mezclen con los mios,
un abstracto idealizado que se concretice en mi mismo,
la necesaria reificación para última crísis no solicitada,
la edad me va cobrando peaje y quiero estar preparado.
Reconversión legitima, razones a mucho sedimentadas,
en una realidad alternativa recreada a mi propia imagen,
en un ideal idealizado para una conveniente paz interior,
la serenidad que se confunde con la inercia del tiempo,
la medida de las cosas es la misma que mide la ilusion.
Me recrearé a partir de todas las caras de mi propio yo,
desde aquel imberbe, ese inocente de mis parvos años,
de un timido que abrió los ojos aturdido ante lo que vio,
del experiente que se fue distanciando de sus orígenes,
del altivo que dividio su realidad en una tríplice temporal
Pero siempre, siempre hay el pero de todas las historias,
objeciones que suscitan dudas y teorías conspiratorias,
las razones tuercen la nariz y esconden todo ese miedo,
mirar a otro lado es lo mismo que evitar sabias miradas,
saber que sé y saber evitar toda la sabiduría aprendida.
Y el final es un principio, esa respuesta nunca aceptada,
en esa realidad por venir nunca realizada, esa por venir,
y todo aquello que aprendimos y nunca aprehendimos,
necesaria lección que el tiempo siempre nos recuerda,
en la certeza definitiva de que nunca salimos del lugar.
nunca habrá una llegada porque nunca hubo una meta.
JIJCL, 5 de marzo de 2025. |