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Recuerdo cuando estuve en el liceo en primero medio, con 13 años era un desalmado e irresponsable.

Tenía buenas notas, sobre todo en los ramos de áreas científicas, matemáticas y físicas. Pero no brillaba porque mi conducta era atroz.
Cada día, y a veces más de una vez en la misma jornada, me anotaban en el libro de clases, ya sea por un comentario poco afortunado o en anotaciones generales, donde caían tanto los desordenados y los no tanto.

A mitad de año mi comportamiento era insoportable. Ya mi madre estaba advertida que si el ritmo de anotaciones diarias continuaba, me aplicarían la tan temida suspensión. Eso era grave porque con un par de suspensiones uno quedaba condicional. Y ese era el primer paso para la expulsión.

Cuando quise moderar mi comportamiento, que ya estaba en crisis, la situación se me puso cuesta arriba. Los mismos profesores y algunas profesoras indolentes me advirtieron que aunque haga esfuerzo en mejorar la conducta mi mala fama finalmente me terminaría sepultando.

Otros me recomendaron que la otra forma de revertir dicha calamidad, era tener anotaciones positivas. ¿Cuántas anotaciones positivas anulan una negativa?

Confeccioné una lista de actividades que se premiaban con anotaciones positivas.

Deportista. Ninguna posibilidad de pertenecer a un club deportivo, máxima distinción a cuyos miembros prácticamente no lo anotaban aun cuando sus desórdenes eran de orden mayor. Insolentes, matones y prepotentes como ninguno, gozaban de esa impunidad.

Después estaban los otros. Paso a describirlos:

"Los semaneros", esos que se quedaban después de la última hora para asear la sala. Corrían los bancos, recogían los papeles y barrían. Que atroz. Descartado.

"Los arrastrados", así los llamábamos en mis tiempos. A los que ayudaban a los profesores, a veces a pasar lista o a llevar el libro de clase o los materiales. Los barreros. Los acusetes. Nunca sería uno de esos.

Los alumnos inspectores. Eran los que acusaban a los desordenados. Cuando la profesora se ausentaba de la sala por un instante, estos se encargaban de anotar quienes causaban desorden. Ni se me ocurrió postular ya que por razones obvias, no sería aceptado.

Banda instrumental de guerra. Ahí me inscribí. A pesar de quedarme todos los días un par de horas ensayando en el patio al aire libre del liceo, hasta las nueve de la noche, con frío y lloviendo y que estábamos dirigidos por unos militares que nos enseñaban a desfilar al mejor estilo castrense, a pesar que yo aun siendo afinado en tocar la trompeta, me daba una vergüenza ajena porque la mayoría eran desafinados y descuadrados para desfilar, más parecía un desfile de orangutanes, y lo peor de todo, eran feos, aun así, a pesar de todo, cosas de niño, lo pasé bien. Finalmente tuve anotaciones positivas.

Algo mejoró el asunto de la fama. Pero no tanto. Siempre que había desorden en la sala, se escuchaba “Rivas, siéntese”, “Rivas, callado”. Y yo estaba tranquilo. En fin.

Una vez no fui a clases, seguramente estaba ensayando en la banda, porque en ese tiempo no se faltaba a clases, llueve o truene, y producto de un desorden exacerbado el profesor junto con anotar a los verdaderos desordenados también me anotó. La fama me pasó la cuenta.

La anotación fantasma, la apodé. Fui suspendido.

Cuando estuve frente a mi padre apenas me creyó que fui anotado en ausencia.

La profesora jefa nos recibió en la misma sala de profesores. Ella comenzó con el sermón de siempre, la cantidad de anotaciones, el desorden reiterado.......

Esta vez mi padre, que no era para nada asertivo, ni bueno para el diálogo, era más bien bruto la interrumpió

_ “Pero mi hijo ese día no estaba”
_ “¿Cómo que no estaba? ¿Qué me está diciendo?”

La profesora se descompuso.

_ “Aquí en el libro dice jueves, a la segunda hora, y está clarito el nombre de su hijo”
_”Peor todavía el error. Si mi hijo no asistió a clase”
_”El profesor de Inglés no pudo haberse equivocado”
_”Antes de venir le pregunté al sargento que dirige la banda y me confirmó que nadie falta a los ensayos”
_”Bueno, no importa. Su hijo fue advertido y se le suspendió por la cantidad de anotaciones”

Se acabó la conversación.

En esos días en septiembre y como es usual en provincia, las fiestas patrias se celebraban con fuegos artificiales. Se podía comprar a granel y sin restricción. Yo les tenía respeto a los petardos. Jamás encendí alguno. Encontraba que la mecha era muy corta y no alcanzaba a arrancar.

