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E l señor Ordoñez capitulo 2
Pasaron dos años, Julia trabajó un tiempo como mesera en el restaurante del pueblo hasta que conoció a un joven abogado. Por ese entonces Michel Preshe había llegado de la ciudad para trabajar en los viñedos de los Colman, este le propuso trabajar como niñera en su casa, ya que era viudo y tenía sus hijos con la madre de su esposa, pero quería tenerlos con él, así fue como la muchacha aceptó.
Al tiempo de trabajar en su casa, el hombre se sintió atraído por la belleza de Julia, no paso mucho tiempo en que se convirtió en su amante y hace exactamente tres meses se casaron.
Su esposo es alto, rubio, de ojos azules, elegante y bien parecido. Sus hijos Gisela y Tomi, de ocho y seis años respectivamente, rubios como su padre, bellos y tranquilos, quieren y respetan a Julia.
Todas las mañanas en la casa es una rutina familiar, Julia sirve el desayuno, comentan lo que harán durante el día, luego Michel llevara los niños al colegio y al rato llegara la mujer que ayuda en los quehaceres de la casa.
- ¡Vamos niños! ¡Vamos! -dice Michel, apurándolos- Se hace tarde, hoy tengo un día muy complicado en el estudio y después tengo que ir a la finca de los Colman, así que no vengo a almorzar.
Da un beso a Julia en los labios y sale, ella, alcanza a decirle a los niños, qué no se olviden la tarea que prepararon anoche, a lo que los niños le responden abrazándola
-No Julia, todo está en orden-dice Gisela
- ¡Vamos! papá ya está en el coche, nos va a dejar-dice Tomi.
De pronto, todo es silencio, Julia se queda quieta y mira a su alrededor, la estremece tanta quietud. El timbre la saca de ese estado de melancolía, llegó doña Coca la empleada, que grita en vez de hablar.
- ¡Buen día, buen día! -dice tomando las tasas del desayuno, torpe y apurada, dejando su abrigo en una silla empieza a trabajar
-Creí que no llegaba, bueno la señora ya sabe que va hacer de comer porque tengo una receta que me pasaron…
-Haz lo que quieras Coca, mi marido no come aquí, somos nosotras y los niños.
-Bien señora, ya verá que le va a gustar...-
-Voy a salir-otra vez la interrumpe y la deja hablando sola.
Se dirige a su habitación. En el espejo se maquilla pensativa, es un rasgo de su personalidad, siempre está pensando, volando, ausente, luego se cambia y sale.
Ya en la calle se da cuenta que hoy será un día de tierra infernal, las calles del pueblo son de guadal, tiene la sensación de estar mascando arena, el viento la envuelve, sus cabellos se despeinan, tiene que agarrarse la pollera porque se le vuela, no hace más que protestar, es un día para quedarse en casa.
Llega a la estación, se sienta en un banco de madera que está en el andén. Esto lo hace todas las semanas. Espera la llegada del tren, ve la gente subir y bajar, después se levanta y se va caminando hacia el centro del pueblo.
Las dos cuadras del centro son muy particulares, están a continuación de la plaza y son peatonal, muy raro en un pueblo. Fueron hechas por los Colman. Según dicen para que la gente del lugar y de los pueblos vecinos se distraigan, ya que se sientan en bancos que se encuentran en el centro de la calle o bien en mesas que el bar ha puesto en la vereda. De tanto en tanto unos arcos cargados de flores y helechos. Es muy placentero caminar por allí. Por las mañanas las mujeres se cruzan y comentan.
A Julia la conocen todos, es muy querida en el lugar, solidaria, sencilla y afectuosa con la gente. Todos la saludan.
Compra en el mercado. Al salir la ve. Cree conocer a la joven que se le cruza, pero no está segura. Es rubia, de cabellos rizados, ojos azules, un tanto rara, no sabría que calificativo darle ya que le parece infantil y algo tonta. Acompañada de un hombre que la sigue, parece un empleado, su chofer o algo así. Lleva muchos paquetes, se queda observándola y le llama la atención una botella de whisky que se deja ver en una de las bolsas. La joven pasa a su lado sin notar su presencia. Se va hasta desaparecer. Ya no la ve, queda impactada, jamás pensó encontrarla allí, que se le apareciera así de la nada, como si estuviera destinada que ese sería el día, porque tenía que ser ella, no podía ser otra, tenía que ser Lili Colman.
Para sacarse sus dudas, nada mejor que la peluquería del pueblo. Helenita la única peluquera en el lugar, una rubia despampanante, joven y muy hermosa. La que definía su trabajo como el confesionario de Santa Catalina, quien no paso por allí y le conto su vida. Si, seguramente ella le dirá lo que quiere saber.
Su aspecto no era muy agradable cuando ingreso. Entre el viento y lo que había visto, hiso que Elenita exclamara
- ¡Por dios mujer! que aspecto tienes, ni que hubieras visto un fantasma- a lo que Julia respondió,
-El viento y la tierra me tienen mal, es un día insoportable. Mira mi cabello, a ver que puedes hacer.
Mientras le lavaba la cabeza, hablaron de los festejos del pueblo que estaban por realizarse en los próximos días, pero ni bien tuvo oportunidad Julia le pregunto.
-Hoy vi en la calle a una joven muy extraña. No la había visto antes, rubia, de cabellos rizados, ojos claros, la seguía un hombre-
-Vistes a la tonta de Lili Colman. Sólo ella puede ser así. No sale nunca, o mejor dicho no la dejan salir.
Ese nombre la puso nerviosa, suponía que era ella, pero se lo estaban confirmando.
