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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / Sandokán, de Emilio Salgari

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Las novelas de aventuras siempre son interesantes, porque están escritas con una prosa amena y ágil que les impide ser aburridas; a veces son tan ligeras que algunas se quedan en esa ligereza y no ahondan en los recovecos del alma de los personajes. Afortunadamente no son las más, hay algunas excepcionales que merecen un lugar preferencial.
Admiro especialmente La isla del tesoro, de Stevenson; Scaramouche, de Sabatini; Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, de Dumas; Viaje al centro de la tierra, de Verne; El prisionero de Zenda, de Hope y algunas otras que en su momento disfruté, pegado a sus páginas y anhelante por saber el destino de los protagonistas. Podría nombrar veinte libros más de aventuras para hacer patente la valía del género, pero no es mi intención demostrar lo que ya se sabe, sino hablar de un libro en particular: Sandokán, de Emilio Salgari.
En las últimas semanas la página en blanco ha hecho de las suyas y me ha dejado como ella: en blanco; así que me he dedicado a leer un poco y ello me ha permitido concluir Sandokán y La mujer del pirata. Empecinado con la idea de que este libro debió pasar por mis ojos hace más de cuarenta y cinco años, hice una lectura rápida, casi sin pausas ni verdadero entusiasmo, el resultado de ello fue que el libro me gustó, aunque no tanto como hubiera querido.
Sandokán es el Tigre, jefe de los tigres de la Malasia, feroces y valientes piratas avecindados en la isla de Mompracem, base de sus operaciones e inexpugnable fortaleza, desde donde navegan en sus praos; armados hasta los dientes se pintan solos para aterrorizar a cualquier barco que se le ocurra atravesarse en su camino. Esta horda de piratas no le teme ni le tiene respeto a nada, son capaces de abordar un navío pertrechado de cañones y guardado por un ejército de hombres, aunque tengan desventaja en número y armas, no así en animosidad y fiereza. Son capaces de dar la vida por su jefe sin chistar y se sienten perdidos cuando no está, para guiarlos en las batallas.
Sandokán, hombre de gran fortaleza además de valentía, ha oído hablar de la Perla de Labuán, una joven de cabellos rubios ensortijados, de belleza extraordinaria. Sin conocerla, se siente inquieto por saber todo lo concerniente a su persona, está dispuesto a hacer lo que sea necesario con tal de poder acercarse a ella. Yánez, un portugués, amigo y segundo de Sandokán ha ido a tomar noticias para saber su paradero.
Sandokán se violenta y se prende en ira con facilidad, todo lo quiere llevar al extremo, es un hombre capaz de intentar las más inverosímiles empresas, atacando a sangre y fuego sin dudar un instante, en que con su fuerza y el arrojo de sus “tigres” todo puede lograrlo. Yánez, aunque igual de impetuoso que su jefe, es el que mantiene el equilibrio en Sandokán. Inteligente y astuto, pareciera más llamado para ser el líder de los piratas; pero estima verdaderamente a Sandokán, se dejaría matar por él antes que traicionarlo.
El impulsivo Sandokán con su turbante, vestido lujosamente y armado con su cimitarra de empuñadura de oro, con un grupo de sus valientes, marcha en un prao a la búsqueda de la Perla de Labuán. Antes de lograr llegar a Labuán, son atacados por un cañonero inglés de gran envergadura, que los extermina prácticamente a todos y donde Sandokán herido gravemente, se arroja al mar. Milagrosamente salvado por Lord Guillonk, el pirata accede irremediablemente a la quinta donde vive la Perla y que no es otra que Mariana Guillonk, sobrina del hombre que le ha salvado la vida. Nada más conocerla, Sandokán queda prendado de ella y rendido de amor; una inquietud nueva, extraña, desconocida, late irresistible en el pecho del pirata: el amor, el amor puro por aquella niña rubia de diecisiete años con rostro angelical, que le ha robado el alma en un instante.
El trato diario entre la joven y el pirata, mientras éste se cura de la grave herida que lo mantiene en el lecho, va logrando lo que en circunstancias diferentes quizás fuera imposible: que Mariana vaya enamorándose de Sandokán. El dilema en el alma del hombre es terrible. ¿Cómo le va a confesar a aquella niña que él es Sandokán, jefe de los tigres de la Malasia, los piratas que son el terror de los mares?
