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Mi amigo Taddeo

Las verdaderas amistades son las que se pueden retomar después de largos períodos de ausencia, como si el último encuentro hubiera sucedido el día anterior. Esto me pasó con Taddeo..
Después del liceo, Taddeo se fue de Italia al Japón con su familia. Con el tiempo dejamos de comunicarnos a pesar de que en la actualidad se pueden mantener los contactos sin esfuerzo. Lo cierto es que no supimos el uno del otro durante veinte años.
Al regresar a Roma, Taddeo me buscó. Había cambiado al tal punto que me resultó difícil reconocerlo, pero superado el primer desconcierto reanudamos con naturalidad la vieja amistad. No se había casado y dijo que era feliz en su soledad.
Nos volvimos a encontrar a menudo en nuestro bar del centro. Había dejado en Tokio una cadena de negocios que le rendían muy bien.En los últimos encuentros, noté que parecía nervioso y que había comenzado a beber.

Hace poco me citó en un bar cerca de su casaporque tenía dolor de espalda y no podía manejar. Me dio a entender que necesitaba ayuda.
Cuando llegué noté que había bebido.
__Hola Taddeo, ¿qué se cuenta?
Su mirada era turbia y al mozo que vino a tomar el pedido, me apresuré a decirle:" dos cafés bien cargados". Taddeo me miró algo irónico diciendo que no tuviera miedo
__¿Miedo de qué?
__ De que me emborrache.No tomé nada.
Mentía. Hablamos de política y no tocamos el tema de la bebida..
Terminado el café, se apresuró a pagar. Apretó mi brazo entre sus manos y suplicó con voz lastimera: necesito que me ayudes, pasemos por casa, tengo que tomar un bolsón..
Manejé hasta su casa. Entró y volvió a los cinco minutos cargando una bolsa que tiró en el porta-equipajes. Había empezado a llover.
__Toma por la Via Aurelia-me indicó.
En su pedido de ayuda había puesto tal énfasis, que no le pregunté adónde íbamos.Empezaba a llover y eso parecía preocuparlo.
Taddeo ya parecía completamente sobrio. __Después de esto, te aseguro, no tomo más- prometió como si yo le hubiera pedido algo. Abandonamos la Via Aurelia en la segunda salida y nos internamos por un sendero que nos llevó a un frondoso bosque de pinos. Cien metros más y me indicó que frenara.Estaba anocheciendo, el ambiente húmedo me hizo estremecer. Estaba perplejo.
__No bajo del coche hasta que me expliques qué vinimos a hacer aquí.
Entonces me contestó:
__Si no tuviera dolor de espaldas me hubiera arreglado solo ... pero...,ves…necesito que me ayudes… a sacarla de allí...
Cuando iba a reaccionar a sus palabras se escuchó la sirena de la policía y dos coches de patrulla y una ambulancia se detuvieron junto a nosotros.
Dos agentes se acercaron a mi auto y nos preguntaron qué hacíamos en ese lugar. No supe qué contestar. Taddeo en vez dijo que estaba allí para llevarse algo que le pertenecía.

Uno de los policías lo llevó al otro vehículo del cual bajaron una pareja y un oficial que se apartó a hablar con Taddeo. Los camilleros de la ambulancia se internaron en el bosque de pinos siguiendo a la pareja y a dos policías.
El cuarto policía se puso cerca de mí y parecía vigilarme. La ofrecí un cigarrillo. El muchacho rechazó diciendo que estaba de servicio.
Debía tener poca experiencia porque sin que le preguntara nada me informó que la pareja que había bajado del coche había encontrado al pasear hacía unas horas- un cuerpo semienterrado.
Lo escuché aterrorizado ¿era para desenterrar a alguien que Taddeo me había llevado allí?
El agente enmudeció, probablemente comprendió que se había ido de la lengua. No le pregunté nada porque estaba aterrado. Anochecía.
Los de la ambulancia volvieron transportando la camilla con un bulto cubierto con hule. Les escuché decir que llevaban a la víctima al departamento de medicina legal para la autopsia.
El comisario se acercó acompañado por Taddeo, que venía deshecho en lágrimas.
Nos llevaron a los dos al departamento de policía. Taddeo no me miró, mantenía la cabeza gacha. El comisario lo hizo entrar en su coche . A mi me llevaron en el otro patrullero .

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Este hecho es verídico. Sucedió en Japón y la noticia es del diario Il messaggero del 22 de septiembre 2008

“Cuando el médico forense abrió la bolsa, al ver el cuerpo estrangulado con una corbata a rombos, comenzó a reir a carcajadas. Llamó al comisario.
-Puede poner en libertad al asesino, la víctima está lo más bien.
-No entiendo
- Venga a ver, no es de todos los días un caso así y traiga algo para vestirla- dijo riendo.
Una vez superado el primer impacto de incredulidad, el comisario unió su risa a la risa del médico.”

Me enteré más tarde que Taddeo, mi amigo asesino, tenía un negocio de muñecas sexuales en el Japón y que una de ellas (la víctima) había sido su amante durante cinco años.
Con el tiempo, la dama envejeció y la sustituyó, pero no tuvo el corazón de tirarla a la basura y la enterró. Pocos días después comprendió su error.¡Ninguna podría reemplazar a su hermosa, aunque baqueteada Lui-Le¡!


Texto agregado el 03-05-2020, y leído por 74 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
17-05-2020 Pobre Taddeo, hay que saber de amores para entenderlo. Yo también me he reído. Y menos mal, la buena amiga no se merecía ese final. Justine
13-05-2020 Increíble historia. Sorprendente... Me gustó Deslizarme por tus letras ***** Un abrazo Victoria 6236013
09-05-2020 Ooh... inimaginable! gsap
06-05-2020 Pobre! Qué carga tenía sobre su espalda! Eso le pasa por quererla reemplazar. Muy buen final. Saludos. Clorinda
05-05-2020 Un relato redondo e interesante de principio a fin. Parecía más cruento el desenlace y se resolvió con cierto humor negro y el remordimiento persistente del protagonista, por el hecho cometido. Decía Borges: "mientras dura el remordimiento, dura la culpa". Muy bueno, Ivette. maparo55
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