Entre el nacimiento y la muerte el momento se empequeñece, reduciéndose a un simple amanecer que atraviesa sin pausa todas las fases sin tener en cuenta el tiempo, llegando al ocaso demasiado antes de lo que a mí me hubiera gustado, a lo que había esperado en aquellos tiempos, cuando necesitaba la ayuda de esas manos tan enormes que me cogían sin ningún esfuerzo.
Y ahora?
Ahora nada, ya no estás, hace ya tiempo... Demasiado tiempo y todo ha cambiado.
Sigo pensándote, claro, siempre lo haré pero los intervalos entre los recuerdos son más largos, no tan constantes y no voy a mentir, así con esta pauta me siento mejor, esa pausa, esa calma entre la tormenta que fue perderte, echarte de menos y saber que no volvería a verte, la culpa, la culpa... Putos cristianos y su puta culpa que está clavada en mí.
Hoy me gustaría poder sentarme delante tuyo como hago una o dos veces al año y verte sonreír mientras me fumo un cigarro y escucho música y sabiendo lo absurdo de ese nudo que se forma en mi garganta y lo absurdo de querer hacerlo siempre solo pero lo sigo haciendo, lo seguiré haciendo.
Hoy cambias de lugar, desde hoy no estarás en Ese tercer piso y la próxima vez que te vea no será en esa posición, sentado delante de ti con la mirada hacia lo alto, con mi música y mi nudo evitando ese aire que porta esa pequeña mota de polvo que se inclusta en mis ojos haciendo que se derramen una y otra vez... Siempre lo hago solo.
Hoy debería de estar allí y no aquí.
Es absurdo, lo sé, me lo dirías... |