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Inicio / Cuenteros Locales / jaeltete / EL SEÑOR ODOÑEZ Capitulo 4

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L a oscuridad de la noche presagiaba una mañana diferente, podía verla a través del ventanal mientras tomaba un vaso de agua en la cocina víctima de su insomnio. Después encendió un cigarrillo, de esos que guardaba por si acaso, habia dejado de fumar hacía mucho tiempo, el jardín fue refugio de sus pensamientos, pero solo logro angustiarse aún más.
Casi sin darse cuenta tomo un abrigo, abrió muy despacio la puerta para que Michel no la escuchara y camino por la calle hasta llegar a la estación.
Un banco en el andén y nuevamente otro cigarrillo. Recordó aquella mañana que habia llegado a Santa Catalina, de no haberlo hecho se preguntó como seria hoy su vida, pero una vos interrumpió sus pensamientos.
-No sé de vuelta, soy el que deambula en las calles de este pueblo y continúo diciendo-Tranquila no se asuste, no son horas para que una mujer este en este lugar, puede ser peligroso señora.
- ¡Quien es usted! exclamo Julia aterrada
-Los trenes vienen y van. Llevan y traen personas. Pero no es aquí donde va a encontrar lo que está buscando.
- ¡Usted que sabe! su vos sonó aterrada
-Quizás más de lo que se imagina y se marchó como un fantasma, perdiéndose en la noche.
La figura desconcertada de Julia quedo en el andén mirando como un hueco profundo se pronunciaba justo en el lugar por donde aquel extraño habia desaparecido.
Al llegar a su casa comprendió el error que habia cometido, temblaba tanto que tuvo que sostenerse en el sillón, creyó desfallecer, luego se sentó y respiro profundo.
Finalmente pudo dormir, al día siguiente su esposo debió llamarla varias veces.
***

¡No sabía que ponerse! Quería impresionar. Sacó todo lo que tenía. Nada la convencía. Hasta que eligió algo para un día de campo. Se maquillo suave, recogió sus cabellos y eligió uno de los dos perfumes, opto por el que le regalo Michel.
Se observó en el espejo y quedo conforme.
Se dio cuenta que su mirada ya no tenía el brillo del día anterior. Ahora estaba preocupada, sabía lo que vendría. Esta vez sería muy difícil de manejar, ni siquiera ella sabía cómo lo haría, ni con que se encontraría. Pero ya estaba metida hasta los huesos en una historia que parecía no tener fin.
También le llegó la imagen de aquel hombre extraño que vio en la noche. Se preguntó quién sería. Su presencia en su vida la perturbaba, presintió que era alguien más que un simple pordiosero.
Bajo las escaleras y allí estaba Michel con los niños ya vestidos. Habían hecho un buen trabajo, estaban impecables. El hombre le ofreció su brazo, ella quedó mirándolo, siempre atento a todo lo que ella necesitaba, hasta sus caprichos, su melancolía, para ella era muy importante su presencia. Al mismo tiempo le daba pena porque seguramente él no imaginaba quien era ella, ni todo lo que estaba por acontecer.
La finca estaba bastante retirada del pueblo. Debido a su ansiedad por llegar, el viaje se hizo mucho más largo.
El camino de ingreso estaba rodeado de pinos, y ya se divisaba una fuente de agua, en la que una estatua lucia imponente y de pronto la casa Colman.
Descendió del auto y se quedó allí observándola como si la estuviera esperando, como si guardara tantos secretos para que ella los descubriera, desafiante, imponente y misteriosa
- Aquí estoy he venido para saber que ocultas detrás de tus paredes-pensó
-Su esposo la tomo del brazo y la llevo escaleras arriba. El portón de madera era muy grande y tallado, un lujo que continúo al ingresar. Para su sorpresa no los recibió un mayordomo, sino Andrés, el hijo menor. Muy amable los condujo al living donde estaban sus padres
La señora estaba sentada en un sillón de color rojo de cuero mientras que el hombre se encontraba parado a su lado. El matrimonio y los niños se sentaron frente a ellos comenzando la aburridísima charla de bienvenida.
Estuvieron así por espacio de media hora. Julia ya no los soportaba, fue entonces cuando el señor le pidió a Andrés que la llevara a conocer la casa.
Había lujo desparramado por todas partes, esa fue le impresión que le quedo. Lo primero que vieron fueron los cuartos de arriba. Eran muy grandes, en los pasillos había sillones, pequeñas salas de estar que iban separando los ambientes. Bajaron. Cuando entro a la sala de fiestas quedo impactada, fijó su mirada en la araña de techo cuyos cristales parecían una cascada de luz, amplios ventanales rodeaban el amplio salón, un piano y muebles de época relucían sobre el piso de mármol.
Luego fueron a un largo pasillo donde estaban los retratos de todos sus familiares. Andrés en tono de burla decía -mis antepasados -y comenzó a reírse de algunos de ellos. Eran realmente feos, a cada uno le había puesto un apodo, su sentido del humor lo hacía agradable a los ojos de Julia, quien iba cambiando la imagen que tenia de él.
Siguieron la recorrida hasta llegar al jardín de invierno donde las plantas de interiores y los helechos, sus preferidos, eran uno más bellos que otros, fue entonces cuando apareció ella, Catalina.
-¡Julia Iriarte en nuestra casa!. Tú eres la esposa de Michel. No nos conocimos en un buen momento al menos para mí. Pero bienvenida a la mansión Colman. Como veras aquí todo es bello y eso que todavía te falta mucho por recorrer, ven conmigo, aléjate del aburrido de mi hermano, te llevare a las caballerizas, alguna vez vistes alguna, pues estas son increíbles, ya verás.
Andrés se retiró con una sonrisa y ella se quedó mirándolo como se marchaba.

