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Nuestro quinto beatle- como lo llamaba Tomás- era Ramón Olmedo y lo llamaba así porque pertenecía a la tuna y porque éramos cinco en el piso. A la de Psicología, por ser más precisos.
Algunas veces nos apaciguaba tocando la guitarra, calmando a las fieras. La tuna era, básicamente, una institución medieval en sus últimos estertores, cuya supervivencia, al menos por aquellos lares, dependía un poco de nuestro piso.
Cuando salía con el disfraz y la guitarra, todos le dábamos las bendiciones; pero era traspasar la puerta y no poder evitar descojonarnos los otros cuatro de la risa. Y aunque le sentaba bien aquella indumentaria del medioevo, no era tampoco tal antigualla para tomarla demasiado en serio. Con aquella capa, medias y sombrero estaba bastante fuera de contexto, sobre todo en nuestro barrio, y hasta que no daba con sus compañeros- nos confesaba- no se encontraba seguro. Pero le excitaba el riesgo: ir por allí por la calle con aquel traje anacrónico y la guitarra al hombro.
Las mujeres, por aquellos tiempos, habían ya perdido el gusto por las serenatas, pero se ve que hacían como que les gustaba, contemporizando al igual que nosotros, un tanto forzadas por la tradición y la pervivencia de la costumbre que representaba aquel anacronismo. Pero estaba claro que se trataba de sus últimos tiempos.
En fin- fuera del buen gusto musical- a nadie perjudicaba tal institución que, en tiempos, fuera casi consustancial al hecho universitario. El caso era que teníamos un tuno en el piso y nosotros sin saberlo. Cuando lo supimos fue demasiado tarde. Por lo demás tocaba bien la guitarra y no era magro su repertorio. Y tampoco era demasiada carga para nosotros, pues conforme fueron tomando confianza, empezaron a acudir en rendevous al piso. Entonces Rebolledo sacaba el sable- uno de juguete que le había tocado en una tómbola- y los intimidaba un poco. Pero pronto descubrieron la engañifa y dejaron de entrar al trapo.
Aunque, bien pensado, qué no era medieval; en qué habíamos avanzado- nos decía el profesor de metafísica-, cuando irrumpieron el último día de clase antes de las vacaciones navideñas de aquel año, con rosquillas, vino dulce y el “clavelitos”.

Texto agregado el 17-11-2020, y leído por 36 visitantes. (1 voto)


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