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La Señora Nenita

Estábamos reunidos en el último de los cubículos de esta importante empresa multinacional. Era mi primer día y repasábamos mis futuras actividades diarias.

- ¿Quieres un café? La Señora Nenita los prepara muy bien.

Tomó el teléfono desde la mesita de arrimo y marcó a la cocina, a la encargada de la cafetería.

- Aló, Señora Nenita, ¿Me puede traer dos café a la sala de reuniones, al fondo del pasillo, por favor?

Su sonrisa se esfumó. Se diría que estaba recibiendo un sermón. En reiteradas ocasiones intentó responder pero luego colgó. A todas luces la Señora Nenita se negó.

- Espera, voy y vuelvo.

Volvió sonriente, como si nada hubiera pasado, con dos tazas con café con crema, más un platillo con galletas en una bandeja de plata.

La reunión continuó hasta que la hora de almuerzo llegó.

- La Señora Nenita prepara unos platos fríos, pollo con ensalada, carne con ensalada, ensaladas con quesos. Yo invito.

Tomó nuevamente el teléfono de la mesita y llamó. ¿Para qué llama? Pensé. Me lo imaginé yendo y volviendo con los platos en una bandeja.

- Aló, Señora Nenita. ¿Me puede traer dos platos de ensalada? Preguntó mientras sonreía - ¿pollo o carne?
- Pollo, - respondí.

En menos de diez minutos apareció la propia Señora Nenita, de unos cincuenta años, con dos platos preparados.

Mientras almorzábamos divisé a la Señora Nenita que avanzaba por el largo pasillo con un carrito de metal de tres niveles de vidrios, colmado de platos preparados. La mayoría almorzaba sus platos. Eran muy buenos. Opinión un anime. Volvía a la cocina y volvía aparecer con otro carrito repleto.

Con los días también me hice adicto a los platos de la Señora Nenita. Podía pedírselo desde las dos a las cuatro de la tarde. Siempre respondía atenta a mi petición. Era que no. Si cobraba dos mil pesos los platos con carme o pollo o mil quinientos con quesos. Y lo mejor que le pagábamos a fin de mes.

Ese era su negocio informal desde que se inició en este piso e incluso la gerencia la autorizó a traer una ayudante.

Una vez, en una reunión con el resto de los compañeros, trataron despectivamente a la Señora Nenita por lo atenta y cordial que se mostraba cada vez que ofrecía sus platos y sin embargo se negaba a servir café. Al fin y al cabo su función en la empresa era esa. Yo no perdí la oportunidad de recordarles que ella, con la venta de los platos, ganaba más que cualquiera de nosotros.

Ahogados por la envidia contabilizaron los platos que ella preparaba diariamente. Más de cuarenta. Vendía hasta a las oficinas de los otros pisos. Calcularon el precio de los insumos y concluyeron que sus gastos eran menos del 30%. Sesenta mil pesos diarios. Multiplicados por veintidós días son un millón trescientos veinte mil pesos mensuales. La mayoría de nosotros ganábamos a lo más quinientos mil pesos. No contabilizaron los queques, panes de dulce, que traía para el desayuno y la hora del té.

Un escándalo. Comenzaron las conjeturas. Llevaba más de doce años haciendo esa cantidad de platos y siempre al mismo precio. - Y no gasta ni gas, porque cocina aquí la carne y el pollo - Comentaban ya indignados.

La verdura y la carne las traía en su moderna camioneta, sin embargo, ninguno de ellos venía en auto para ahorrarse el gasto de estacionamiento. Eso los mató.

Que la Señora Nenita ganara dicha cifra circuló por toda las oficinas de la empresa, generando una reacción en cadena llena de envidias. Se coludieron y nunca más le pidieron platos preparados.

Con su sueldo de trescientos mil pesos, más los platos esporádico que vendía a los gerentes y algunas niñas de otros pisos decidió jubilar anticipadamente.

Texto agregado el 06-11-2021, y leído por 112 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
09-11-2021 El trabajo honrado y constante siempre genera ganancias y por supuesto, envidias también, si la persona en cuestión gana bien. Excelente cuento. Saludos. maparo55
08-11-2021 Cuando un escritor obliga a los lectores a reflexionar sobre la trascendencia de hechos cotidianos, hace un digno trabajo que merece ser celebrado. ¡Gracias! Gnomono
07-11-2021 No sean tan envidiosos que la pobre trabajó mucho y se lo ganó. Un abrazo. MujerDiosa
 
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