Mientras observaban los caballos y el lugar, Catalina le dijo
-Julia Iriarte, un cuento de hadas, ¿cómo es eso? la niñera se casó con el patrón, debo reconocer que te hacia vulgar y fea, no creí que fueras tan atractiva.
-Así es, no todas las niñeras tenemos que ser feas ni casarnos con nuestros patrones, pero el destino a veces es de novela.
-Sabes yo paso poco tiempo aquí, en realidad cuando no estoy en Europa, estoy en la ciudad pintando cuadros…rostros, como el tuyo, que por cierto es muy bello -lo dijo pasándole los dedos por sus labios, Julia se sintió incomoda, pero ella era así.
-Cuando quieras puedes hacerlo-la oportunidad para estar en la casa más tiempo pensó.
-De veras, empezamos mañana, te parece.
No alcanzo a decirle que si cuando una empleada, les aviso que el almuerzo estaba listo, acortaron camino por los amplios patios y ya se encontraban en el comedor, todos estaban allí.
Claudio la saludo muy amablemente, vio a los niños sentados junto a Andrés
-Tienes unos niños encantadores julia, los lleve a ver los perros y quedaron fascinados.
- ¡Oh! de veras ¿y tienen muchos? -pregunto.
- ¡Quince!
- ¡Oh, Dios mío! -exclamo sorprendida
-Si sigo así pondré un criadero, pero no aquí, no creo que a mi madre le agrade. -todos reían, los niños comentaban sobre los perros pequeños que habían visto y que querían uno, a lo que Julia dijo que no, no le gustaban los animales.
-Un pastor alemán, es siempre un perro de compañía y muy guardián, Julia acéptelo, no se arrepentirá-dijo don Colman.
-No se señor tengo que pensarlo, me toman de sorpresa, ya veremos-dijo un tanto molesta porque ya se veía con el perro en su casa, solo por complacerlos.
-Julia no se arrepentirá, -dijo Claudio que al igual que su padre la miraban de una manera que la hacían sentir incomoda, pero quizás esa era su manera de ser, solo que la soberbia de estos dos hombres no le agradaba, no ocurría así con Andrés, que, si bien al principio no le había caído bien, ahora le resultaba un joven agradable.
- ¡Y, que le pareció la casa! -pregunto la señora, sin pestañar. No había dejado de mirarla un instante desde que llegó.
- ¡Es muy grande su casa señora! Toda una dinastía-contestó sin bajar la mirada.
- ¡Y, es una dinastía! Habrá visto los cuadros del pasillo familiar…
- ¡Mamá! podrías comparar con otra cosa - comento Andrés -sobre todo la cara del antepasado don Estanislao con solo verlo de noche salís corriendo por el pasillo -y echo a reír y todos hicieron lo mismo.
- ¡Hijo tú siempre el mismo! No le hagas caso Julia, él es así.
-Por lo menos es sincero - pensó.
Continuaron conversando hasta que Julia hizo la pregunta obligada, ya no aguantaba más
- ¿Usted tiene otra hija señora?
-Mi hija Lili. Ella está descansando en su cuarto. -noto que hubo un silencio y cierta tensión-
-Mi hermana es poco sociable. ¿Verdad mamá? -dijo Catalina.
-A Lili no le gusta demasiado hacer sociales y más aún cuando no conoce. No faltará oportunidad para que usted la vea-comentó la mujer.
Después de ese día, Julia y su familia se retiraban de la casa Colman. Ella con la promesa de volver al día siguiente. Posaría para Catalina.


Texto agregado el 22-09-2020, y leído por 52 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
15-12-2020 De a poco voy agregando capítulos,en cada uno se renueva la intriga....Ahora la Lili... hgiordan
02-11-2020 Excelente trabajo amiga querida. Te expresas tan bien y mantienes al lector en un suspenso casi difícil de nanejar***** Seguiré ...***** Un abrazo Victoria 6236013
08-10-2020 Sigamos, que continúo hojeando esta novela de misterio e intriga. Un abrazo. guidos
01-10-2020 La historia continúa muy interesante. Me intriga el hombre misterioso que Julia encuentra en el andén de la estación. Seguiré leyendo tu novela, amiga. Voy lento, pero avanzo. maparo55
27-09-2020 Me encanta la manera en que mantienes el suspenso: la escena de la estación de trenes con el posible vagabundo y las pretensiones ocultasde Julia, quien ya logró acercarse a los Colman, veremos qué sucede cuando sirvade modelo para la pintura. Tefelicito, querida. Sigo... gsap
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