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[C:600792]

La noche plateada se cernió sobre mi iluminando mis pupilas y sumiéndome en la oscuridad eterna interna. Lo que pareció en un principio un caminar errante por el séptimo círculo del infierno se transformó en un viaje mágico repleto de experiencias de autodestrucción espiritual que resultaron en renovación absoluta. no pienso arrepentirme de nada, porque el hermoso fruto que nace del campo del exterminio me pertenece y es el más sabroso que haya probado jamás.


I
Prejuicio

-¿Quieres que te diga la verdad?, ¿a esta altura?, que paja.
-¿Qué quieres decir?
-¿Quién eres tú para decir que soy yo y que no soy? Todos tus juicios se construyen sobre prejuicios y me resumen a nada más que a una imagen que solo existe en tu mente, soy un producto de tu imaginación, ¿me interesa entonces decirte la verdad?, para nada, no tiene ningún sentido si después de todo tu ya sabes quién soy, siempre lo supiste. Tengo demasiadas caras que mostrar, soy un conjunto infinito de falsas personalidades, lo que a mí me parece divertido pues, después de todo, solo alguien que se interesa por tener un buen juicio puede querer ver la puerta que siempre ha estado abierta, la invitación siempre presente y la imagen de mi verdadero rostro mirando a sus ojos, mientras que tú solo tienes una cara que mostrar a algunos afortunados o desafortunados, desconozco el calificativo, ¿y de los otros? De ellos te escondes, de ellos te escabulles, que no te encuentren jamás porque tus miedos saben que te harán daño si logran ver lo inevitable, y en ese pequeño mundo de certidumbres autoimpuestas tú haces juicio de tu prejuicio pues eres juez de mi existencia, de aquella que conoces, de aquella falsa que no existe, de aquella que verdaderamente nunca viste, ¿quieres que te diga la verdad?, ¿a esta altura? Me parece algo banal, incluso humillante porque no tengo que justificar mi verdadera existencia ante tu verdadero falso retrato que te has pintado sobre mí, me da paja…


II
Lunático

Pierdo la consciencia,
Me hundo en mis humos,
La luna me habla denuevo, a lo lejos…
Lunática.
Satírica baila en la noche,
Entre hadas, sátiros y duendes se desenvuelve,
Se embriaga de su existencia en su luz plateada:

Danzante en círculos infinitos de persecución que parecen durar una eternidad alrededor del tiempo, no nace ni acaba, y aún así… ¿muere? como yo en él, como yo en ella: petrificado. Iluminado y danzante en las profundidades, estático en las superficialidades… lunático.

No hay locura más insana que el desvanecimiento del espíritu en pirámides de arena, mientras soplan las aspas sólidas de un dolor resquebrajante como muelas estallando ante la semi-incontenible fuerza de una terrible ira, y aún así mi doble espíritu danza en tu lunática luz, en el fuego blanco que quema con un frío incandescente debajo de mis pieles, dos espíritus… uno ha de morir esta noche en su viscosa brea ardiente,
Sufriente,
¿Omnisapiente?,
Arrogante,
O más bien adolescente
Pero no de juventud, lamentablemente.

Luna déjame beber tu vino eterno de dionisiaca locura lunática y morir al fin en un espíritu y descansar así,
O dos,
O tres,
O mil veces muerto para al fin perecer ante el paso implacable de mi propia alegoría existencial, es decir mi vida,
Es decir mi euforia,
Es decir que he de convertirme en águila y atravesar la tormenta. Esta vez ninguna serpiente joven quiere acompañarme sino antiguas y pesadas anacondas de las que me había olvidado, las más tenebrosas,
Poderosas y orgullosas,
Sin colmillos ni veneno,
Sin cascabeles ni ojos siniestros,
Solo rojo fuego incandescente
En sus escamas embellecidas 3 veces.

Acompáñame luna,
Loco me vuelvo,
Lunático perezco,
En arena me convierto,
En fuego florezco,
En gritos me incendio,
En flores plateadas me convierto,
Luna te observo,
Luna te espero.


