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Inicio / Cuenteros Locales / voluntaddedios / La vida, la muerte y la libertad (I)

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La vida …

Un televisor en la pared central. Varias filas de sillas diseñadas para reducir. Un dispensador de alimentos de paquetes en uno de los costados. Un baño en la parte de atrás. Una ventanilla de información. Un guardia en la puerta. Funcionarios con actitud de ocupados y muchas personas con cara de angustia. En las salas de espera de un hospital todos los objetos convocan la muerte, o por lo menos el sufrimiento: El televisor transmite una escena en la que un tigre devora un venado, las sillas son pequeñas y duras, el dispensador genera un ruido infernal, los baños calcan las peores películas de terror, la ventanilla es baja y diminuta, atendida por una mujer a la que no se la puede mirar sin poner en riesgo la integridad, el guardia y los funcionarios están entrenados para no responder preguntas.


Sentado allí hace dos horas, sin saber de mi esposa ni de mi hija que está por nacer, pienso en la cantidad de drogas y alcohol que consumí hasta hace tres años. ¿Mi hija vendrá deforme? ¿Tendrá un problema mental? ¿Será drogadicta? Rezo un padre nuestro, Dios mío, perdóname, protégela, dame una oportunidad, Ella no tiene ninguna culpa, castígame a mí, palabras salidas más de las emociones atormentadas que de un espíritu cultivado.

De repente la enfermera de la ventanilla llama en voz alta: “Esposo de María Alejandra Castro”. El hombre que está sentado a mi lado se pone de pie, y camina muy nervioso, caso tambaleando hacia la ventanilla, conversan durante algunos minutos con actitud de preocupación y luego el hombre vuelve a mi lado. Después de unos segundos de tenso silencio, me atrevo a decirle:

- ¿Todo Bien?
- No tanto (Con la voz entrecortada), mi hija nació con los deditos pegados, parece que no es grave, le van a hacer una pequeña cirugía.
- Tranquilo parcero, eso no es grave, la operan y listo¡!! Se la lleva para su casa, no se preocupe mi hermano.


Esperar es desagradable y hasta tortuoso, en la espera toma vida parte de nuestro autentico ser, en el fondo se mueven sentimientos, pensamientos y deseos reales. En tiempos de espera nos encontramos con el miedo, con la fe, con el deseo y con Dios, con nuestro Dios. La espera es un tiempo aparentemente muerto, es un vacío insoportable que reclama ser llenado, sin embargo, un espíritu cultivado nos permite permanecer quietos y en silencio para ver el fondo.

Si este hombre sentado a mi lado, un hombre promedio, que no ha hecho mayor daño al mundo ni a la vida, trabajador desde muy joven, Padre de familia responsable, con ideales y sentimientos nobles, llora a mi lado por su hijita que acaba de nacer y ya sufre de una manera injusta, ¿¡que me viene a mí !?, a mí que he sido su antítesis: ladrón, drogadicto y lujurioso, ¿Qué le pasará a mi hija por mi culpa?

El esposo de Yadira Cobos grita la enfermera desde la ventanilla. Y ese grito retumba en todo mi ser, me inunda un miedo profundo que me llega al alma, mi pecho se agita y me lavo en sudor frio, escucho un pito en mis oídos que ensórdese, no soy capaz de pensar en nada porque mi mente hace un corto circuito y se bloquea, me pongo de pie a punto de desmayarme y camino como puedo hacia la ventanilla, sin decir nada miro suplicante a la enfermera, y entonces, es verdad, Dios no es justo, afortunadamente es misericordioso…

La muerte …

Las salas de velación siempre me han generado una sensación muy confusa, es en todo caso un encuentro muy extraño con Dios. Este día no es excepcional, y tengo esa sensación mística y confusa. El olor de las flores, las caras con expresión de gravedad, el tono bajo de las voces, la lentitud de los movimientos, el respeto solemne en las miradas, todo este ambiente hace que encuentre a Dios de forma diferente. Ahora que lo veo, todos estos elementos componen un encuentro triste con la vida.

