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Desde hace tres meses vivo solo, en una casa pequeña de dos pisos. La planta baja tiene salita-comedor, cocina y un baño completo. La planta alta consta de dos habitaciones, medio baño y una pequeña estancia donde he colocado tres estantes con mis libros, ordenados de la mejor manera posible, porque son insuficientes para contenerlos; por eso, también hay libros amontonados o regados por todos lados, en cualquier espacio disponible.
Debo decir que Diana no aguantó mi vida un tanto bohemia y se largó con otro que según me dijo, sí la quería, la tomaba en cuenta e incluso, le iba a dar una vida mejor. Cuando menos se tomó la molestia de despedirse y decírmelo. Me dio un último beso en la mejilla y se fue.
La casa es muy grande para mí; reconozco que Diana la llenaba con su presencia, su calidez de mujer, su actitud siempre ecuánime hasta que no me aguantó más. Tuvo razón en irse, no soy un hombre con el cual pueda convivirse fácilmente. Me gusta beber por las noches algunos tragos de brandy hasta ponerme ligeramente borracho, eso me abre las ideas para escribir; sentarme ante el ordenador cuando menos cuatro horas sea de día o de noche para ir redactando lo que se me ocurre; leer algún libro cuando menos una hora; dar largos paseos diarios por las calles hasta sentirme cansado y entonces, regresar a casa despacio sin importarme demasiado el tiempo. Diana tomó la mejor decisión al dejarme; aunque me hiere no saber dónde o cómo, conoció al tipo con el que se fue.
Ayer por la tarde sentado a la mesa del comedor tranquilamente, tomaba un café mezclado con un poco de brandy, cuando escuché un golpe fuerte en la estancia de la parte superior. Algo se había caído. No me importó demasiado. Terminé mi café, luego me serví otra taza igual. Más tarde, cuando acabé con mi segunda taza, ascendí la escalera para ver que había sucedido. Ya estaba oscureciendo. Oprimí el interruptor de luz de la estancia y me encontré con un pequeño montón de libros esparcidos por el piso. Se habían caído. Los recogí con lentitud y me disgusté un tanto al observar que tres de ellos estaban lastimados en los cantos o en el lomo; con cariño deslicé mis manos sobre las áreas maltratadas y los repuse en su lugar, en el anaquel donde habían estado. Entonces me entró una duda.
El sitio donde habían estado los libros era bastante amplio, suficiente para contenerlos apilados en forma horizontal; no parecía probable que se hubieran resbalado. Pero así debió suceder, si no, ¿cómo fue que cayeron? Me quede pensativo, extrañado por el incidente. ¿Cómo fue que resbalaron?... Me asaltó cierta inquietud de pronto, así que me volví despacio mirando a mi alrededor. No había nadie más, estaba solo. Eso era un hecho. O… ¿cabría la posibilidad de que alguien los hubiera tirado? Diana no, por supuesto; pero alguna otra persona, quizá un espíritu chocarrero, ¿algún fantasma?... Desde que Diana y yo compramos la casa, nunca sucedió algo como esto. ¿O es que la fuerza espiritual de los dos juntos, era tan fuerte que no permitía manifestaciones como ésta?... Sentí temor, ¿podía ser posible eso?
Existía otra probabilidad, que por alguna razón desconocida, los libros se hubieran lanzado ellos mismos, tratando de suicidarse. Estoy loco, eso no es posible. ¿Libros suicidas?... Hay quienes los han echado al fuego, tirado a la basura, al fango, destruido rompiendo sus hojas; pero que un libro tenga la capacidad de suicidarse, es una aberración. Aunque si no estaban a gusto en su anaquel o no tenían la adecuada compañía, quizá pelearon entre ellos y por eso terminaron en el suelo.
Estas teorías estúpidas solo se me ocurren a mí, en esta maldita soledad de tres meses que ya me pesa. Extraño a Diana, su presencia, sus reclamos, su piel morena suave. ¿Cómo pude ser tan necio que finalmente la orillé a irse? Mientras yo estoy aquí, elucubrando estas ideas extrañas, cuando lo único que añoro es su presencia. Sin embargo, estoy alerta ante cualquier otro detalle similar a la caída de los libros, que pudiera suceder. ¿Qué tal si de verdad ronda por aquí algún fantasma? Nunca he visto ninguno, pero más vale estar atento por si las moscas…

Texto agregado el 03-04-2020, y leído por 63 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
03-04-2020 Yo creo que los libros extrañaban a Diana y la fuerza de la gravedad hizo el resto. Ameno texto! Saludos. Clorinda
03-04-2020 Puede ser algún fantasma travieso, quizás un temblor, o allí donde vives no los hay? Aunque me quedo con la idea de Vicente, es la mejor. MujerDiosa
03-04-2020 —Es posible que los libros cayeron para llamar tu atención porque necesitaban de esas caricias tuyas en sus cantos y lomos ajados por el tiempo, lo que me hace suponer que también era lo que Diana necesitaba, es decir caricias en todos sus contornos... y algo más que no le estabas dando. —Buen relato de circunstancias. —Un abrazo. vicenterreramarquez
03-04-2020 Bien!! El_pimpo
 
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