Como quieres que te oiga si ni me escucho a mi mismo,
en esa conseja prudente que no precisa más autoridad,
no sabía que el desasosiego era otro plan precalculado:
esa razón de la sinrazón que revuelve todos los mares, un insensato algoritmo que se interpuso entre nosotros,
y nos creímos todas aquellas historias de nuestra vida,
recuerdos dormidos que siempre volvían en tormentas,
lejanas lecciones del pasado, rencorosos ecos sórdidos,
ese tu y yo desencontrado en cada una de las palabras,
de los gestos, las miradas e incluso de aquellos besos,
aprendimos que la lección de casa nunca se termina,
que luchar contra los demonios es una eterna pugna,
que el desasosiego no se cura nunca en la distancia,
en ese terrible cotidiano que nos mantiene serenos,
siempre cuando no nos preguntemos el porque de él,
pero aprendimos que el abrazo era el mejor antídoto,
ese gesto silencioso que hoy nos despertó del sueño,
nos devolvió a aquel día en que nos idealizamos los dos,
a aquel momento en que no fue necesario escucharnos.
JIJCL. 21 de febrero de 2025 |