Pues bien, aquí estoy sentado en un sillón junto a un ataúd con el cuerpo sin vida de mi gran amiga Johana. No sé ni lo que siento, una parte de mí está feliz sabiendo que mi amiga descansó de los dolores del cáncer, que la atormentaron los últimos cuatro años, eso es claro, un poco de nostalgia por todas las risas que compartimos y que ya no serán, Un poco de culpa por todos los momentos en los que pude hacer más y no lo hice, Un poco de miedo por el misterio qué representa la muerte, pero ante todo me hago preguntas vanidosas acerca de mi propia muerte: ¿Cómo será mi velorio? ¿Quién vendrá? ¿Quién me llorará? ¿Quién hablará cosas bonitas de mí?...

La muerte es un misterio por cuanto no sabemos lo que sucede después, lo único que sabemos es que la vida en este plano se acaba. Mas allá de misteriosa, la muerte es ¡¡excepcionalmente maravillosa !! solo en estos momentos, en los que la muerte esta cerca, ya sea la de otro o la de si mismo, nos planteamos profundamente: ¿Qué es la vida? ¿Qué pasará después? Además de un montón de aspectos más frívolos: ¿Lo hice bien? ¿Estoy condenado? ¿Existe el purgatorio?...

- ¡Usted es Ricardo! ¡Necesito hablar con usted!

Me dice el viudo con un tono casi amenazante en medio de la sala de velación. El tipo es un comerciante de esmeraldas, de esos que compran a los guaqueros y venden en New York, un entorno violento que en este país tiene una mala fama bien ganada. Lo miro fijo a los ojos y tranquilamente le digo:

- con mucho gusto señor…

Hay un silencio extraño en toda la sala, suena su teléfono y sale a atender la llamada. No tengo miedo, al contrario, me siento retado y tengo unas pequeñas ganas de golpearle en la nariz.

Horas mas tarde, estoy en una cafetería a unos pocos metros de la funeraria cuando veo al viudo que desde afuera me llama, le hago una señal con la mano para que me espere, termino de tomar mi café, le digo a mis amigos que no tardo y salgo hacia la calle sin dejar de mirar al viudo a los ojos, cuando estoy frente a Él …

- Hermano, Johana cometió muchos errores, ojalá que Dios la perdone y esté bien.
- Dios ya la perdono.
- Si, es verdad, hermano, usted estuvo muy cerca de Ella durante muchos años.
- Siete años trabajando en el espíritu.
- Si, gracias, eso le ayudó mucho, solo le quería agradecer.
- No se preocupe, fue muy bonito haber compartido con Ella.

Me resulta repugnante ver como un hombre que compartió doce años de su vida con una mujer a la que amó, con la que han tenido dos hijas fruto de ese amor, hoy, en su velorio, después de un sufrimiento terrible, lo único que tenga para decir es que Ella cometió muchos errores. ¡Asqueroso! Es que no se da cuenta que la vida es un milagro, y que una persona haya querido compartirla con Él durante tanto tiempo, es todavía un milagro más grande.

Como este, he asistido a muchos velorios de gente muy cercana, pero nada se compara con tener la propia muerte cerca. Es una sensación diferente, las emociones son auténticas, puedo decir que en esos momentos he sido yo, yo en mi estado básico, sin mascaras ni poses. Ha sido un encuentro conmigo mismo, con Dios y con la vida. La mayoría de las personas ven demasiada televisión y por esa razón tienen una percepción de la muerte muy ajena.

Son las 4:30 a.m. y me despierta el pito del guardia, me asomo a la puerta de mi celda y veo a todos mis compañeros de pasillo saliendo vestidos y sin bañar hacia la puerta que da a la escalera, entonces me percato que hay “Rascada”, esto es una gran requisa que hace el Instituto periódicamente, en la que todos permanecemos en el patio durante todo el día, mientras agentes especiales revisan centímetro a centímetro cada celda. Después de estas rascadas, las celdas quedan desbaratadas, revisan todo, cada prenda, cada cobija, cada tabla de la cama, cada televisor por dentro y por fuera y hasta las paredes para verificar que no haya caletas.

Bueno, esto ya ha pasado varias veces, así que estoy tranquilo, inclusive tengo tiempo para dejar una nota a los agentes especiales: “Aquí no hay nada, no dañen las cosas, busquen en la casa del director”. No se permite ingresar nada al patio, únicamente la ropa con que cada preso se viste y, comida que no venga en paquetes. En la puerta del patio te desnudan y te revisan hasta el estómago, es imposible pasar cualquier cosa, sin embargo, un rato más tarde, cuando todos los presos estamos en el patio, se da comienzo a un mercado persa, se puede comprar desde comida en paquete hasta cuchillos bien afilados, es así, estamos en la cárcel modelo de Bogotá.

