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Recuerdos del pasado.
Hoy, mis recuerdos de la infancia han vuelto y no todo fue grato, aunque como toda niña, tuve momentos alegres, la mayoría no lo fueron.
Aunque han pasado más de cincuenta años, los recuerdos me llevan a la época en que tenía diez, me veo junto a mi padre, a mi madre y a mis dos hermanos varones, en el pueblo, en aquella mísera casa de apenas dos dormitorios para todos, fueron tiempos muy difíciles, mi madre no era una mujer alegre ni siquiera cuando estaba con nosotros, los vecinos no la querían y mi padre siempre fue muy sumiso si ella estaba presente, no podía entender por qué jamás nos defendía, aunque ella no nos maltrataba ni física ni verbalmente, su mirada bastaba para que hiciéramos lo que ella decía.
Mi padre era constructor, la verdad es que no un constructor con título ni nada de eso pero era el único en el pueblo que podía construir las casas de madera y por lo tanto con eso se ganaba la vida aunque el pueblo era tan pobre que difícilmente conseguía hacer alguna casita pero sí se dedicaba a arreglar las viejas casas que formaban aquel pueblito olvidado de la mano de Dios.
Al cumplir mis diez años me dijo que el regalo que tenía para mi, aún no estaba hecho pero que muy pronto comenzaría a construir una casa para nosotros, con tres dormitorios y una amplia cocina y todo lo que se necesitaba para que pudiéramos vivir como Dios manda.
Teníamos un camión que usaba para su trabajo, era bastante viejo pero funcionaba y en él solíamos ir al pueblo vecino a hacer las compras que nos servía para viajar todos juntos y pasar una tarde fuera de nuestra casa.
Y el día llegó, me dijo que quería que lo acompañara a hacer algunas compras y eso me encantaba quizá porque nos teníamos un cariño muy especial, cuando estaba con mi padre era otra persona, con él podía ser feliz, nos reíamos y cantábamos y hasta me enseñaba a bailar, cosas tan sencillas que me alegraban la vida. Pero todo eso lo podíamos hacer solamente cuando mi madre no estaba en la casa, a ella no le agradaba vernos felices y eso me entristecía.
Una vez por mes mi padre y yo subíamos al viejo camión mientras mis hermanos hacían sus deberes o ayudaban en las tareas de la casa, íbamos al pueblo vecino y volvíamos con maderas, pinturas y muchas cosas más para que en cuanto le entregaran el terreno que había heredado de su padre el cual había fallecido hacía poco tiempo, pudiera comenzar a construir nuestra nueva casa.
Muchos meses pasaron hasta que un día mi padre nos contó a mi y a mis hermanos que la casa estaba casi pronta y que sólo faltaba terminar el jardín y poner el pavimento en la entrada de la casa para que no fuera de tierra y asi no se ensuciaría tanto y nuestra madre no tendría tanto trabajo ni nosotros, pero tendríamos que prometer que cada uno mantendría la limpieza y el orden de la casa para comenzar una nueva vida.
El domingo siguiente me levanté muy temprano pues quería sorprender a mi madre con el desayuno ya que el día anterior habíamos estado trabajando en la nueva casa, llevando algunas cosas, de a poco para que cuando al fin pudiéramos mudarnos estuviera pronta para usar, las camas era lo último porque aún deberíamos quedarnos unos días más hasta que pudiéramos ocuparla.
Mis hermanos dormían y vi salir a mi padre colocando algunas cosas en el camión, lo vi alejarse y seguí con mis tareas sabiendo que volvería pronto.
Al volver me preguntó por mi madre y le contesté que debería estar en algún lado pero que no la había visto.
Pasaron algunas horas y mi madre no aparecía, recuerdo que salimos todos de la casa a buscarla en la casa de los vecinos aunque sabíamos que no era posible que estuviera con ninguno de ellos ya que apenas los saludaba.
