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Cuento — Relato de tiempo y vida



¡Tres hurras por Feña Arrieta!
Primera entrega


Cuento largo dividido en cuatro partes y en tres entregas


2 — Renegando por el desierto — https://www.loscuentos.net/cuentos/link/609/609961/
3 — Regreso a Santiago —https://www.loscuentos.net/cuentos/link/609/609985/


Introducción

Hoy aquí quiero escribir de viejos. Quiero comenzar diciendo que viejo para mí no es sinónimo de avanzada edad, de edad dorada, de tercera o cuarta etapa de la vida, lo que considero que sólo son eufemismos para adornar o disfrazar lo que no se quiere decir, aunque son términos que acepto y también uso.. Sí, categóricamente afirmo que de ninguna forma o en cualquier circunstancia voy a considerar esa etapa de la vida como obsolescencia y/o decrepitud.
Prefiero dividir las etapas de nosotros los humanos en Niño, Joven, Adulto y Viejo, prolongando la llamada adultez como una etapa extendida de joven a viejo y considerarla o denominarla simplemente como Transición adulta, que puede durar poco o mucho o mejor dicho lo que cada uno considere que debe durar y la vejez si bien es cierto tiene un final no sabemos cuando puede llegar, por lo tanto su extensión el tiempo la dirá.

Dicho lo anterior paso a describir tanto al Viejo como a los Viejos que me llevan a publicar este largo relato, el cual voy a dividir en cuatro partes, dos cortas y dos largas y aunque no es mi costumbre, por su extensión, lo voy a publicar en tres entregas por tres días seguidos, tratando de evitar que no se junten dos entregas en un mismo muro, para no quitarle espacios a otros colegas que requieran publicar.

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Viejos

Viejos hay muchos. Hay viejos buenos, viejos lindos, viejos feos; hay viejos cascarrabias, viejos mañosos, viejos testarudos; hay otros que son pillos, ladinos o astutos; los hay verdes y lachos, picados de la araña. También están los viejitos simpáticos, los viejitos amorosos, además no debemos olvidar a los viejitos o Viejos Pascueros que aparecen para Navidad. Bueno, la verdad es que existen viejos de muchos tipos y por si esto fuera poco en Chile también tenemos viejos “conch… de su madre”, lo que quiere decir con mucho de sus madres, a los que por lo general se les dice “viejos tal por cual” para no herir ascendencia familiar.

Pero hay un tipo de viejos, que no necesariamente peinan canas, ni lucen añosas arrugas; pueden portar cédulas de identidad con pocos o con muchos dígitos, pueden ser imberbes de tez lozana o de ceñudos rostros con piel ajada, curtida por el tiempo y muchos soles. Pueden contar nietos con los dedos de ambas manos e incluso muchos hasta pueden ser vírgenes; pueden haber vivido dieciocho o sesenta años, pero igual todos son “viejos” o “Viejos”. Sí, así, con mayúscula, según sea el contexto en el que de ellos se exprese o se escriba.

Estos personajes de los que escribo pertenecen a una casta muy exclusiva de Viejos. Son los trabajadores de la construcción a los que así se les denomina. Dentro de ese gran conglomerado existe una rama muy especial que son los Viejos faeneros.

Los Viejos faeneros son aquellos excavadores, cargadores, carpinteros, albañiles, pintores, electricistas, mecánicos, maquinistas, choferes, y muchos otros que siendo maestros, ayudantes, jornaleros o aprendices; en el sur o en el norte, en desierto o cordillera, en invierno o en verano construyen un puente o un muelle; una línea eléctrica de alta tensión o un gasoducto; una carretera o una central eléctrica, una instalación minera o una fundición; un observatorio astronómico o una represa. Son los que realmente fundan los cimientos de una patria a la vez que erigen las estructuras de un país sin hacer aspavientos por ello, ni reclamar su derecho de aparecer en las páginas de la Historia. Tampoco esperan ni exigen más reconocimiento que el que le otorgan las leyes que eventualmente pueden ser incrementados por peticiones y conquistas sindicales o la voluntad de sus patrones implementados como bonos y/o premios.

Característica de estos trabajadores es que en su gran mayoría realizan estas labores lejos del hogar y la familia; durante largas jornadas de trabajo, con unas muy cortas de descanso, con viajes en medios de transporte terrestre, muchas veces de más de veinte horas para la “bajada” u otras tantas para la “subida”, tiempo que se imputa a la jornada de descanso. Privilegiados son aquellos que hacen estos viajes en avión.

Generalmente no están en su hogar cuando nacen sus hijos o cuando fallece un familiar o amigo. Tampoco en las fechas importantes, como cumpleaños, graduaciones, enfermedades u otras situaciones. Su mujer, sola, tiene que afrontar todos los momentos difíciles, solucionar los problemas, de los hijos y de la casa. También una casta muy, pero muy especial, es la mujer del viejo faenero.