El día transcurre muy aburrido, todos echados en el pasto, la mayoría fumando marihuana. Los guerrilleros a un lado y los delincuentes comunes a otro. Yo tengo muy buenas relaciones con ambos bandos, soy una persona seria y gozo del respeto de la gran mayoría, así que puedo hablar con unos y con otros sin que eso genere desconfianza. Todo está en demasiada calma y eso hace que mi instinto me diga que algo anda muy mal. De repente uno de los “Caciques”, se llama así a uno de los hombres que domina el patio, intenta derribar con un mazo una de las paredes que da a las celdas, los agentes lanzan gases desde las garitas, hay una gran confusión, todos corren de un lado a otro y, se escucha un disparo de fusil.

Me ha alcanzado una bomba de gas pimienta y quedo medio atolondrado sin poder respirar, una vez logro cobrar los sentidos, hay una gran tensión en el patio, un hombre ha muerto de un disparo en la cabeza, lo están tapando con una sábana los mismos presos, los agentes no entran al patio, en la única puerta de salida, hay una gran aglomeración, la guardia ha permitido la entrada a los guerrilleros y no a los delincuentes comunes, ¡¡han hecho un arreglo!!

“La persona que quiera entrar a las celdas, lo puede hacer bajo su responsabilidad”, grita un guardia desde la puerta de entrada. Es un arreglo entre guerrilleros y la dirección de la cárcel, aquí se mueve mucho dinero y quieren trasladar a los caciques de los delincuentes, para que el control lo tomen únicamente los guerrilleros. Los caciques no pueden entran, saben que si pasan por esa puerta serán abaleados por los guerrilleros, así que, todos ellos y sus soldados, deciden aceptar el traslado.

Yo soy un tipo muy querido por todo el mundo, tengo muy buenas relaciones con los delincuentes, ya que vivo en la mejor celda de sus pasillos. Con los guerrilleros aun mejor, juego ajedrez todo el día con los comandantes, asisto a sus conversatorios de materialismo dialectico, nos invitamos todo el tiempo a desayunar y, hasta he escrito un par de cuentos con los que he ganado, así que decido entrar, ya que no tendría que haber ningún problema conmigo.

Después de cruzar la puerta, por el pasillo a unos pocos metros, un guerrillero con una pistola en la mano me mira fijo durante algunos segundos, desde mas adentro uno de sus compañeros grita: ese es de los “Elenos”, con un movimiento de cabeza el hombre me señala que puedo seguir, paso frente al hombre con la sensación de recibir un disparo en la cabeza, y finalmente llego al pasillo principal, donde hay mucho alboroto, todos están comiendo y hablando en voz alta de la situación, en general hay un ambiente de tensa calma.

Me siento frente a una mesita improvisada y pido un caldo, uno de los guerrilleros viene con un plato y cubiertos y me dice $10.000. lo miro como diciéndole… eso es un robo, pero la situación no está como para decir nada, así que le pago en silencio. Apenas empiezo a comer, cuando un hombre se me acerca con una nueve milímetros:

- ¿Usted es Ricardo?
- Si, soy yo, le respondo con tranquilidad.
- Camine que lo necesitan en el tercer piso.
- Me pongo de pie con un poco de miedo y camino tras el hombre.

En el segundo piso, siento una atmosfera insoportable, sacan un hombre muerto de una celda, con el cerebro destrozado, lo han matado de un mazazo en a cabeza. Siento escalofríos en todo el cuerpo, pero ese instinto carcelero de no demostrar sentimientos me hace caminar tranquilamente. Los guerrilleros están en los pasillos saqueando las celdas de los delincuentes, televisores, grabadoras, zapatillas, ropa, colchones son sacados y llevados a otros pasillos. Me pasa por la cabeza una infinidad de preguntas: ¿No son estas personas las que luchan por los derechos de los pobres? ¿Por qué están robando de esta forma descarada? ¿En dónde quedo todo el idealismo revolucionario? ¿Por qué asesinan a los delincuentes de esta manera tan inhumana? Entonces entiendo una vez más una verdad que ha causado mucho dolor: Unos son revolucionarios y otros son solo guerrilleros, y esta diferencia nos ha costado miles de muertes.