La lectura del libro es ágil, porque Salgari describe brevemente y retiene nuestro interés, manteniendo la acción en la aventura, ya sea que Sandokán deba encontrar la forma de escapar para reunirse con sus amigos, el desarrollo de una batalla naval con abordaje y cientos de muertos, una fuga a través de la selva y la lucha con animales salvajes, o el enfrentamiento con lord Guillonk y cómo confesarle a Mariana su verdadera identidad.
El libro de Salgari se termina de leer con cierta impaciencia por conocer el resultado de la aventura; pero el sabor que nos deja no es del todo satisfactorio. Queda la impresión de que a Salgari le faltó penetrar más en el mundo interior de cada personaje; Sandokán es tan irascible e impetuoso, que peca de inocente en ciertas acciones, queda la impresión de que Yánez, más equilibrado emocionalmente, sería mejor jefe para los piratas de Mompracem.
Hasta aquí el libro; Sandokán, sin ser un extraordinario libro de aventuras, es un libro entretenido, digno de ser leído por muchos jóvenes en el mundo; por algo, dentro de la literatura juvenil, Emilio Salgari está considerado como un clásico. Pero hay más... y esta vez, sí de fondo: la vida de Salgari.
La edición que he leído del libro, es una de editorial Porrúa, de su colección Sepan cuántos... Trae un prólogo abundante que no leí al principio sino al concluir el libro y que me ha dado el contexto en el cual Sandokán fue escrito, así como los pormenores de la vida de Salgari, un escritor no todo lo feliz que pudiéramos imaginar y cuya vida, pareciera un argumento más de alguna de sus novelas. No voy a contar aquí los pormenores de la vida de Emilio Salgari, porque la intención del texto es hacer una breve crónica de su libro; pero conocer sus desventuras me ha llevado a revalorar el por qué de muchos detalles que aparecen en Sandokán y en La mujer del pirata. Entonces, ya no me parecen tan superficiales las actitudes y acciones del libro, hay un entendimiento mayor, más íntimo, entre ese amor inflamado que el pirata siente por Mariana y la pasión de Salgari por describir batallas marinas, viajes fabulosos, la posesión de riquezas y palacios extraordinarios, que aparecen en sus argumentos.
Confieso que he decidido seguir leyendo la saga de Sandokán y también algunos libros más de Salgari, que puesto a comparar, de pronto, parece estar emparentado literariamente con Julio Verne y Rafael Sabatini.

Texto agregado el 08-09-2021, y leído por 62 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
09-09-2021 2 - Ahhh se me olvidaba! Hace muy poco, en Argentina el periódico El Clarín sacó una reedición con la colección completa de Sandokan. Saludos y abrazos desde Iquique Chile. vejete_rockero-48
09-09-2021 1 - Sandokan era literatura imprescindible en mi biblioteca de cómic y libros de aventuras cuando era pendejo. Recuerdo que no solo Sandokan nos transportaba por el mundo (A lo Indiana Jones que en ese tiempo volaba el Halcón Milenario) estaba Kalimán, Tamakún y El Fantasma. Tu trabajo trajo consigo una sonrisa al recordar aquellos tiempos. Trabajo bien informado y desarrollado. vejete_rockero-48
08-09-2021 —Yo al igual que el mismo Salgarí, sin ninguno de los dos conocer esos mares, navegamos por los mares de la Malasia. Yo como lector y simple grumete al mando de Sandokan, tratando de emularlo como guerrero de los mares y enamorado de bellas doncellas, con mis doce años de entonces. Hoy recuerdo los veleros, los cañones, los puertos y las combates de tal forma que con 80 quisiera volver a navegar esos mares bajo la bandera pirata.—Un abrazo. vicenterreramarquez
08-09-2021 Buen trabajo de parte tuya, amigo. La vida de Emilio Salgari es un contexto imprescindible para el entendimiento y compenetración con Sandokan. Su suicidio fallido y luego el conseguido dicen mucho de un excelso escritor pisoteado por sus ¿editorialistas? Un abrazo. JerryMendez
08-09-2021 Excelente ensayo que hace recordar momentos hermosos del pasado, abrazos y estrellas desde Cali, Colombia. nelsonmore
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