III
La Ira

Espectro de mi alma,
Rostro de rojo fulgor,
Exhalante de vapor,
Carcomes mis huesos
Y devoras mis entrañas,
De mi brota tu sangre
A través de mis labios,
Abiertos en sus mitades,
Abiertos en vulgaridades,
Que brotan de mi ser.

Espectro de mi alma,
De aspecto imperdonable,
De ojos irascibles
Y rostro sufriente.

¿Qué no has de perdonar?,
La falta de compasión,
La hipocresía,
La falta de amor,
La falta de humanidad.

¿Cómo es que yo tampoco
Puedo perdonarte aun sabiendo que
Eres tú, el más odioso, el más
Lleno de amor a la humanidad?

Tan lleno de amor estás por mi humanidad,
Por toda esta humanidad,
Que no deseas más que su muerte
Purgando la voz de su garganta sangrante.

Espectro de mi alma,
Rostro de rojo fulgor,
Perdónanos.


IV
Caminante Nocturno

en un agujero negro en la pared descansa mi melancolía observándome desde su asalto noctambulo, caminante nocturno, con ojos de cuervo enfurecido empapado con la sangre de mi cabeza con la que lo alimento a martillazos, martillo contra yunque, hasta que el acero duro de mi corazón petrificado se rompe y de él brotan vertientes de aguas de mil colores brillantes, veneno para el cuervo, miel para el jardín de flores que crece a sus pies oscurecido por su sombra, brillante en la oscuridad, aguardando la luz del sol. Animal sombrío y desgraciado, arrebata mi voluntad, me fusiono en la oscuridad, y dentro de mi sombra, dentro de la oscuridad impermeable de toda luz brota una segunda, más brillante que ninguna y sobre ella, delante de la mirada severa del cuervo, la sonrisa mía de esperanza ingenua.


V
Perspectiva

Las
___Palabras
__________son solo
_________________retazos lineales de una mente desvariante cayendo sobre si misma silenciosamente hasta producir el estruendo,
la explosión del trueno - la expresión de la alegoría del cuerpo [y su locura],
el movimiento de músculos kinésicamente siniestros - la magia es eso:

1)caer al vacío sin peso como pluma resistiendo al viento...
__________Lentamente...
d
e
c
a
y
e
n
d
o

no me faltarán ojos para ver el tiempo,
:oredinev aes euq ol avitcepsrep ne rev onis

un ojo hacia el futuro
y el otro ciego,
porque en el presente me presento
y el pasado no me concierne para avanzar en caminos en los que no permanez...


VI
Carrera

¡Corre, grita, danza!,
Enloquece en la oscuridad más densa, aquella impermeable e infranqueable que no deja entrar ni las gotas de luz más secas,
el fuego interno de su ser.

¡Avanza, salta, huye!,
Se horroriza ante aquello que lo persigue desde el fondo existente más allá de su mirar,
el conocimiento se le escabulle a través de las tinieblas volviendo a una realidad lunar.

¡Se asfixia, se ahoga, se…!
Desvanece en lo que existe más allá,
En lo que existe al final,
Al límite de lo que alcanza la vista

y empieza a ver el instinto...

Palpita al fondo:
Una realidad siniestra.

¡Se acelera, arranca, produce una estampida de sonidos que se desesperan a la siga de sus pies!

La verdad se quiebra/
_________________los árboles caen/
______________________________la oscuridad es sólida

¡Tenemos miedo!
El muro no puede ser atravesado,
¡Este es nuestro fin!,
Pereceremos en la boca de los perros
y seremos devorados por serpientes,
La pared nos condena ante la espada,
Aquella que nos habla desde el otro lado de la cortina nocturna,
Exclama en (el) silencio:
“mátame”,
Y el corazón vuelto una daga se ha apuñalado a sí mismo
Vaciándose de dolor,
En un gesto de traición así ha muerto,
Así hemos muerto,
Así he muerto.


VII
Como Perros


Recuerdo mis pasos en las veredas mojadas,
Bailamos al ritmo de círculos
Tomados de la mano.
Gritamos “¡que se mueran los viejos!”
Mientras moríamos nosotros bajo la luna,
Presos de nuestra propia incomprensión,
Ahogados en nuestros propios ojos
Más que en el propio vino.