Ya en el tercer piso nos paramos frente a mi celda, el hombre me mira de una manera asesina, pero yo le sostengo la mirada tranquilamente, la verdad es que no estoy tranquilo, estoy bloqueado, no soy capas de procesar ninguna emoción, pienso que en cualquier momento voy a recibir un disparo en la frente.

- ¿Esta es su celda?
- Si.
- Heche padentro.

Una vez dentro de mi celda, estamos tres personas: un guerrillero con un mazo en la mano, otro guerrillero anciano experto en caletas y yo.

- ¿Usted vive aquí?
- Si, esta es mi celda.
- Y ¿Esa caleta? Me dice el viejo señalándome un hueco en la pared.
- No sé, no es mía. Le respondo a punto de desmayarme.

Me tiemblan las piernas y solo pienso en el primer mazazo, el guerrillero me mira con la muerte en sus ojos, y decidido empieza a levantar el mazo, yo pienso: ¡que sea rápido por favor!... y la celda se llena de un silencio de muerte, estoy absolutamente solo, en una situación en la que no tiene sentido ni pelear, no vale hablar ni suplicar. He vivido estos momentos, pero ajenos, ahora soy yo. Dios mío perdóname todo el daño y protege mi familia, pienso en mi Madre la persona que más amo en el mundo y veo sus ojos sinceros y amorosos, no tengo fuerza en el cuerpo y me voy a caer… Pero es verdad, Dios no es justo, es misericordioso.


La libertad

Desde el primer día sueño con la libertad, dormir en mi cama junto a mi esposa, desayunar en familia, preparar los alimentos el fin de semana, ver películas junto a mi hija, salir al parque, bañarme despacio, ponerme la ropa que me gusta, ver a mi esposa vestirse y que me mande un beso, visitar a mi Madre, dormir tranquilo, escuchar conversaciones normales, comer tranquilo, caminar, jugar, reparar. Todos los presos quieren salir de este lugar, ese papel que se llama “Boleta de Libertad”, se convierte en una obsesión colectiva, cada vez que el ordenanza grita: “Ese fulano de tal”, el patio se llena de silencio por unos segundos, y todos desde el fondo del alma deseamos escuchar el siguiente grito: “Le llegó”, entonces es como si nos regalaran un granito de libertad a cada uno.

Ese grito “Le llego” genera una emoción irreprimible, el instinto carcelario de represión de sentimientos desaparece, el hombre expresa sus emociones de maneras muy particulares, la mayoría se quedan en silencio durante un momento, como si no fueran capaces de tragarse de un solo golpe la noticia, luego, respiran profundo y sueltan un pequeño gemido de emoción que varía mucho en cada preso: desde el muy regular ¡Ufff! Hasta ¡Hijueputa!, pasando por:
- ¡Gracias Señor!
- ¡Dios mío!
- ¡Siiiiii!
- ¡La coroné!
- ¡Pa la casa!
- ¡Pa la calle!

En esta cárcel existen varios ritos de libertad, dependiendo del personaje, le lanzan huevos en la cabeza, le lanzan agua, lo meten al tanque, le quitan la ropa, lo alzan y lo tiran al aire varias veces, acompañando este movimiento gritando: “Pa la calle”, lo abrazan eufóricamente y lo felicitan y hasta son capaces de raparle la boleta para untársela por todo el cuerpo llamando la libertad. Por unos minutos se olvida la cárcel y todo es felicidad, se alegra a su manera hasta el más huraño. Todos los ritos son parecidos, excepto uno que nunca se ira de mi memoria, porque sentí por única vez, que en la cárcel existe la vida y un profundo sentido de justicia, solo que la mayor parte del tiempo esta escondida.

El viejo Nicolas está preso desde hace 7 años, y aún no lo han condenado, estas cosas suelen suceder con alguna frecuencia. Está acusado de haber asaltado una entidad financiera y de haber matado un policía. Nicolas es un ladrón profesional, un ladrón de verdad que respeta su profesión. Él dice que asaltó el banco pero que no mató al policía, al policía lo mató el teniente que dirigió la operación. … “el tipo entró en pánico y disparaba para todo lado como un demente, dejó de disparar cuando se le acabo el proveedor, yo salí limpio de ese asalto”, pero meses después fui capturado en mi propia casa.

