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El sonido del agua discurría entre mis pensamientos. Se deslizaba sinuoso como una serpiente líquida. Mientras tomaba mi baño, pensé que era tiempo de cambiar mi rostro. La noche anterior había leído la descripción detallada de una cara marcada por la vida, y nada me interesaba menos que mi empatía la convocara. Buscaría un semblante joven y atractivo para aplicarme al instante. Ya no me extrañaba el poder mental que poseía. Cuando algo me cansaba, lo modificaba de inmediato. Luego me observaba ante el espejo, moldeando alguna parte con las manos y ya estaba lista. Tal dominio me facultaba para realizar cambios en diferentes áreas de mi vida, y en diversos planos de existencia. ¿Cómo la gente desconocía que podía crear su vida tal como quisiera? No se daban cuenta del inmenso poder espiritual que tenían igual al mío. Pero vaya si se aprestaban de inmediato al tratarse de algo material. Casi todos parecían ser simples borreguitos siguiendo al "mandamás" de turno, otorgándole un poder enorme y negando el propio. Pero hasta cuándo?

Sin embargo, el Universo los llamaba guiándolos, enviándoles mensajes, números, mensajes en los libros que leían, en los nombres de las calles, en aquello que algún amigo les comentaba, en la tienda donde acudían. Nombres, números, frases por doquier. Si tan sólo prestasen atención, un poco apenas, si siguiesen a su intuición, sabrían exactamente qué hacer, donde y con quién ir, cuándo, cómo y el porqué de muchas cosas. Pero no, no lo hacían. Caminaban como robots, eran casi máquinas con algunas funciones animales y nada más.

Me preguntaba dónde quedaron sus sueños, sus ideales, hacia qué espacio se fugaron las promesas que un día como almas hicieron sin dudar. ¿Acaso no querían recordar? ¿Cuántos seres se preguntaban por el sentido de la vida y procuraban ser mejores personas?, ¿cuántos cuidaban el Planeta?, ¿a cuántos les importaba realmente dejar un "hogar" mejor que al llegar?

Darme cuenta del destino de la mayor parte de la humanidad, me traía una sensación de profunda desesperanza y pesar. Sin embargo nada podía hacer. La ciudad a esa hora comenzaba a desperezarse. El sol tornaba a derramar generosamente su cálido oro sobre los cristales de los rascacielos. Mientras una lágrima corría reflejando miles de destellos, eché una última mirada a un pájaro que emprendía su vuelo matinal, y me apresté a dirigirme a mi platillo.



Un cuento que es mitad reflexión sobre el destino de la humanidad.

Texto agregado el 14-03-2021, y leído por 136 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
30-03-2021 Tu texto es una profunda reflexión, precesada, como tú, sensible, como tú. Me quedo sin saber bien que decir, así es que copio un extracto de canción que llegó a mi mente al leerte: "Venga la esperanza, venga sola a mí Lárguese la escarcha, vuele el colibrí Hínchese la vela, ruja el motor Que sin esperanza ¿dónde va el amor?". Gracias. gsap
26-03-2021 Los mensajes de nuestro entorno son claros y todos deberíamos escucharlos. Hagamos que nuestra actitud evite un mal mayor. Gracias por este llamado a la reflexión. Clorinda
25-03-2021 Qué bueno es esto que, en principio, parece la reflexión de alguien cualquiera pero con ese final le das una vuelta impensada. Precioso, Delia. Beso enorme. MCavalieri
20-03-2021 Es un cuento realista el que presentas, la vida a tomado un camino dificil de seguir, y más dificil de volver, no sabemos quienes somos, no sabemos discernir lo bueno de lo malo, y otras cosas que nos tendría que mover el cerebro, pero así vamos con esa misma lagrima encendida de desesperanza, gracias mi Diosita.***** Abrazo Lagunita
19-03-2021 Quizás podamos cambiar en parte nuestra faz y la de nuestro entorno, pero comprometerse a provocar cambios en las sociedades, ya es cosa que compete a otros, comprometidos por los grandes consorcios y por los intereses de unos pocos. En este punto ya estaríamos hablando en teoría, pues estamos sujetos a cambios que sólo mejoran las faltriqueras de esos mismos que nos dirigen, nos someten a sus reglas y nos hacen creer que somos libres, no siéndolo realmente. Un abrazo, amiga. guidos
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