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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / Una historia cotidiana

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-Si yo te contara el chorro de cosas que me han pasado en este trabajo chamaco, no me creerías, - dijo don Pedro, mientras aflojaba con el pico un montón de tierra que luego estábamos paleando para sacarla en carretillas y dejar aquel terreno limpio y nivelado.

-Tas muy tarugo todavía para esta chamba, te falta experiencia, pero con el tiempo la vas a ir agarrando, para que llegues a “maistro” y no te quedes de chalán toda la vida.

Don Pedro dejó el pico a un lado e hizo una pausa para secarse el sudor, El sol de la una de la tarde era agobiante. Con la pala comencé a cargar de tierra la carretilla.
-Mira, lo que te voy a contar es la purita verdá, puedes pensar que es mentira, pero no. Hace muchos años fui a trabajar a un pueblo llamado Aculco, por allá del rumbo hacia Querétaro, me contrataron para cercar una propiedad con malla ciclónica y llevé de ayudante a un sobrino de mi mujer porque yo solo no iba a poder, eran muchos metros cuadrados. Estuvimos chambeando allí poco más de un mes, nos dieron alojamiento y comida, buena gente el patrón.

-Nos sentíamos a gusto con aquel trabajo, empezábamos muy temprano y le parábamos hasta que empezaba a oscurecer, el descanso era solo para las comidas. Cuando nos faltaban como dos días para terminar, el patrón me llamó aparte y me dijo: “Quiero que hagas un trabajo especial, no es nada difícil, pero necesito que lo realices tú solo. Tienes que ser discreto, te voy a pagar muy bien por ello”. Yo, luego luego dije que sí.

Don Pedro interrumpió su relato y recomenzó a aflojar la tierra. Le pregunté:
-¿Y qué le pidió hacer? ¿Algo malo, ilegal?
-Era ilegal, pero no tan malo. Me pidió buscar en lo más alto de una colina cercana a su propiedad, una caja que según él contenía recuerdos familiares, y que su abuelo había enterrado al pie de un pirul muy grande que se vislumbraba desde donde nos encontrábamos. El árbol estaba en la propiedad de su vecino; dijo que ya le había pedido que le permitiera excavar ahí, pero que aquél se había negado, pues no se llevaba muy bien con él. Así que tendría yo que hacerlo de noche para evitar fricciones y malos encuentros. Así que aquella misma noche provisto de pico, pala, un “diablo” pequeño y una lámpara de mano, me fui a cumplir la chamba encomendada; subí la colina tratando de hacer el menor ruido posible, además no había ningún tipo de valla, barda o alambrado que me impidieran llegar libremente hasta el lugar. Pensé en lo que estaba haciendo, que no estaba bien, pero el recuerdo del pago prometido me hizo seguir adelante. En el cielo colgaba una luna llena redonda y brillante, que me hizo maldecir mi suerte por ello, hubiera preferido que la noche fuera muy oscura y sin luna.

-¿Tenía usté miedo Don Pedro?
- ¡Cómo no! Qué tal si me descubrían y me llevaban a la cárcel, o el propietario del lugar me metía un plomazo. Sin embargo, no pasó ninguna de las dos cosas. Tomando todas las precauciones posibles llegué hasta el pie del árbol. Mi patrón ya me había indicado aproximadamente dónde cavar. Sin esperar más, dejé mis cosas a un lado y usando el pico comencé a escarbar, intentaba hacerlo rápido con miedo de que alguien me viera o llegara en cualquier momento. Me encontraba tan concentrado en mi tarea, que no oí ni vi nada hasta que la voz muy gruesa de un hombre me espantó haciéndome saltar. “¿Qué haces aquí?”, dijo, “¿No sabes que esta es una propiedad privada y los ladrones no nos gustan?” No supe que decir, pero volví el rostro para ver quien me hablaba. Me llevé una tremenda sorpresa, pues el que hablaba, era una persona de tez morena y bigote abundante, vestido con ropas oscuras y montado sobre un hermoso caballo negro. Lo que más me impresionó, es que a la luz de la luna los distinguía perfectamente y los ojos tanto del hombre como del caballo brillaban intensamente. Me entró un escalofrío tremendo y me dio miedo, comencé a temblar como gelatina. “¿No me oíste? ¿Estás sordo o qué?” Su voz era gruesa, poderosa, intimidante. No pude responder nada, la lengua se me había hecho nudo. “Deja todo lo que tienes ahí, y lárgate. Sé que te enviaron y que no eres el verdadero responsable. Por esta ocasión te puedes ir, pero no vuelvas nunca más o te arrepentirás”. No se me olvida ninguna de sus palabras, a pesar de los años que han pasado las recuerdo todas perfectamente.