Nicolas es un tipo muy respetado, tiene esa fuerza interior que se le siente en la voz y en la mirada, es tranquilo y no es para nada violento, siempre está dispuesto a conciliar, ha sido intermediario en los conflictos entre los bandos: Paramilitares, guerrilleros y comunes. Es generoso con el dinero, ha pagado la fianza de muchos y ha alimentado y vestido a otros durante meses y años. Así como tiene una cosa tiene la otra, nadie se atrevería a abusar de él, o a robarlo o a irrespetarlo, tiene sus limites bien marcados y no da confianza a nadie, no permite que nadie se meta en su vida privada, ni siquiera que le hagan bromas más allá de la seriedad.

La esposa de Nicolas entra a visitarlo todos los domingos, desde que pasa la primera reja hasta la puerta de la celda se forma una procesión, Mariela trae comida para alimentar por lo menos a 50 personas, todo el mundo la conoce, sobre todo los “fritos”, presos que no tienen dinero ni nadie que los visite, ellos saben que ese día van a comer gourmet, y se enfilan detrás de Mariela cada uno con plato y cuchara. Ella misma sirve generosamente los platos con una sonrisa maternal, … gracias, Marielita, … gracias Madrecita, … Dios la bendiga …Dios se lo multiplique Madre, cuando termina y queda gente en la fila, dice muy cariñosamente: Hoy les todo caspete la próxima madruguen.

Nicolas es querido entre otras cosas por que ha evitado algunas guerras entre bandos, este tipo nació sin el gen del miedo, lo he visto entrar al pasillo de los guerrilleros justo en el momento en que van a salir armados hasta los dientes, a masacrar a los comunes, permanecer unos minutos allí, y salir con una expresión de ira contenida, dirigirse a uno de los pasillos caminando sin hablar, patear la puerta de una celda, entrar y sacar del pelo a un preso, llevarlo a empujones hasta la puerta del patio, golpear los candados para que el guardia venga y, decirle… este no tiene entrada a este patio, o lo recibe o se lo entrego muerto.

El 24 de octubre de 2003, entra el ordenanza al patio y, con una alegría que lo desborda, a punto de llorar, da un grito estremecedor … “Ese Nicolas Cardona” … “Le llegó!!!”. Más de 100 presos en silencio, se miraban unos a otros sin saber que decir, algunos en voz muy baja preguntaban: ¿Es el cucho? Todos los ojos buscaban desesperadamente a Nicolas, algunos se pararon sobre las sillas y las mesas de billar para ver más, otros daban vueltas sobre si mismos, pero Nicolas no estaba en el patio, entonces el ordenanza junto con uno de los caciques subieron a las celdas a buscarlo. Lo encontraron en el segundo piso tomando café con pan, el cacique ya le había quitado la boleta al ordenanza y entonces le dijo con voz entrecortada por la emoción…mi hermano, le llego la libertad, y extendió su mano con la boleta.

A Nico se le aguaron los ojos en unos segundos de silencio, no era para menos, se había quitado 40 años de cárcel de encima, es como para hacerse popo, esos hombres se abrazaron y se soltaron a llorar, nunca había visto algo así, ver llorar dos bueyes de este tamaño. Lo que vi después de esto, no lo hubiera creído, se formo una fila ordenada de más de doscientos presos para darle la mano a Nicolas, por un momento tuve la sensación de estar en la calle, cuando las personas estaban finalmente frente a Nico, le daban la mano y se agachaban mostrando su respeto, diciendo cosas como: Mis respetos Papá, Dios lo bendiga, con toda para la calle Papá, Buena Papá, se les salió de la paila, Y una más que me genero alegría: Por aquí no lo quiero volver a ver Papá.

Después de esto hubo de todo. Risas, gritos, canciones, anécdotas y una fumarola de mariguana que llegó hasta las nubes. Era como si le hubieran dado la libertad al Papá de todos nosotros y, junto a eso, no volveríamos a ver a nuestra Mamá, porque Mariela no iba a volver.

Las libertades ajenas, como las vidas y las muertes ajenas, no enseñan tanto como las propias. He vivido vidas, muertes y libertades ajenas y no han marcado un cambio en mi vida, lo que si han hecho las propias. He aprendido que el significado real de las cosas no es algo mental, ni siquiera es algo emocional, debe ser necesariamente algo que se quede en el espíritu, en esa parte de Dios que tenemos todos y que es imborrable. Es algo mas fuerte que la memoria y que la consciencia, más fuerte que los dolores y las grandes alegrías, es esa voz de Dios que si estamos atentos y amorosos la podemos escuchar.