Muchas de estas faenas son de alto riesgo, sea por las condiciones de terreno, por las características inherentes a la obra e incluyendo en ello los riesgos propios del transporte. No son pocos los viejos, independientemente de la edad, los que han quedado en el camino por; una explosión, un derrumbe, una colisión, un vuelco, un imprevisto, un error, como también a veces un infarto en lugares alejados e inhóspitos. Muchos han vuelto dentro de una urna en el compartimento de equipaje de un avión o de un ómnibus. Por ello es que muchas veces el viejo faenero retorna a su hogar solo para que depositen su vida truncada y sus huesos cansados en el cementerio del pueblo natal.

A ustedes, viejos de la construcción. A ustedes, viejos faeneros; quiero rendirles un humilde tributo con relatos en que mezclo historias, anécdotas, situaciones vividas, hechos reales con un poco de ficción, es decir una mezcla de realidad revestida con algo de fantasía. Todo vivido con ustedes, por espacio de treinta años, compartiendo épocas buenas como también malas; momentos penosos, también alegres; asados flacos con vino corriente en garrafa, pero no olvidemos aquellos “gooordos” con vino embotellado de etiquetas doradas y negras, esto es: unos en épocas de “vacas gordas”, otros en épocas de “vacas flacas”.


Feña


Fernando Arrieta, Ingeniero, administrador de muchos proyectos de construcción de centrales y líneas eléctricas a lo largo de todo el país, era un profesional considerado y requerido tanto por ejecutivos como dueños de todas las empresas del rubro, por sus conocimientos unidos a su experiencia en obras de este tipo; sobre todo en la década de los años de los mil novecientos ochenta y noventa, auge de las instalaciones mineras, para extracción de cobre, en el norte del país.

F. Arrieta (Feña para los más cercanos) además era conocido, mentado e incluso muy querido por casi todos, por no decir todos, los viejos faeneros de esta especialidad: excavadores, concreteros, carpinteros, enfierradores, estructureros, montadores, linieros, operadores, es decir: todo un universos de Viejos faeneros.

Conocido porque casi todos, en más de una ocasión, habían trabajado bajo sus órdenes, ya que en este trabajo, todos se conocen por el hecho de que se van encontrando en distintas obras a la vez que alternando en distintas empresas.

Mentado, porque no había reunión de viejos donde no se comentara de los asados o reuniones de camaradería con comilonas que organizaba para festejar el término de una obra, el cumplimiento de una etapa o aquella reunión de trago y baile en algún establecimiento de esos que por lo general nunca faltan cerca o no tanto de los lugares de faenas; los cuales en ocasiones cerraban sus puertas para atender solamente a Don Feña, sus colegas y sus viejos, hasta altas horas de la noche; olvidando que a las siete de la mañana había que trabajar. Pero a las siete allí estaban, en el frente de trabajo, trasnochados, pero dispuestos a cumplir las metas, las que a pesar de todo se cumplían; lo que ameritaba otro festejo. Además otorgaba buenos tratos económicos como premios que estimulaban a todos sus esforzados viejos.

Y lo de querido, huelga explicarlo.

Todos los viejos siempre preguntaban en que obra estaba Don Feña, pensando en la posibilidad de trabajar con él para gozar de los buenos tratos monetarios, de su familiar trato personal incluyendo los excelentes asados; ya que aunque la obra no tuviera el avance esperado o se presentaran problemas que entorpecieran el desenvolvimiento programado, igual se realizaban estos festejos con la intención de “matar el chuncho” o sea espantar a la mala suerte...

Continúa en la segunda entrega “Renegando por el desierto!”




Incluido en libro: Cuentos al viento
©Derechos Reservados.

Texto agregado el 29-08-2021, y leído por 185 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
05-09-2021 Estimado Vicente, me hubiera agradado que mi esposo hubiera podido leer lo que escribes, de seguro le hubiera agradado, él era Tecnico Prevencionista y muchas veces, aunque no era escritor me decía que si algún día escribía algo sería justamente sobre los trabajadores, jamás lo pudo hacer. Un abrazo, voy a seguir leyendo lo que sigue pero no hoy. ome
02-09-2021 Qué buena pintura del trabajo. Se me había escapado este texto. Abrazo. MCavalieri
31-08-2021 Un reconocimiento enorme para esos "viejos faeneros" y ojalá existieran muchos "Feña" como don Fernando Arrieta, porque es de los que entienden que estos trabajos se complementan y todos ellos, con su esfuerzo, engrandecen la Patria. Muy bien pintados esos protagonistas. Ah! "Viejo" es un término muy simpático. Gracias! Abrazos. Clorinda
30-08-2021 Que historia tan interesante, amigo, esta de los viejos faeneros. Es una historia larga pero que se va leyendo con atención sin que decaiga el interés. Estaré al pendiente de la siguiente entrega. Saludos, Vicente. maparo55
30-08-2021 Que bien Vicente, quien mejor que tu para traernos un sin fin de historias de vida (anécdotas incluidas) de gente sacrificada y trabajadora en el rubro de la construcción. Estoy segura que en tu bagaje hay mucho para contarnos. Un abrazo, Sheisan
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