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Sujeta a los bastidores de la cama, suficientemente alejada del piso y del colchón, vivía una pequeña partícula de polvo. Sus días transcurrían alejada de los dañinos rayos de luz, sumida en la protectora oscuridad, aferrada firme a la madera. Todos los días, cuando sentía el aterrador sonido que producía el escobillón rasgando el piso de madera y las desordenadas corrientes de aire que generaba, agradecía los sabios consejos que la conservaban aún con vida. Recordaba las palabras que su madre le había repetido desde pequeña, "Hija, debes sujetarte firme al bastidor, si caes al piso quedarás atrapada entre las ramas de la escoba y luego serás arrojada a la calle. Una vez en el exterior, las partículas de polvo, como nosotras, son arrastradas por la brisa y desintegradas por la exposición de la luz directa. Debes cuidarte también, de las desordenadas corrientes de aire que produce la escoba en su afán, podrían arrastrarte hasta el colchón. Si caes sobre su tela serás alimento y luego heces de los ácaros que pululan sobre nuestras cabezas."

Un día, al despertar con lágrimas en las mejillas, ya no le pareció suficiente la fragancia húmeda de la madera y la seguridad de la oscuridad que siempre la envolvía. ¿Qué era la vida sin aventura? Si no se aventuraba hacia lo alto del colchón o hacia el lustroso piso de madera. Y en un impulso temerario se dejó caer, aprovechando las corrientes de aire que a esa hora producía la escoba en su rutina diaria. No estaba segura si deseaba aventurarse hacia arriba donde podría averiguar de donde provenía la luz o hacia abajo donde veía como se agrupaban ordenadamente otras partículas formando gigantescas pelusas. Entregó la decisión al destino veleidoso de las corrientes.

Inmediatamente fue elevada. Dirigida hacia los pequeños ácaros, que por la cercanía del viaje realizado, ya no le parecían tan insignificantes. Seguramente, por lo numerosos que eran, no tardarían mucho en devorarla a pesar de su diminuto tamaño. Morir despedazada por una marea de pequeñas criaturas, sin control, impulsadas por una desenfrenada lucha de alimento, ya no le parecía una buena aventura.

Súbitamente, sintió que su cuerpo era pesadamente jalado hacia el piso. Montadas sobre una corriente de aire errática, un grupo de pelusas firmemente tomadas unas con otras, interceptaron intencionalmente su viaje hacia la muerte. Con una danza grupal dirigida habían surcado el aire para salvarle la vida, y a la vez, la habían recibido, desde ya, como una más de ellas. Ya no recordaba lo que era sentirse acompañada, lo que era sentirse parte de algo, desde que había perdido a su madre. Se sintió feliz de que todo hubiese resultado mejor. Mucho mejor que vivir una larga vida, en soledad, suspendida en la madera de un viejo catre. Ahora, quizás con ayuda de otras partículas, podría averiguar de donde provenía la luz con mayor facilidad y seguridad.
Sus pensamientos fueron abruptamente interrumpidos, con el rasguño penetrante de las ramas de la escoba sobre el piso de madera. Se entremezclaban con los gritos coordinados de sus nuevas compañeras atrapadas, que intentaban infructuosamente liberarse de las ramas. Disponía de una fracción de segundo para decidir, si debía permanecer unida a ellas y compartir su mismo destino o separarse en un grupo más pequeño hacia un destino incierto, pero un destino por cierto, con muchas más posibilidades que el de sus compañeras atrapadas. No le tomó mucho tiempo, darse cuenta que le debía su vida al sacrificio colectivo y que quizás ella, era la causa de que estuviesen ahora algunas atrapadas. Era el momento de compartir su destino con aquellas necesitadas, con las que permanecían atrapadas. Se sujetó firme sin arrepentimiento al destino, que su madre le había anunciado, sin perder nunca la esperanza.
Mientras era transportada sobre la escoba, se abrió una fuerte luz ante sus ojos, que la mantenía cegada, conducida por paisajes complejos y desconocidos. A ratos percibía destellos de objetos extraños, surrealistas para ella, que la hacían dudar si estaba despierta o se había dormido en un largo sueño. Parecía estar viendo imágenes entrecortadas de su propio inconsciente. Nada tenía sentido. Cerró los ojos y en ese momento, mientras una violenta brisa la envolvía, sintió un impulso arcano por hinchar su cuerpo. Y supo en ese mismo instante, el secreto para desprenderse de la escoba. No bastaba con permanecer firmemente unidas entre ellas, era necesario además que cada una hinchara su cuerpo al mismo tiempo, de manera coordinada para formar un solo gran cuerpo, un nuevo cuerpo. Gritó fuerte, para coordinar el esfuerzo colectivo, que de forma conjunta les permitió desprenderse de la escoba a solo metros de llegar al exterior. La esperanza tomaba la forma de un cubo. Un bloque blanco, hueco y enorme que las acogió como su nuevo hogar. Un hogar que las protegía de la temida escoba y las acurrucaba con suaves vibraciones esporádicas a solo pasos de la hermosa y peligrosa luz. Donde en el aire se olía una deliciosa fragancia a vida nueva.
Esta había sido la aventura de vivir, de estar cercana a la muerte y salvarse de su destino inevitable, con entrega y sin arrepentimiento. Una aventura que le había regalado un nuevo mundo donde podía completar su vida de manera reposada. Y lo mejor de todo siendo ella parte de un todo.

Texto agregado el 17-11-2021, y leído por 53 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
18-11-2021 Creo que este cuento es una metáfora de lo que somos, como una pequeña partícula de polvo en el universo. Y como decía mi madre, No somos nada, y yo me quedaba pensando Jaeltete
18-11-2021 Nunca me agradaron las escobas y tu cuento me ha dado una idea...dejaré de usarlas. Te felicito, es un cuento ameno y diferente, saludos. ome
18-11-2021 —Tu cuento y esta inquieta partícula de polvo me han llevado a pensar y comparar su periplo -un poco diferente, pero con varias similitudes- al de ese virus que nos invade mundialmente. —También el SARS-CoV-2 es algo parecido a un ínfimo grano de polvo, sobre el cual aún los científicos no se ponen de acuerdo si posee vida o no, (Yo creo que no) pero sí esta demostrado que se puede instalar en cualquier superficie, por ejemplo en madera tal como el polvo del cuento. —Saludos vicenterreramarquez
18-11-2021 Qué buen cuento y qué gran imaginación! Saludos. Bien hecho. ValentinoHND
 
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