Pues bien, resulta muy reveladora la forma en que sucedió. Después de intentar pagarle a dos “Arregladores”, (personas con acceso al juzgado, que pueden sobornar a no sé quien y conseguir la libertad), y no conseguir más que perder dinero, pagarle a un abogado “Muy bueno”, que aseguro mi libertad en derecho en dos meses, e intentar hacer parte de un grupo que cavaría un túnel hacia la calle, nada fue suficiente.

Le dicen “El güiro”, que traduce “problema”, es un abogado que está preso y que vive en mi pasillo. Vive de hacer carticas, memoriales, solicitudes y peticiones por las que cobra una verdadera bicoca. Tiene muy buen humor y siempre está dispuesto a ayudar, todos lo molestan diciendo que pelea por la libertad de todos menos por la de Él. En algunas ocasiones nos encontramos en el patio y como me caía en gracia, lo invitaba a desayunar. Le permiten trabajar en un rincón de la oficina del monitor del patio. Allí tiene un pequeño escritorio, una silla y una máquina de escribir. Las personas entran, se sientan frente a él en una caja que hace las veces de silla y le cuentan sus procesos, él los orienta, la verdad casi siempre muy acertadamente, más por la experiencia que por que sea un estudioso del derecho.

Algún día paso por en frete de la oficina, veo que está solo leyendo un libro, me causa curiosidad y entro. Me siento en la caja y empezamos a hablar inicialmente de la situación de la cárcel y el hacinamiento, luego me cuenta algo de su vida y su “Trabajo” en la calle”, yo le cuento algo acerca de mi “Trabajo” y finalmente le digo mas en forma de broma que en serio: Le voy a contar mi caso para que se gane un dinerito. Él me responde muy serio que todos dicen lo mismo. Después de contarle con detalles mi proceso…

- ¿Usted esta amañado en la cárcel? Yo lo saco de aquí en una semana, y me dejo de llamar “El Güiro”.
- Suelto una carcajada… se quiere ganar lo de la semana conmigo… no me ilusione como a los maricas feos.
- Es en serio ladrón, (La palabra Ladrón para algunos era un alago).
No me pague nada, venga mañana y firma un memorial para que lo pasemos y la próxima semana usted está en su casa. Pero eso sí, tiene que hablar con el denunciante para que firme la indemnización integral.

Salgo de la oficina con las emociones revueltas, un poco incrédulo de lo que había escuchado. Pero también algo en el fondo me decía que le hiciera caso. Después de unas horas pensé… igualmente no pierdo nada, apenas un almuerzo que le invitaré y listo. Todo ese día estuve muy inquieto y pensativo, y en la noche casi no puedo dormir, de tal forma que al día siguiente me puse en acción.

Mi denunciante es un paramilitar con mucho poder al que habíamos robado en su propia casa, está detenido en el patio contiguo al mío por dirigir un pequeño cartel de narcotráfico. No puedo ni soñar con pasar a ese patio a hablar con el hombre porque me despedazan a bala. Por medio de uno de los caciques consigo un número del patio y logro comunicarme con el hombre, desde uno de los teléfonos celulares de mi pasillo. El cacique de mi patio entiende la situación y me dice que todo está bien, pero que no vaya a armar una guerra con esa gente, porque el primero que caería soy yo.

- Don Pepito, buenos días, habla Richard, aquí desde el patio 2.
- Ja, este hijueputa si es el más descarado.
- Don Pepito, yo no quiero peleas con Sumerce, ni más faltaba, porque no hablamos y arreglamos las cosas, yo le devuelvo el dinero.
- ¿Usted es al que le dicen “El fiscal”?
- Si señor, como no, usted sabe que yo soy un caballero serio.
- Pase mañana a la enfermería a las 10 de la mañana.

¿Qué hago?, el hombre me puede asesinar en la enfermería con la complicidad de la guardia, se la pasa con un montón de soldados que lo cuidan y nadie sería capaz de acompañarme a semejante cita. Puedo conseguir prestada una pistola y pasar un poco disfrazado, mirar la situación y ver que puedo hacer, es un gran riesgo. Puedo llamar de nuevo, e intentar arreglar por teléfono, pero eso es demostrar mi miedo y podría generar desconfianza. Me estoy jugando 10 años de cárcel, ¿Valdrá la pena lanzarme a este abismo y ponerme de frente?