Al ver que no volvía, mi padre fue hasta la comisaría a hablar con los policías los cuales nos conocían desde siempre y les explicó que su esposa estaba desaparecida y que no teníamos ni idea de dónde pudiera estar pero no era la primera vez que ella desaparecía, solía hacerlo a veces hasta por dos días, cuando se sentía muy deprimida.
Una hermana de mi madre vivía a pocos quilómetros del pueblo y muchas veces era ella misma la que la traía de vuelta a casa pero esta vez no fue así, la hermana no la había visto pero le dijo a la policía que nuestra madre siempre había sido algo rara y que últimamente le había aconsejado ir al médico, pero que era muy testaruda y jamás le hacía caso.
Yo sabía que mi madre tomaba unas pastillas pero por aquél entonces no se me ocurrió jamás preguntar para qué era, los niños eran niños y no se les contaban las cosas de los mayores.
La policía notó que faltaba un bolso y algunas ropas y decidieron que se había ido por voluntad propia y luego de buscarla por algún tiempo dieron por cerrado el caso pensando que se había cansado de sus esposo y se había marchado, todo el pueblo la conocía, sabía que no nos quería, por lo menos no como mi padre la quería a ella.
Desde ese día mi padre cambió mucho, solía pasar largas horas sin hablar y tanto mis hermanos como yo no lo molestábamos, tratábamos de que la vida continuara lo mejor posible.
La nueva casa era hermosa, tenía todo lo que mi padre nos había dicho, un dormitorio para mi sola y otro para mis hermanos, uno para él al cual entraba solamente para dormir, extrañaba a mi madre y muchas veces lo oí sollozar en silencio, un comedor una amplia cocina y un patio hermoso con árboles frutales y hortalizas.
El jardín que había sido hecho especialmente para que mi madre se entretuviera con sus flores casi no las tenía.
Alguna vez venía mi tía y trataba de arreglar las plantas y ayudarnos con las tareas pero un día dejó de venir y nos enteramos de que había fallecido, la única pariente que nos quedaba y volvimos a estar solos.
A mis quince años mi padre me dio una sorpresa, entre todos los vecinos hicieron una fiesta en mi casa, mientras que mi padre nos llevaba al pueblo vecino para comprar una torta diciéndonos que lo festejaríamos los cuatro nada más.
Pero allí me compró un precioso vestido y ropa nueva a mis hermanos para volver más tarde a casa y encontrarme con una gran cantidad de personas amigas, una mesa en el patio y tortas y todo lo que ellos habían traído para agasajarme, fue el día más hermoso de mi vida y por primera vez vi sonriente a mi padre desde el día que mi madre nos dejó.
Y la vida continuó, mis hermanos fueron creciendo y estudiando hasta que llegó el día que tuvieron que viajar a la capital y completar sus estudios, hoy son hombres casados y con títulos universitarios, yo no pude terminar mis estudios, ocupaba el lugar de mi madre en la casa y no me importó, jamás me faltó nada y llegó el día que conocí a un joven muchacho, hijo del farmacéutico y gracias a él conseguí trabajo en la farmacia de su padre mientras él se recibía de odontólogo en la capital.
Luego llegó nuestro casamiento, decidimos vivir en mi casa junto a mi padre y allí nacieron mis dos hijos.
Mi padre falleció hace unos meses quizá debido al esfuerzo que tuvo que hacer durante toda su vida, quizá a la tristeza de no tener a su esposa y quizá también a su avanzada edad. Estuve con él hasta que luego de mirarme sin decir nada… con aquella mirada tan profunda que parecía entrar en mi cabeza queriéndome contar tantas cosas que quizá el tiempo no le alcanzó para hacerlo o el temor o la vida misma no le permitió, cerró sus ojos sin soltar mi mano. Su muerte fue lo más triste que me ocurrió en la vida pero hoy, al poner en orden sus pertenencias y sus papeles he encontrado algo inesperado pero que quizá inconscientemente buscaba.
Una carta cerrada dirigida a mi de mi padre. La leí con mucha tristeza quizá por saber de antemano lo que en ella decía.
