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Recuerdo que varios años atrás, la inefable Sra. D llegó a Dubai de madrugada, procedente de Madrid, volando por Qatar Airways. Tenía cierto recelo de ir, pero tanto le habían hablado y tantas maravillas había visto en fotos, que soñaba con estar ahí.
Imaginaba visitar la Isla de las Palmeras, esquiar y comer una fondue en el Mall de los Emiratos ¿a quién se le ocurre tener nieve a un paso del desierto? jajaaa... esta vez se iba a divertir a lo grande.
Si dudaba un poco todavía, era por haber sido casi secuestrada una mañana hacía tiempo, en la ciudad de Acra. Era un jueves, día de mercado de blancas, y a un señor muy árabe se le ocurrió enamorarse de ella (o algo así). Ofreció por la joven casi cien camellos, veinte ovejas y ya no recuerdo cuántos animales más, pero por suerte su padre venció la tentación de venderla.

En cuanto llegó, tomó un taxi hacia el edificio Bur Dubai, ya tenía la reserva y todo planeado al milímetro. ¿Acaso no les comenté que ahora estaba mucho más organizada? Pagó al taxista con veinte Dirhams y le dijo -Ma'a ElSalama– sintiéndose Sherezade en Las Mil y Una Noches, claro que el hombre jamás imaginó que era lo único que sabía y todo lo que le costó a la pobre señora aprender eso, sin que se le trabe la lengua. Su habitación incluía una piscina para su uso exclusivo, podía dejar con la boca abierta a cualquiera y más aún a la señora de marras. Paseó por los mil quinientos metros a puro lujo, y se tomó un descanso para recorrer los restantes mil quinientos metros. La invitación había provenido de alguien que no conocía, un tal Sheikh Manzuur que la había contactado enviándosela por Jet privado.

Cuando acomodó todo, se dio un baño refrescante y prosiguió a destapar las diversas botellas del bar, a fin de conocer las bebidas autóctonas y representativas. De tales bebidas no consiguió ni la muestra, todas eran internacionales y archi conocidas por nuestra querida señora.

Ya bastante achispada, se puso un vestido largo de cocktail y salió de su pequeño palacio. Averiguó la manera más rápida y cómoda de cruzar Dubai Creeck y tomó una de las Abras. En la barca se mojó de lo lindo, pero estaba de paseo, un maravilloso paseo regalo de alguien ignoto ¿qué más se puede pedir?

Fue derecho al Zoco de las Especias, dentro el olor era tan fuerte que se mareó y por poco cae redonda al piso. Decidió entonces ir a uno menos peligroso y partió rumbo al Zoco del Oro, no se lo podía perder. Quedó en puro éxtasis al recorrer los cientos de joyerías abarrotadas hasta el techo de joyas. Una persona disfrazada de mendigo se le acercó para decirle que podía tomar las que quisiera, por orden del Sheikh. Ni lerda ni perezosa, la Señora D llamó a un camión Liebherr, vaciando varios negocios y pagando con los cheques que el supuesto mendigo le iba alcanzando sin chistar. Luego envió todo el cargamento al lugar donde estaban los cientos de trabajadores llegados de Pakistán, India, Nepal y Bangladesh, viviendo en condiciones precarias, y en algunos casos verdaderamente espantosas. Conocía bien la otra cara de Dubai, aquella que no se muestra. Sólo se quedó con una cadenita para colgar su cristal favorito.

Ahora se encontraba en la cumbre de la felicidad!!! ¿Qué podía salir mal en ese viaje soñado? Feliz, exultante, paró en un puesto para degustar de parada nomás, un bocadillo parecido al Kebab. Chorreando grasa por el bocado, se la veía a la mujer con sus ojos enormes como sino pudiese creer semejante fortuna. Un té dio el punto final a su recorrido y se marchó a descansar. Estaba agotada por tantas emociones.

Cuando entró al apartamento, se puso cómoda y salió a su balcón privado con vista al mar, entonces se prometió a si misma ser más atenta y cuidadosa, no tan alborotada como de costumbre. A veces ser así, le traía cantidad de problemas y decidió que ser un poco mejor cada día, era su manera de agradecer a la vida por sus regalos. Radiante con ese pensamiento firme en su mente, se acostó quedando casi de inmediato dormida.

Eran las cuatro de la mañana cuando una voz estentórea y autoritaria casi como un ladrido, la despertó:
- Arriba, arriba!!!-
-¿Qué? – le pareció que recién se quedaba dormida.
-Soy yo, el Sheikh! -quiero que te vistas para entrenar a mi equipo el Manchester City– siguió ladrando la voz.
-¿QUÉ COSA??? –preguntó la pobre que apenas podía abrir los ojos.
-Ya me escuchaste– Basta de vagancia! –le respondió esta vez con dos guau!
-Pero señor, usted se equivoca, no soy entrenadora de fútbol, ni una experta en esas cosas – ¿De donde sacó semejante idea? –
-Conozco tus cualidades, ya me contaron cómo mejoraste la salud de Fidelito y por si fuera poco, mandaste órdenes telepáticas a Chávez que pudo estar ahora gracias a tu impresionante ayuda, más de tres días hablando sin parar, dando sus discursos y ni siquiera necesitó ir al baño!– respondió ya más ablandada la voz –Está rozagante como una sandía lustrosa, hinchadito y reluciente – exclamó feliz de la vida, y completamente tiernizado como pollo antes del horno.
-Pero usted está pidiendo que entrene a un equipo de fútbol, algo totalmente diferente– contestó ella desperezándose, aún algo adormilada.
-Lo que quiero es que motives al equipo para ganar la Copa del Mundo próximamente– dijo él como si fuese lo más normal.
-Ah, bueno, si se trata nada más que de eso, está bien– contestó ella con alivio, poniéndose un deshabillé de gasa bordada y sonriendo por dentro ya más sosegada– Eso es un juego de niños al lado de otras cosas que se lograron-
- ¡¡¡Entonces en una hora pasarán a buscarte y aclaro que como no cumplas y mi equipo pierda tres campeonatos mundiales sin ser el mejor en cada uno de los tres, serás apedreada hasta morir en la Plaza pública!!! –
Escuchar eso y por poco desmayarse fue una sola cosa.