Ese mismo día recibo una llamada de mi cuñado, donde me cuenta que el hombre es del mismo pueblo suyo y que conoce su familia, yo le digo que intente hablar con ellos buscando un arreglo. Más tarde me confirma que sí, que ellos arreglan conmigo, siempre y cuando les devuelva el dinero. Que le cumpla la cita que de todas formas el conoce su familia y eso podría ser un seguro. Sin embargo, lo último que quiero es morir, y menos dejarle una guerra a mi familia. Estoy en una situación difícil.

Hablo con el cacique mayor…

- Uy, hermano, ¿se va a lanzar a semejante hoguera? Me deja paga la pistola
- Gracias por el ánimo. Algo me dice que ese perro va a cumplir, esta viejo y ya no tiene energía para una guerra.
- Pues hermano, son 10 años, yo paso primero y miro la situación, salgo y le digo más o menos como está eso, yo conozco a mas de uno de sus soldados.
- ¡¡A la de Dios, hagámoslo!!

Me levanto temprano, me baño, me pongo mi mejor ropa y desayuno muy poquito, tener el estómago lleno no es bueno es estas situaciones. A las diez de la mañana el cacique me busca en mi celda…

- Listo viejo, el hombre está ya en la cita, tiene solo un soldado, parece que todo está bien.
- Bueno, pues vamos a los hechos, ¿cuánto cobro el guardia por dejar pasar la pistola?
- $100.000 y si hay problemas Él intenta recuperarla.
- Listo, voy pa’dentro.

Camino hasta la reja que da a la enfermería, golpeo con el candado y sale el guardia.

- Usted es Richard, ¿Va a cita con el Médico?
- Si, voy a la cita.
- Bueno, pues no se diga más.

Extiende su mano abierta y yo le entrego los $100.000, abre la reja y me deja pasar, camino despacio mirando las caras de todos, llego a la puerta de la enfermería muy despacio, miro hacia adentro y lo veo, sentado contra la pared, con el soldado al su lado, tengo la certeza de que ambos están armados y que puede haber otro soldado que no he visto y es el que me puede disparar. Espero un momento en la puerta para ver si pasa algo, si ellos se apresuran, yo tengo tiempo de reacción. Estoy muy tensionado y siento el frio de mi pistola en mi estómago, estoy listo para lo que sea.

De repente el hombre voltea hacia la puerta y me ve, deja salir una pequeña sonrisa, me mira a los ojos y me recorre con la mirada.

- Entre, ¿o le da miedo que lo matemos? ¿O nos va a matar a todos con esa pistola?

Camino hacia adentro lentamente lleno de miedo, creo que me he puesto pálido, cuando estoy frente a él.

- No, pues como se le ocurre viejo.
- Usted es un hombre serio, pero ese hijueputa de “La Lógica” (Un compañero, que el día del robo le puso la pistola en la cabeza a la Madre del hombre), dígale que lo voy a partir con la motosierra.
- Si, que cagada Don Pepito, pero yo no tengo que ver en eso.
- Me robaron $120.000.000 millones, entréguenselos a mi hermano y le firmo, para que se vaya a seguir robando.
- Don Pepito, yo no tengo ese dinero, pero yo soy un hombre y le aseguro que cuando esté en la calle se los pago, es mi palabra.
- Ja, como dije, este hijueputa es el más descarado. Listo, igual por usted responde su cuñado, si no paga le rompo la cabeza.

Salgo de la enfermería sintiendo que alguna de las personas que estaba allí me va a disparar en la cabeza, pienso que soy demasiado tonto, ¿Cómo confío en esta gente?, llego hasta la reja y el guardia abre y me da una palmadita en la espalda para que pase, llego finalmente a mi celda y no la puedo creer, respiro profundamente, saco la pistola de la pretina y entra el cacique, respiro de nuevo profundamente y suelto una carcajada.

- Usted si tiene Huevos de plomo, ¿Cómo se le mete a semejante fiera?
- Nada, pues también le tenemos a la familia en la calle.
- ¿Arreglaron?
- Si, obvio, me toca pagarle hasta la risa, pero me saca de aquí, eso dice “El Güiro”.
- “El Güiro”? (Se ríe suavemente).
- Ese ha sacado a más de uno de aquí, tengo un buen palpito.
- Bueno, pues ojalá.

