Estoy soñando.
No tengo ninguna duda de que estoy soñando.
El sueño es recurrente. Levanto y bajo los brazos como si fueran alas,
y de esa forma consigo elevarme.
Me desplazo sobre la gente como a unos quince metros de altura.
He soñado esto durante gran parte de mi infancia.
En algún momento reconozco que es un sueño, y me despierto.
Ésta vez en cambio, es distinto.
Me digo lo mismo de siempre, pero no logro despertar.
Se suceden más eventos en el sueño, de forma desordenada.
De pronto mi esposa aparece y me dice:
-Bueno, vamos.
La sigo . Intento comentarle el hecho de que no me despierto como siempre, pero ella va muy rápido por unos pasillos extraños.
Estamos ahora frente a un barranco.
Abajo, en la lejanía, se aprecia un hermoso valle y muchas casas pequeñas con huertas y jardines.
Se ven algunos animales también.
Dan ganas de estar allí.
Ella se sujeta a mi cuerpo con sus brazos.
-Confío en ti. ¡Vuela! – me dice cerrando los ojos.
-Es que…es muy alto – digo temeroso.
De todas maneras, comienzo a batir mis brazos. No resulta igual que cuando lo hago solo, pero finalmente comenzamos a elevarnos.
Desde el aire la vista es imponente.
Una especie de confusión me embarga, por preguntarme qué pasaría si despierto en pleno vuelo.
Ya cerca de la aldea en el valle, un potrillo se separa de su madre y se nos acerca cuando tocamos tierra.
Su madre lo reprende con un relincho, pero luego se calma al ver a mi mujer acariciándolo.
Un hombre de larga barba se aproxima en nuestra dirección, llevando una carretilla. Nos saluda de lejos con un movimiento de cabeza.
-Hola – dice mi esposa.
-¿Quién es? - pregunto por lo bajo.
-Novoa, mi terapeuta.
-Guauu, no lo conocí con esa barba.
-Debe creer que así luce más sabio, no se… - me contesta también en voz baja.
El potrillo juega con ella buscando más caricias. La empuja insistente.
-No se queje si no le pone límites – le dice el licenciado.
De pronto, se me ocurre algo:
-Disculpe, Novoa. Necesito una sesión express.
-Estoy de vacaciones, mi amigo.
-Le pago con dólares.
-¿Estás loco? – me susurra enojada.
-Es un sueño. No pasa nada – contesto.
-Bueno, está bien. Pero acepto solo los de la cara grande de Donald Trump – se aviene el psicoanalista .
Me recuesto en la carretilla y me relajo.
Novoa se sienta sobre un tronco y prende un habano cubano.
Mientras ella se aleja con los caballos, relato mi sueño al profesional. Termino diciéndole:
-El problema es que no me despierto.
Expulsa una bocanada de ese humo apestoso, y me inquiere:
-Y…¿Cómo sabe que es un sueño?
-Bueno, muy fácil. Porque siempre me despier…
Una sensación de frío se desliza por mi espalda.
Corro hacia los caballos espantado.
Mi mujer parece adivinarme y monta el potrillo mientras yo hago lo mismo con la yegua dando un gran salto.
Al sacudir las riendas, el galope es más rápido y lo caballos se elevan mientras cabalgan el aire.
Al borde del barranco se divisa una gran entrada en la roca.
Por sobre ella puede leerse:
“ Fin del sueño “
Mi esposa es la primera en zambullirse en la cueva.
La secundo temeroso.
Una mujer anciana toma las riendas de los caballos, al tiempo que nos dice:
-Sean bienvenidos. A continuación podrán analizar sus sueños.
Pasamos a una sala muy amplia, con un ventanal que da a la Plaza de Mayo, en Buenos Aires.
Se escucha el bullicio de una multitud.
-Pasen, póngase cómodos – nos dice Novoa ahora sin barba, al tiempo que nos señala dos divanes de cuero que lucen contiguos.
-¿Nos va a analizar a los dos al mismo tiempo?
- Y…no hay plata – reconoce resignado.
Un helicóptero desciende sobre el techo de la Casa de Gobierno.
Alguien que no alcanzo a distinguir quién es se aferra a una soga que pende del aparato, que ya se eleva a toda velocidad.
Quién cuelga de la nave, grita a la multitud:
-¡Viva la libertad, carajo!
Todos lo miran alejarse mostrando en sus rostros una expresión de alivio.
Novoa comenta:
-Es el típico caso de histeria presidencial. Freud lo describe muy bien en su artículo “ Psicosis libertaria”.
Mi esposa me toma de la mano y salimos a la plaza a mezclarnos con la gente.
Una niña pequeña nos dice con cara de asombro:
-Uuuuu, ¡Cómo volaba el señor!
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Marcelo Arrizabalaga.
Buenos Aires, 4/3/2025.
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