Recuerdo la bicicleta en el piso:
Agonizábamos en nuestro éxtasis
Hundidos hasta el cuello en la realidad.
Bajo la luz de la luna nos golpeamos,
Volaron un par de dientes
Y sonreímos así.

Recuerdo la inconsciencia de estar borracho,
El vómito en la esquina,
¿O en la puerta del colegio?,
Miramos a la luna, aullamos y celebramos
Porque los viejos estaban muertos.

Bailamos bajo la luna en círculos
Aullando como perros.


VIII
Baja Gastronomía

El primer paso es granear el arroz. El grano frío es blando pero al pasar por calor se pone duro. Al tacto se puede jugar con él usando las yemas de los dedos, una manía para algunos como yo, para ella resulta gracioso de ver y tierno al observarme desde el otro lado de la mesa, al otro lado del mantel canela donde reposan bizcochos de miel y chocolate.
El arroz debe quedar en su punto, se revuelve con cariño, la brutalidad no es digna de la cocina... Me cuesta, me gusta probar lo que cocino y para ella que me siente morder granos crudos de arroz es una maldad, le dice doler, me golpea en la cabeza para después perdonarse a si misma con un beso.
El aceite con su sedosidad hace siluetas al ser revuelto y cuando entra en calor puede ser usado, una palabra poco romántica, pero puede "ser servido" parece un término más morboso. Su burbujear resulta del contacto con el agua, agitándose su cuerpo, así puede llegar a quemar los dedos, a quemar la lengua. Cuidado, sopla primero, después prueba con los labios, finalmente saborea. Probar el aceite es otra manía que no le resulta placentera en principio dicen sus palabras, me parece más un falso alegato. Su vista se pierde en mi mirada al hacerlo mientras no se ve nada más que mis ojos, solo entonces la carne puede ser cocida. El aceite ebullirá al fin, si pierde el control se arrebata, deja entonces que se cocine lento, con suficiente tiempo los sabores se harán más perdurables, más intensos.
-¿te gusta como cocino?
-tanto como para amarte


IX
Inmortal


Ni las luces de los edificios,
Ni tu mirada fugaz,
Parecieran recordarme la luz del sol
Con que me abraza el recuerdo
De una mente desatada,
De un corazón ardiente,
De una presencia fútil
Que se esconde detrás
De ojos marrones,
Profundos como el negro estelar
Sin brillo alguno,
Ninguna estrella brillante
Más que el reflejo de mi existencia

En el infinito
(me desvanezco)

Me desvanecía
Hasta la inexistencia corporal,
Superexistencia espiritual
Por la que ahora lloro…
No eran sus sus ojos,
Eran los mios reflejados en el espejo,
No era la de ella,
Era mi existencia al fin
Perpetua.


X
Oda a la Guerra


Rayos y Truenos; el choque de mil martillos contra el acero; el rugir de diez mil tambores; el grito de cien mil seres humanos en un fuego visceral que arde tan fuerte dentro de mi como incendio desatado; es ese el más bello de los colores rojos lavando cada centímetro de mi piel tiñéndola de ira, seré a partir de ahora la encarnación sexual del éxtasis. escribiré una oda sobre mis vivos ropajes a punta de cuchillo hasta alcanzar mi corazón; me haré el amor en once vidas y me regalaré un orgasmo más duradero que toda la existencia del universo reducida a un segundo; igualaré mi placer solo a las miradas huecas de los cadáveres de mi pasado; danzaré sobre el tiempo, rojo en mi regocijo bajo una lluvia sangrienta; no dejaré nada de mi; me mutilaré al fin; ofreceré mis cuerpos a la muerte dejando solo mi felicidad aquí; me inmolaré así: danzando y reencarnando un millón de veces sobre mi destino, será mi existencia una declaración de perpetuo júbilo, una declaración de guerra eterna.


XI
Presagio

El poder de mi espíritu subyace bajo el manto marino tormentoso, con sus relámpagos y centellas hirviendo en destellos azules; desde la costa observo expectante el acontecer del tiempo, paciente esperando los sucesos que traen el devenir: el cenit incandescente del fuego. El sol yace en un agujero pues se lo han devorado siete demonios… no me asustan, al contrario les sonrío. Sus rostros confundidos develan terror enmudecido por el tronar de tambores en lo profundo, es esta la profecía de un designio divino:

Me condenaron “¿Negro o blanco?”;
Me he colgado, soga al cuello, de un árbol;
La luz al otro lado me dejó encandilado.