La dejó ahí al borde de un ataque, y se fue dando un portazo, llevándose la tarjeta magnética.
Ella, desesperada, probó la puerta pero se dio cuenta de la imposibilidad de abrirla. Además estaba segura que todos tenían órdenes para que nadie la socorriera. Corrió hacia la ventana más próxima para ver la posibilidad de escapar. Los vidrios polarizados permitían ver todo claramente. Se encontraba en el piso 525 de la Torre, no le era posible ni quería, mirar hacia abajo...Las ventanas estaban clausuradas por temor a algún suicidio imaginó, imposible abrirlas. Se le ocurrió entonces llamar al Room Service, donde pidió un desayuno completo. Al tocar la puerta, le dijo al cadete que abriera con su Tarjeta Universal, ya que no encontraba la suya. Cuando entró con el carrito, lo saludó, firmó y en cuanto se hubo marchado, lo siguió sin que se diera cuenta. Bajó casi todos los pisos prácticamente volando llevada por la desesperación, pero al llegar al piso número veinticinco escuchó voces de un pequeño grupo de gente que subía. En ese momento, tomó aliento y saliendo por una ventana abierta gracias a Alá, aferrándose como pudo trepó hacia arriba, a la azotea. Estuvo en un tris de caerse todo el tiempo, fue agarrando cada cable, cada pedacito de cemento donde podía hacer pie, impulsándose hacia arriba, siempre hacia arriba. Comenzó a juntarse gente en la vereda y frente a la Torre, pensando que se iba a tirar, así que se llenó de gente señalando el punto donde se encontraba. Todos comenzaron a sostener la respiración. Un poco más tarde, cuando vieron que iba a ser difícil que llegara por algunos pequeños tropezones y varios topetazos, se largaron a apostar si se caía o no. Poco antes de arribar, se fue la mayoría bastante desilusionada debo decir, porque no iba a haber suicidio por lo visto, ni siquiera un miserable accidente, la mujer tenía una fuerte musculatura, qué se le va a hacer. Cuando finalmente arribó, se dejó caer rendida de cansancio. Hay que reconocer que tampoco era una muchachita para andar haciendo tantas piruetas. En eso escuchó el motor de un helicóptero inmenso que sobrevolaba la ciudad. Corrió a hacerle señas, más que por ella, lo que llamó la atención del piloto fue la gasa blanca sacudiéndose al viento. Maniobró el helicóptero hasta llegar a pocos metros de donde se encontraba la mujer. Y desenrolló una escalera; ella, sujetando el vuelo del deshabillé, se agarró de la escalerilla. En cuanto esto sucedió, el helicóptero emprendió el vuelo paseándola por toda la ciudad, hasta llegar a la Isla de las Palmeras que era su destino final. Dejó antes a la señora y luego aterrizó sin novedades.

La Señora D corrió a buscar un yate, barco o lo que fuera que pudiese llevarla bien lejos, lo más lejos posible de Dubai y su Sheickh. Los astros estaban a su favor, ya que encontró un viejo bergantín de una Academia Naval que estaba por los alrededores, cuyo capitán aceptó llevarla a cambio de un curso de Control Mental.

Por la radio del capitán, se enteró que estaba siendo buscada por toda la policía para ajusticiarla, ya que durante el vuelo la gasa se levantó mostrando su bombacha a todo aquel que levantara la vista.

Entre ese atrevimiento sin nombre y la escapada, su vida hasta no estar a salvo no valdría ni medio Dirham. Ya en alta mar, escuchó que el Sheickh pensaba castigarla dándole cien latigazos para luego lincharla públicamente, pero antes se había batido a duelo con el Príncipe Tamim Binún Hamadí Al Thani de LoQatar para saber quién disfrutaba de ella y de sus saberes infinitos... En realidad la “batida a duelo” fue durante una partida de Póker. Ganó el Sheickh.

Transcurrieron los días serenamente, cuando un amanecer estando en cubierta, descubrió nuestra protagonista, un barco a lo lejos. Forzó la vista para ver la bandera y le pareció descubrir una calavera con dos tibias cruzadas debajo. Pero claro, ésa es otra historia.



Última noticia: La Sra. D acaba de enterarse que hoy 30 de Agosto, es el cumpleaños de una de sus admiradoras más fervientes, Élida, nuestra querida yosoyasi ! Por lo tanto la felicitamos y le dedicamos esta aventura muy especialmente deseándole la mayor felicidad!!! A festejar!!!

Texto agregado el 30-08-2020, y leído por 168 visitantes. (26 votos)


Lectores Opinan
09-10-2020 La sra D tiene una vida extravagante y aventurera, es un placer seguir sus aventuras que transportan en el tiempo y el espacio. ¡Excelente! Martilu
24-09-2020 me ha enganchado desde el primer momento...texto agil y descabellado...felicidades silpivipiapa
09-09-2020 Ja, ja, un relato hilarante, construido con sagacidad y tino. Muy bueno. La señora D es todo un caso y una verdadera heroína. Besos para ti, querida Delia. maparo55
06-09-2020 Mi querida Delia me pareció estar viendo a la mujer maravilla saliendo de tu cuento jajaja un besote. ome
06-09-2020 Diosita, la Sra. D es y será una gran aventurera, sus hazañas la hacen encantadora, gracias por traerla. gsap
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