---Mi querida hija, te escribo esta carta que es también para tus hermanos con mucho dolor y temor por lo que puedan pensar de mi pero créeme que lo que hice fue solamente para que ustedes, mis hijos a los que adoro con toda mi alma, no sufrieran una muerte que no hubiera tardado en llegar si no hubiera hecho nada.
El día de la desaparición de vuestra madre me había levantado muy temprano, ella casi no había dormido pero me miraba con aquella mirada tan penetrante que solía tener cuando no tomaba sus remedios, sabía que estaba por hacer algo irreparable y la seguí cuando se levantó y cuando la vi ir a la cocina muy sigilosamente… lo supe, tomó el cuchillo más grande y se dirigió a vuestro dormitorio, apenas tuve tiempo de darle un certero golpe en la cabeza antes de que lo clavara en tu cabeza, no se por qué era contigo el problema, no te quería pero pienso que era simplemente por que eras mujer o porque creía que si yo te quería a ti a ella dejaría de quererla no lo sé, pensé que cuando nacieran tus hermanos sería diferente… y lo fue durante un tiempo, estaba más calmada pero siempre fuiste mi niñita mimada aunque quiero a tus hermanos tanto como a ti ella no lo soportó.
Jamás se habló de enfermedades en nuestra casa eso era un tema tabú, ella estaba demente y yo por miedo a no volver a verla si la internaba hacía lo imposible por estar todo el tiempo con ustedes aunque cuando tomaba el remedio a pesar de estar siempre deprimida, era inofensiva por lo menos con tus hermanos y es por eso que casi siempre te llevaba conmigo cuando tenía que hacer las compras, sabía que no podía dejarte a solas mucho tiempo con ella y eso me estaba matando.
Luego de golpearla noté que no tenía pulso y me di cuenta de que estaba muerta, no te imaginas el dolor que sentí, yo la amaba como jamás pude amar a otra mujer pero ustedes estaban por encima de todo, eran unos críos aún y tenía que cuidarlos, por eso no fui a contar todo a la policía, sabía que se quedarían solos, la hermana de vuestra madre no era mujer acostumbrada a cuidar niños y tuve que arriesgarme, ustedes seguían durmiendo y lo único que se me ocurrió fue ponerla dentro del camión y enterrarla en el único lugar de la casa o mejor dicho de la entrada de la casa al que aún no había terminado y rellenarlo con cal, allí ha estado durante todos estos años, no me enorgullezco de lo que hice pero hubiera dado mi vida por la de ustedes. Te escribo a ti porque eres la mayor pero tus hermanos también tienen que saber lo que hice, estoy seguro que cuando muera vas encontrar esta carta y no espero que lo entiendas ni tu ni ellos pero te ruego que me perdones. Los quiero y cuando llegue mi hora espero el juicio de Dios.
Al terminar de leer esta carta hubiera querido que mi padre estuviera escuchando lo que voy a decirle.
----Hace mucho tiempo que te perdoné, querido padre, para mi no hubiera sido necesaria esta carta… te vi…
Omenia. 25/8/2020




Texto agregado el 26-08-2020, y leído por 44 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
26-08-2020 No es posible para mi escribir un comentario Ome,solo te abrazo con todo mi cariño. ***** Victoria 6236013
26-08-2020 —Siempre espero tus cuentos, pero el tiempo y sus avatares a veces producen ratos largos sin comunicación ni comentarios. Hace pocos días te encontré en mi último cuento publicado y ahora con gusto me encuentro nuevamente leyendo un cuento tuyo desarrollado con ese sello de suspenso que tu sabes construir. —Gracias por volver a estar, van mis saludos y mi abrazo. vicenterreramarquez
26-08-2020 Ome un placer volver a leer tus letras despues de tanto tiempo. Espero que sea un cuento , una historia, no la realialidad de tu vida. En tu relato encuentro mucho amor, dedicción pero sobre todo humanidad, sacrificio y lealtad. A sido un viaje a un sin fin de sensaciones. Un beso***** sensaciones
26-08-2020 Wow Ome, te pasaste!!! IMPRESIONANTE. Muy bueno, querida. MujerDiosa
 
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