-¿Y quién era el fulano don Pedro? ¿El dueño de aquel lugar?
-Yo creo que sí. No esperé a que me repitiera la orden dos veces, salí corriendo de ahí sin esperar nada más, recuerdo que corrí y corrí, pero casi al pie de la colina volví la cabeza para ver si el hombre seguía ahí. Y no me vas a creer lo que vi.

Yo estaba muy interesado en el relato de don Pedro, así que sin esperar más le pregunté:
-¿Qué es lo que vio?... No me diga, el hombre era un muerto o un fantasma.
- No chamaco, peor que eso. Cuando miré, aún pude distinguir la silueta del hombre montado en su caballo, pero un instante después vi cómo surgió una enorme llamarada que lo envolvió todo, hombre y caballo se fueron desvaneciendo hasta desaparecer.
-¡Ay, don Pedro!, no me diga que era…
-¡Eh, ni lo menciones!, seguro que sí era.
-¿Y qué le dijo su patrón, el que lo envió?
- Cuando le conté todo se quedó callado, sin pronunciar palabra alguna. Luego me dijo que estaba bien, que no me preocupara, que después él arreglaría todo. Que me dedicara a terminar mi trabajo. Dos días después mi sobrino y yo terminamos y regresamos a la casa. ¡Ah!, pero ahí no se termina todo. Como un año después, en una temporada en que había poco trabajo, fui a buscarlo para ver si tenía alguna otra chambita por hacer. Me daba temor acercarme de nuevo por aquel lugar, pero la necesidad es canija, así que fui y pregunté por él. Me atendió un hombre que dijo ser el nuevo dueño de la propiedad, que el patrón anterior había muerto y que la esposa no quiso permanecer en ese lugar, se marchó luego de venderlo todo. Me sorprendió porque el patrón era joven, quizá unos cuarenta años. Tal vez había sufrido algún accidente o algo parecido. Me picó la curiosidad y le pregunté si sabía cómo había muerto el dueño anterior. “Se suicidó, se ahorcó, me dijo, lo encontraron colgado de una cuerda en una rama de aquel pirul que se ve sobre esa colina”. Luego que oí eso me entró de nuevo el temblor de la noche aquella y sin preguntar nada más, me di la media vuelta y me largué.

Don Pedro se quedó en silencio, con la mirada lejana, como rememorando detalles de lo vivido. Se había olvidado del pico, la tierra, el trabajo, creo que hasta de mí. Luego reaccionó.
-Ya basta de cuentos, ándale chamaco, a seguir paleando, que si no, vamos a terminar dentro de mil años y quiero llegar temprano a mi casa.

Texto agregado el 12-07-2021, y leído por 89 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
13-07-2021 Releyendo, noto que las pistas están. Tal vez no le fue tan bien al vecino cuando quiso recuperar su "trofeo". Espero que historias como ésta no sean "cotidianas" en ese pueblo... Clorinda
13-07-2021 Me gustó mucho ese final lleno de intriga. Mialmaserena
13-07-2021 El cuento es interesante y misterioso pero, te digo la verdad: nos dejaste "pagando"... (faltó algún indicio para justificar tremendo final). Clorinda
12-07-2021 —Me cautivó el relato de don Pedro e intrigado me condujo hasta su visión aparentemente satánica ¿O extraterrestre? En cuanto al final propiamente tal del relato supongo que sólo lo sabía y se lo llevó aquel que encontraron pendiendo de una rama del árbol. —Te saludo desde el pirul. vicenterreramarquez
12-07-2021 Entretenidísimo cuento, deja libre al lector para encontrar su propia resolución respecto del final. Felicitaciones, muy bien narrado. Sheisan
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