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En mi país se les llama Tuercas a las personas que le gusta reparar autos y a propósito los compran con problemas. Convierten su jardín en taller. Siempre están con el capó abierto y con las manos, sino sucias de frentón, al menos ásperas de tanto lavarse con detergentes. Son buenas personas, no les queda otra alternativa porque viven pidiendo favores, ya sea para que le aporten conocimiento para resolver un problema mayor o para que les ayuden a empujar cuando el auto está con la batería descargada.

Estos personajes son buenos para dar consejos porque con el tiempo se convirtieron en expertos en reparaciones y de paso, si ya existe una amistad creada por lo mismo, nos dan soluciones con repuestos alternativos, que a la postre es un buen alivio en los gastos y que se les agradece cada vez que ellos desinteresadamente nos lo recuerdan. Se jactan de haber tenidos autos que lo compraron a precio huevo y lo vendieron ya arreglado con un gasto en repuesto bajísimo.

Por mi actividad muy cerca de la ingeniería mecánica, era de mi pleno confort enfrentarme al motor e iniciar primero con un buen diagnóstico, luego desarmarlo ordenadamente, ubicar las piezas en su lugar y con precisión y finalmente, al dar contacto que parta al toque.

Me atraía el uso de las herramientas cada vez más sofisticadas y estudiaba en los manuales de la exactitud de las piezas o repuestos y las recomendaciones del fabricante para que cada pieza calce exactamente en su lugar. Lo que más me entusiasmaba era ver el motor desarmado con sus interiores a la vista y el color del aceite que baña el acero. Ni hablar del olor.

Por imitar a esos pedantes terminé comprando autos antiguos con varios defectos y que había que reparar. Fue un buen desafío y habría continuado en eso si yo hubiese sido mecánico o tuerca de verdad, pero no fue así. Quise arreglarlo pero sin pensarlo mucho lo llevaba a un taller para una reparación completa. A lo más le cambiaba la radio.

La actividad misma no es la desagradable, sino que son los mecánicos que se dedican a este rubro para ganarse la vida y abusan de los clientes descaradamente.

Cuando yo iba con mi auto de segunda o ya cuarta mano a un taller de barrio, a parchar una simple gotita del radiador o la luz izquierda de un foco quemado me encontraba con el dueño del taller que primero alegaba que el auto ya estaba intervenido, o ya tenía un choque, o que había que cambiar esto, lo otro y aquello, lo decía sin revisar. Yo insistía que solo era una gotita, o una ampolletita, pero no, tenía que ser una reparación completa porque él no se hacía responsable de reparaciones ajenas, y tenía que revisarlo entero, porque así como estaba el auto, era para armarlo o parcharlo entero. Así que primero había que hacer un presupuesto.

Para la ampolletita se acercaba el eléctrico, y con esa conducta con el tiempo ya adquiría revisaba los cables, opinaba del distribuidor, bobina, etc. Según él, todo había que cambiarlo.
Después, para el asunto de la gotita del radiador, se acercaba el mecánico, y sin duda había que cambiar la bomba de agua, empaquetaduras y por supuesto el radiador.

Después de negociar un precio que no guardaba relación con la ampolletita o el parche de la gotita, me exigía de inmediato la mitad del precio, según él, para comprar los repuestos y empezar de inmediato.

No había que ser muy astuto para darse cuenta que no era para comprar los repuesto de mi vehículo sino que era para terminar de reparar el auto que ya estaba en el taller hacía días y que a su vez, la mitad recibida por esa reparación era para cubrir los gastos del auto recibido anteriormente. Y así.

Finalmente decidí no ser más tuerca, y me compré un auto nuevo. Que delicia. Nunca más abrí el capó. Nunca más gotas de aceite en la terraza. Nunca más las manos sucias. Y las pocas veces que quedé botado, la grúa del seguro lo llevó directamente al concesionario y salía nuevo o como nuevo.

Texto agregado el 03-04-2021, y leído por 44 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
06-04-2021 Indudablemente un auto nuevo,no tiene parangón;pero es muy productivo comprar autos viejos y arreglarlos.Sacarles más del doble al venderlos y con ese dinero posiblemente comprar otros,arreglarlos y hacer la misma operación. A la larga puede hasta tener un taller mecánico. Todo es cuestión de querer ganar. Ahora si se tiene para un auto nuevo...ni pensarlo.****** Me entusiasme al leerte,escribes y uno se desliza suave por tus letras tan bien relatadas. Un abrazo Victoria. 6236013
05-04-2021 Asi como lo cuentas,me llevaste a los autos usados y el placer del auto nuevo y el seguro.Buen texto!!.Saludos plumi
 
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