Cuando las tardes
dormían en tus brazos
éramos solo un hueco
dónde caían todas
las preguntas.
Cada crepúsculo tentaba
con sus duendes escarlatas
mientras los grises
se perdían
al cerrar los ojos.
Las añoranzas
quedaron relegadas
porque era el momento
de olvidar.
Después le dimos cuerda
a los relojes.
Entonces se hizo tarde
las campanas dejaron de tañir
hubo un silencio respetuoso
y ninguno de los dos lloró.
Texto agregado el 01-03-2025, y leído por 46
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