Días después, en el pasillo central, estoy hablando con uno de los talladores de madera para que me fabrique un cristo, estamos arreglando el precio, en el momento en que le voy a entregar la mitad del dinero para que empiece el trabajo, se acerca un ordenanza y me hace señas para que me acerque él, yo le digo que me espere pero él hombre insiste con cierta gravedad, entonces guardo el dinero, le digo al tallador que espere y me acerco.

- Viejo Richard, ¿Usted es Ricardo Castillo?
- Lo miro con un poco de miedo… Si mi hermano, soy yo.
- “Le llego!!”.

Sacó con disimulo la boleta de libertad de su bolsillo y me la puso en la mano. La miro sin dar muestras de emoción, tomo $20.000 y se los meto e la camisa, el hombre me mira con una infinita gratitud.

- Gracias viejito, Dios me lo bendiga en esa calle.

Prefiero hacerlo así, discretamente, para que mis amigos no se peleen por las cosas que dejo. Así que, subo a mi celda, cierro la puerta y rompo en llanto. Dios mío, no la puedo creer, esta noche dormiré en mi casa, con mi esposa y mi hija, gracias, gracias. ¡¡Que bendición!! Pienso en mi cama, en la cara de mi esposa, en mi hija, en el parque… voy a dormir, por fin voy a dormir tranquilo, voy a desayunar con mi familia, abrazar a mi hija y a mi esposa en las mañanas, finalmente Dios no es justo, es misericordioso.

Me quedo en la celda, tumbado en la cama un rato largo, estoy feliz, solo tengo un pensamiento que retumba en mi cabeza ¡¡¡Libertad!!! ¡¡¡Libertad!!! Lloro y rio, parezco un loco, estoy muy agradecido, lo que está sucediendo era improbable, todo estaba en contra mía, lo único que podía esperar eran 10 años de condena, y ahora, increíble, me voy para mi casa, ¡¡¡señor!!!

El resto es historia, bajo al primer piso donde están los teléfonos, llamo a mi esposa y le cuento, lloro un poco nuevamente, ella se pone muy feliz.

- Yo voy a pedir permiso aquí en el trabajo y te recojo.
- No amor, salgo tarde, y mi cuñado y mi hermana van a venir, no te preocupes yo llego a la casa.
- Bueno, entonces te espero con una comida muy deliciosa.
- Siiiiiiiii, que bueno amor, te amo, allá nos vemos.

Busco al mexicano, un narco que se hizo muy amigo mío, es alcohólico, y todas las noches hacemos reuniones de doce pasos, junto con otro traficante de armas que es adicto al juego. Lo encuentro en su celda viendo televisión, entro tranquilamente.

- Qué cuate, ¿relajado?
- Si, aquí viendo las noticias.
- ¿Cafecito?
- No hay, ¿Va a gastar?
- Si claro, de una.
- Uy, este millonario. Vamos.

Salimos de la celda hacia donde el hombre que vende el café…

- Me llego.
- Le llego ¿qué guei?
- ¡La libertad!
- No mames pendejo, ¿en serio? (Se ríe muy emocionado).
- Si, todavía no caigo a la tierra, estoy que no la creo.
- Pues Ñerito, que le digo, ¡Lo felicito mucho guei!
- Ahí está mi celda, para que coja lo que quiera.
- Para que le digo que no si sí.

Después de tomar café, fuimos a mi celda, cogió el televisor, la grabadora, la colchoneta, unas zapatillas y algo de ropa.

- Gracias Guei, el resto se lo damos a los fritos.
- Todo bien

Cuando el mexicano sacó las cosas de mi celda, ya todo el mundo se dio cuenta que me había llegado, entonces hubo muchos abrazos, mucha mariguana (Yo no fumo, estoy en abstención hace más de 10 años), mucho café del bueno (El café del bueno es costoso en la cárcel), El pasillo se llenó de fritos agradecidos conmigo, la mayoría de los fritos me querían mucho, vino gente de otros pasillos y hasta de otros patios a despedirse de mí. La mayoría me decían riéndose: Suerte viejo, ¡duro con esos bancos!, pero yo ya quería dejar de robar, estaba cansado y quería trabajar en sistemas el resto de mi vida, cuidar a mi familia y envejecer con ellos.

Texto agregado el 11-10-2019, y leído por 38 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
12-10-2019 Dejar atrás la prisión y abrazar la libertad- en cualquier asunto de la vida- es sanador, fabuloso, enorme. Buen texto. Felicidades. daiana
 
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