Pero si me gustaban los guatapiques. Eran piedritas redondas bañadas en pólvora y envueltas en papel volantín. Si se golpeaba en el suelo detonan con un ruido considerable. Especial para asustar a una víctima distraída.

Un día fui con uno a clases. Se me ocurrió mostrarlo a los compañeros en la sala, mientras estábamos en clase con la profesora jefe.

Paredes agarró el guatapique y lo arrojó contra el piso. Sonó fuerte y la profesora se alteró un poco, identificó quien lo tiró, lo iba tan solo a anotar, pero Paredes se defendió diciendo que él no lo trajo.

_”Quien fue”, preguntó.

Listo. La fama me pasó la cuenta. Debía llegar con mi apoderado al otro día.

En el recreo, en el patio descubierto, estaban prendiendo petardos sin restricción. Yo miraba a la sala de profesores que estaba en el segundo piso y veía a la totalidad de los profesores disfrutando, pero entre ellos estaba la profesora jefe mirándome.

Al otro día mi padre conversó con la profesora, me suspendió y quedé condicional.

En la casa le expliqué a mi padre el asunto de los guatapiques. Que había llevado solo uno. Que no pensaba detonarlo en la clase. Qué Paredes me lo quitó y lo lanzó a propósito al piso. Que a él ni siquiera lo anotaron.

Su reto más grande fue porque seguí tirando petardos en el patio, a la vista de los otros profesores.

_”No” le dije.
_”La profesora dijo que te vio”
_”Si, si me vio. Yo también la miré. Estaba apoyada en el borde de la ventana, con los otros profesores. Pasó lo mismo que la otra vez. Inventaron que yo estaba haciendo desorden y ahora que yo reventaba petardos. Obvio que me vio, si estábamos todos en el patio”
_”Dice que te vio tirando guatapiques”
_”No. Tiraban petardos. Y yo le tengo miedo a los petardos”

Ahí sí. Por fin. Me creyó. Cualquier padre sabe a qué le tiene miedo su hijo. Y sabía muy bien que yo tenía un miedo atroz a los fuegos artificiales en general, más aún a los petardos.

_”Mañana vamos hablar con ella”

Al otro día mi padre en vez de esperar en la sala de espera, se dirigió de inmediato a la sala de profesores. Conmigo de la mano.

_”Mi hijo dice que no tiró ningún guatapique en el patio” – Dijo mi padre.
_”Cómo, si yo lo vi con mis propios ojos” - respondió la profesora.
_Si, Usted estaba mirando desde la ventana del segundo piso, junto a los otros profesores. El la vio, no se estaba escondiendo” – Continuó mi padre.
_”Si, estaba tirando guatapiques” – dijo la profesora.
_”No. Lo que estaban tirando eran petardos. Esos se prenden con mechas y hay que agacharse, prenderlo y arrancar, y él estuvo siempre en grupo con sus compañeros conversando, mirando”.
_”Seguramente les pasó los guatapiques a alguien para que los tirara, igual que en la sala” – dijo la profe, porfiada y muy segura de sí misma.
_”Pero los guatapiques no se encienden” – dijo mi padre
_”??????” -

Ahí mi papi, perdiendo la paciencia preguntó a viva voz

_”Alguien vio si estaban tirando petardo ayer en el patio”

_”Si” - dijeron todos – “Todos los vimos”. Aseguraron.
_”Ve” – profesora – “Eran petardos”

Y de nuevo preguntó:

_”Eran petardos o guatapiques”
_”Petardos” – dijeron todos.

Y esas profesoras que no estaban al tanto de mi mala fama, dijeron

_“Eran petardos. Los guatapiques suenan despacito”

_”Ve”- Profesora – “Además mi hijo le tiene miedo a los petardos”,
- ”Es segunda vez que suspenden injustamente a mi hijo”, “Que sea la última vez”, "Se acabó".

Nos retiramos.

Se extinguió la mala fama.

Texto agregado el 07-04-2021, y leído por 59 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
07-04-2021 tenía algo para comentarte. Lamentablemente el libro de visitas cerrado. Sheisan
07-04-2021 Te voy leyendo, te voy leyendo... y por lo que veo, tu vida es muy rica en anécdotas. jajaja saludos y gracias por compartir algo de humor que tanta falta hace. Sheisan
07-04-2021 Muy amenas las aventuras escolares. Hipsipila
07-04-2021 Un relato muy entretenido. Me gustó que finalmente se hiciera justicia. Me divertí un rato con tu cuento. IGnus
 
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