-Es la hija de los Colman. La que se casó aquella noche en la que murió su esposo. Nunca un matrimonio duro tan poco. Dicen que la pobre está enferma, es media aniñada, como si tuviera un retraso, algo así, esta siempre medicada. Muy rara vez sale, parece que a la familia le da vergüenza, por las voludeses que dice, pero bueno, los ricos son así. Tienen cuatro hijos, Claudio es el mayor, soberbio y ambicioso como su padre, Catalina alcohólica, Lili enferma ya te dije y Andrés vago, cría perros, lo que se dice un bueno para nada. Catalina y Andrés son tratables, por lo menos son sencillos. Pero al mayor no lo puede ver nadie en el pueblo.
- ¿Ella siempre estuvo así? o fue después de lo que le paso-pregunto Julia a la que la curiosidad la obsesionaba ya que no sabía que esa mujer pudiera estar enferma.
- ¡Siempre! de antes de casarse. Por eso nadie entiende porque el señor Ordoñez se casó con ella. Seguramente por el dinero, quien quiere cargar con algo así.
-Y ¿Ordoñez? quien era, digo, era del pueblo
- ¡Noo!, nada que ver, era un inversionista. Había llegado aquí hacia un tiempo y mira como terminó. Dicen que la familia tapo todo con dinero, por miedo al escándalo, había mucha platita en juego, vos sabes, son empresarios y aquí no pasó nada. No te das cuenta que ni el pueblo hablo más, tienen miedo, son muy poderosos-
-Y si me imagino-dijo por decir algo,
-Pero tu esposo trabaja con ellos, seguramente podrá decirte algo más. Aunque bueno a vos que te puede importar la loca esa-comento la desenfadada de Elenita, a la que no se le escapaba una.
-No si, en realidad… bueno solo me llamo la atención, por eso te pregunte. Aunque con mi esposo no hablamos de su trabajo-dijo como para salir del tema.
-Haces bien. Además, que vas a hablar de trabajo con el bombón que tenés por marido, yo haría cualquier cosa menos preguntarle por los Colman.
Julia estaba radiante nuevamente. Ya sabía lo que tanto la intrigaba. Solo restaba esperar. Saludó a Elenita y se marchó.
Llegó a su casa perturbada. La imagen de Lili Colman le había quitado la calma. Quito sus ropas y se metió en la ducha, lo hacía siempre que los recuerdos no la dejaban tranquila. Estuvo allí un buen rato, el agua la relajaba, después, se puso una bata y se acostó. Durmió un buen rato. Ni siquiera escuchó llegar a los niños que fueron atendidos por doña Coca. Hasta que siendo ya la tarde llego su esposo, dijo no sentirse bien.
Después de ese día, Julia estaba nerviosa, irritable. Discutió con su esposo en el desayuno, estaban los niños presentes y no fue bueno para ellos.
Comenzó mal el día. Salió a caminar hasta llegar a la estación de tren. Recordó lo sucedido aquella noche cuanto Lili Colman se casó con el señor Ordoñez y, una vez más la imagen del día anterior cuando se la cruzo en el centro del pueblo.
De pronto lo vio. El mismo pordiosero de siempre estaba allí. Solía cruzárselo a la vez que ella iba a la estación. No hacía mucho que deambulaba en el pueblo, se lo veía joven, de cabellos largos, castaños, barba, un sombrero que tapaba su rostro, ropas viejas. Hurgaba en unos cajones buscando vaya a saber qué. Le dio impresión ese hombre, trato de no mirarlo. Después vio cómo se alejaba, con su espalda encorvada y rengueando de una pierna. Volvió a su casa, su esposo estaba molesto, la recibió serio, en realidad era rara su actitud, porque ella nunca se había comportado así, siempre estaba tranquila y de buen humor.
Pidió disculpas a Michel, le dijo que no sabía porque estaba así, a lo que él le contesto que viera un médico.
Después todo volvió a la normalidad. Al menos ella trato de disimular que todo estaba bien.
Al día siguiente fueron de compras y almorzaron en el restaurante, donde los atendió Amalia, la mesera que hacía treinta años que trabajaba allí, y que fuera su compañera, ya que había trabajado en ese lugar, donde conoció a Michel. Intercambiaron algunas palabras, comieron y fueron a su casa donde pasaron la tarde en familia. Hicieron algunos arreglos y como era sábado se prepararon para ir al cine por la noche, la única salida en un pueblo aburrido.
Doña Coca se quedó a cuidar los niños. Lo hacia todos los sábados por la noche para que el matrimonio pudiera salir.
En el cine Julia no podía concentrarse en la película, estaba molesta, quería irse. Cuando llego el intervalo todos salieron a fumar y a charlar. Los hombres se reunían por un lado y las mujeres por otro. De lo único que hablaban era de los preparativos para los festejos de la fiesta del pueblo.


Texto agregado el 22-09-2020, y leído por 87 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
27-11-2020 ...Ahora se agregó un personaje para aumentar nuestra intriga...Ya vemos cuál será su incidencia de este vagabundo. Tu relato es muy ágil, te felicito. hgiordan
07-10-2020 Se las trae esta novela, con muchas cosas por resolverse todavía. Continuamos. guidos
03-10-2020 Ne has atrapado con este segundo capítulo. Me gusta mucho como vas relatando. Es un gusto leerte?***** Un fuerte abrazo Victoria 6236013
26-09-2020 Muy interesante la continuación, Estela. Voy apenas por este segundo capítulo, pero continuaré con tu relato. maparo55
24-09-2020 Pueblo chino infierno grande dice el dicho.... Sigue lindo el relato. Vaya_vaya_las_palabras
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