Demonios danzantes en círculos alrededor del sol que antes reían en su carnaval ahora preparan sus garras; el océano ebulle impasiblemente bullicioso y el viento, con horroroso olor a azufre, presagia un infierno; una ofrenda de justicia; un cielo ardiendo; siete ojos lunares observando la oscuridad; siete coloridos demonios llorando de horror; yo riendo a carcajadas. La misión: comprender la existencia de lo que existe entre el blanco y el negro, y no es gris.


XII
El Caído

No importaba que tan lejos pudiera huir hacia la oscuridad, parecía que no había escapatoria de la misma; obtenía en ese instante, a su momentáneo parecer, la revelación de la mala idea que significaba buscar al interior del corazón mismo, un lugar en donde los demonios se agrupaban alrededor de él rodeándolo con anillos de mierda y larvas. Era Belfegor quien escupía veneno entre sus colmillos cuando hablaba en lenguas muertas, sin embargo no incomprensibles que esparcían putrefacción a las almas de quienes le oían. “yo protejo a los hombres de sí mismos” se repetía en todo momento, “yo sé lo que es sufrir y tú no lograrás despojarme de mi sacro hogar”. Fue la última de sus palabras antes de lanzar un alarido mudo que todo lo puso en silencio, un sigilo atroz, pues en ese mutismo de eterna apariencia se escuchaba solo la profunda reserva de los alaridos de millones de almas calladas detrás de labios cocidos mediante aguja e hilo. El silencio más ensordecedor para el alma, la pausa de toda vida corporal más horrible jamás escuchada. Parecía aquél el último de los sonidos que él escucharía antes de perecer ante su incapacidad de pronunciar palabra alguna por el pánico que de él se apoderaba, no ante el demonio, sino ante la verdad que él le confesaba, que hasta ese entonces no había logrado comprender. “te perdono”, le dijo, “pero no dejaré que tu miedo me corrompa jamás”. Era aquél el miedo frenético a vivir, la pereza que le protegía de existir, jamás podría ser corrompido de nuevo. No podemos sin duda protegernos entre nuestras sábanas de experimentar aquello que existe por fuera de nosotros, por fuera de nuestro putrefacto corazón.
Abre las cortinas.
Levántate.
Vuelve a tu estrella Belfegor.


XIII
Dialéctica

Todo es nada;
Como resultado contrarioso:
Veleidoso;
Dos hombres vanidosos
Mirándose al espejo
En un solo tiempo,
Uno de cada lado
En un solo momento,
Como cuando miraba de cara al cielo…

El sol brillando a través de la luna…

Me he caído en mil infiernos
Pero he visto mil paraísos,
Y entre cada una he sido destruido
Como el universo mismo;
Acabando mil veces
Y la muerte no acaba:
Me agarra,
Me toma
Y no me suelta;
Se asoma ante mi vista
Y no escatima con siluetas
Si me escondo,
Porque no puedo…

De que me vale luchar…

Nacería en el infierno
Por descubrir mil paraísos
Si con eso lograra escapar a mi destino.
Me miento mí mismo
(Te engañé),
Porque no quiero escapar,
O quizás sí, esa es la gracia,
Dime si he dicho una desgracia.
Yo solo bailo si me acompañas,
Si en mis manos tú descansas
Los abrigos de carne con los que te ha vestido el ser
Sin desmayarte
Del dolor
Del corazón,
Quién sin pasión
Se encerró
¡Y no escuchó
Su propia ira latiendo al interior
Al contrariarse una vez más!…

No he podido escapar una vez más
Y me delato:
He cambiado el relato…

¿Crees que no lo sé?
¡No soy lo suficiente imbécil
Como para no creer
En lo que no se
Y eso lo sé!…

Que tonto he sido.

Texto agregado el 23-03-2020, y leído por 47 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
23-03-2020 está muy, muy bueno. gracias. kamel
 
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