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El Maestro y su discípulo
Jober Rocha (Cuento de Humor Sarcástico)

En un reino lejano, entre las montañas, vivía un viejo sujeto considerado muy sabio. En una ocasión un aldeano joven y humilde, al encontrarse con él en un camino lateral y bajo la sombra de un árbol, le mostró el deseo de ser su discípulo.
Afirmó el joven que , con gran deseo de aprender todo el que era posible sobre el mundo que le rodea, por el hecho de vivir en ese territorio el momento, las sus oportunidades eran muy limitadas; ya que no tenía libros, ni nadie por maestro que pudiera impartirle conocimientos.
Luego de escucharlo por un tiempo y hacerle algunas preguntas para indagar sobre su nivel intelectual, su carácter y sus metas, el sabio finalmente respondió que lo tomaría como aprendiz.
Sin embargo le advirtió que, antes de que pudiera conseguir su intención, debería someterse a cuatro pruebas: la de Tierra, la de Aire, la de Agua y la de Fuego.
El de la Tierra, según dijo el maestro, consistió en dejarlo preso en una cueva durante varios días para que, en la oscuridad y el silencio de ese entorno, pudiera hacer una seria reflexión sobre la necesidad del ser humano de eliminar la ignorancia y error, supersticiones y prejuicios, que mantienen atrapados el espíritu y la conciencia.
El del Aire - como decía el sábio - consistía en llevarlo a la cumbre de una alta montaña, en un día de mal tempo, para que, en ese ambiente enrarecido y con el sabor del clima, entendiera que la vida, como el aire, está sujeta a continuas fluctuaciones y variaciones contradictorias. El aire, fuente de la vida humana, con sus corrientes, agitaciones y estancamientos, tiene un paralelo con el progreso de los individuos y los pueblos. El progreso es el avance colectivo, que encuentra obstáculos que superar. Como el mal tiempo al que sigue la calma, tras las revoluciones del progreso llega la esperada paz de las instituciones liberadas.
La del Agua - dijo el anciano - consistiría en llevarlo en un bote a alta mar y arrojarlo, por el costado del bote, al océano, atado con una cuerda. El océano, como símbolo del pueblo, aunque inerte en la calma, se agita e interrumpe por el movimiento que les da el viento. Su inestabilidad y furia retratan los crueles caprichos y la venganza de un pueblo desordenado. Sus corrientes son como las de la opinión popular y el hombre patriota, para servir al pueblo, debe arriesgarse a ser aplastado por su furia ciega, como un marinero engullido por las olas del mar.
La cuarta y última prueba, la del Fuego - en palabras del anciano- consistía en hacerle pasar por un fuego cuyas llamas purificadoras traducirían la aspiración, el fervor y el afán de trabajar, con dedicación, por las causas en que se comprometía; principalmente los relacionados con el bienestar de las personas.
El candidato a aprendiz aceptó, sin dudarlo, la condición establecida por el maestro. Terminadas las cuatro pruebas, el neófito comenzó a acompañar al sabio en todo momento del día. Observó cómo se comportaba cuando se trata de personas, la forma en que se comportó cuando se le preguntó , por el señor monarca de esas tierras, por un consejo u opinión y lo escuchó, con atención, cuando habló de varios textos que solía escribir en sus horas vacantes.
Se puede ver que esos textos que escribió el maestro, en su mayoría iban en contra de verdades preestablecidas, reconocidas y adoptadas por los súbditos de ese reino. En una ocasión, discutió ese aspecto del asunto con el maestro. Entonces, escuchó el siguiente argumento: - Mi querido aprendiz, el maestro es el que enseña. Lo que se aprende en alguna ciencia o arte, lo que sirve de base o guía. En la esencia de la reflexión, el verdadero maestro es aquel que es dueño de sí mismo. Alguien con un espíritu diferente, cuya vida tiene el sentido de enseñar, ya sea con palabras, acciones o ejemplos.
Ser un maestro va más allá de la definición misma de la palabra. Es más que un adjetivo, es una condición que se ejerce. El verdadero maestro tiene la tarea de educar, de dar dirección y sentido, tanto para su vida como para la de sus discípulos. Siempre que nos posicionamos contra los conceptos o verdades previamente establecidos, presentando nuevas formas de ver y entender viejos temas, somos blanco de prejuicios, sectarismos y discriminaciones.
Por lo tanto, para seguir siendo un verdadero maestro, es necesario tener coraje, determinación y audacia para desafiar el sectarismo, la ignorancia y cualquier interés contradictorio. Ser aprendiz, a su vez, es ser un investigador incansable, con el objetivo de aprender un poco más cada día. El gran desafío para el aprendiz, sin embargo, es para poner los conocimientos adquiridos a la práctica; en definitiva, convertirse en un maestro. Muchos aprendices, egoístamente, siguen siendo aprendices para siempre. No tienen ni la intención ni la pretensión de enseñar lo aprendido a nuevos aprendices, cortando, por así decirlo, la cadena de transmisión del conocimiento.
Muchos profesores, aunque cumplen la misión de enseñar, siguen siendo también aprendices de por vida. Piensan como aquel antiguo filósofo griego que dijo: - ¡Solo sé que no sé nada! Reconocen a estos maestros - continuó el sabio - que la vida es un aprendizaje eterno y que lo que sea que lleguen a conocer siempre será solo una gota en el vasto océano de lo que se va a conocer.
Por otro lado, hay buenos y malos profesores. No solo en el sentido de que algunos pueden transmitir sus enseñanzas mejor que otros; pero, porque, si hay maestros que enseñan solo virtudes, hay quienes enseñan virtudes y vicios y también quienes enseñan solo vicios.
La evolución, en general, ocurre dialécticamente. La existencia del adversario es necesaria para llegar a la verdad o lo más cerca posible de ella. La tesis y la antítesis son los dos aspectos que hacen posible la síntesis, lo que supone un paso adelante para ambos; es decir, una etapa superior de evolución.
Es por esto que existen vicios y virtudes en el “equipo de supervivencia” con el que los seres humanos estamos dotados, previamente por el Creador, para sobrevivir en un entorno inhóspito como es la naturaleza de nuestro planeta. Es también la razón por la que, intuitivamente, nos damos cuenta de que el Creador es una fuente total de virtudes y una ausencia total de vicios; porque Él, siendo una Entidad perfecta, ciertamente no necesita evolucionar.
El Creador, por otro lado, no estableció ninguna discriminación entre sus criaturas; si lo miramos desde una perspectiva de múltiples encarnaciones o múltiples retornos. Desde esta perspectiva, todos los espíritus tienen, por tanto, las mismas posibilidades de evolución, sin la urgencia del tiempo. A veces naciendo como hombres, ahora renaciendo como mujeres; ahora volviendo sano, ahora volviendo enfermo; ahora luciendo hermosa, ahora luciendo fea; ahora viviendo rico, ahora existiendo como pobre, etc.
Así, se otorgarán las mismas oportunidades a todos, en diferentes momentos y lugares, para extraer de estas múltiples existencias las enseñanzas que les permitan seguir evolucionando continuamente. No debemos desperdiciar nuestras existencias y las experiencias que nos brindan, aprovechándolas en busca de nuestro progreso espiritual. Con estas últimas palabras, el maestro terminó su explicación.
El aprendiz, meditando en lo que había dicho el viejo sabio, pensó para sí mismo: - Si en realidad hay múltiples encarnaciones, puedo, muy bien, dejar el aprendizaje que pretendía obtener en esta, junto a mi maestro. ¡Considerando la perspectiva de la inmortalidad del alma y la infinidad del tiempo, una existencia más o menos no hará ninguna diferencia en la evolución de mi espíritu!
Así que tan pronto como cayó la noche y el maestro se durmió, el aprendiz tomó subrepticiamente las sus cosas y se fue, para siempre y sin ni siquiera mirar hacia atrás, en la cabina que durante tanto tiempo habia compartido con él viejo, tomando la dirección de la taberna, donde escuchó el sonido de la música y voces femeninas.
El maestro, que estaba despierto cuando el aprendiz lo dejó, pensó para sí mismo al verlo irse para siempre: - Realmente, cuando uno es aprendiz, teniendo en cuenta las infinitas perspectivas del tiempo y la inmortalidad del espíritu, todo lo que debe hacerse hoy en día, podria , sin duda, ser dejado para mañana, ya que es esto que la 'sabiduría convencional' siempre ha enseñado.
- ¿Por qué no pensé en eso antes? - lamentó el viejo maestro, escuchando a lo lejos las voces animadas y las risas de los taberneros...


Texto agregado el 25-04-2021, y leído por 33 visitantes. (0 votos)


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