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La niña y la serpiente


Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo nació una niña que aumentaba de tamaño cuando dormía. Sus padres, unos humildes campesinos, creyendo que estaba embrujada decidieron abandonarla en el monte.
La niña quedó totalmente indefensa debajo de un mezquite. Probablemente moriría. Pero, para su fortuna, una serpiente que pasaba por ahí se apiado de ella y la recogió.
Era una víbora vieja, había visto tantas cosas, que tomó aquello con cierta naturalidad. No pasó mucho tiempo para que se diera cuenta que la niña crecía mientras dormía. Lo cual despertó en ella un interés muy especial. Más cuando descubrió algo que la dejó fascinada: la pequeña se hacía gigante únicamente cuando soñaba. Si ella solo dormía, no pasaba nada, e inclusive, si soñaba despierta, su cuerpo aumentaba de proporciones.
Con mucha ilusión se propuso enseñarle a soñar despierta para liberarla de su maldición, aunque corría el peligro de confundir la realidad y quedar en un estado de locura, tan común en las personas.
Debía ser muy paciente. Por las noches le cantó rimas y versos a la luz de la luna, y en el día, le contó historias sobres seres extraordinarios. Fueron años felices donde recorrieron infinidad de veces el monte.
La niña aprendió hablar, no solo el idioma de los humanos, sino también el de las serpientes.
Hasta que, un día, la niña logró aumentar y disminuir de tamaño al gusto, dormida o despierta, con tanta facilidad, que la víbora se sintió orgullosa y decidió dar un paso más en su propósito.
Una mañana, casi al amanecer salieron del monte. La víbora se deslizaba pesadamente sobre la arena, como quien no desea llegar a su destino. En cambio la niña tenía la mirada viva. Ya no era una beba, caminaba con mucha firmeza. Su pelo lacio hacía olas con el viento como si fuera un mar negro y su piel morena brillaba con el sol. Ignoraba a dónde iban, pero confiaba ciegamente en quien la había rescatado del abandono.
Al tercer día, cerca del atardecer, llegaron a un pueblo. Cerca de diez casas de adobe se distinguían en el paisaje desértico, rodeadas de inmensos corrales donde descansaban algunos animales bajo las sombras de unos huizaches.
Cuando la serpiente le dijo a la niña que ahí vivían sus padres, sintió una mezcla de tristeza y alegría. Fue una sorpresa. Ella nunca le había ocultado nada, sabía de qué se trataba y sintió curiosidad por conocerlos. Pero cuando iba a avanzar hacia el caserío, la serpiente la detuvo, había que esperar a que bajara el sol, aún era temprano, le dijo. La niña no comprendió, pero como siempre, obedeció. Buscaron un mezquite y descansaron, mientras comían tunas de una penca cercana.
Tan solo unos minutos después vieron a la distancia como los campesinos salían corriendo de sus casas. Huían de un enorme animal: el nahual, un ser extraño que acostumbraba ir de vez en cuando a destruir el pueblo. Caminaba por entre las calles arrasando todo a su paso, para al final, llevarse a uno de sus habitantes, casi siempre a una niña.
La pequeña se asustó y abrazó a la serpiente, quien permanecía tranquila. El tamaño de la bestia sobrepasaba al de las casas, a sus pies, parecían de juguete. Una vaca que se atravesó en su camino la hizo perder el equilibrio y se desplomó, el impacto cimbró el suelo.
La serpiente le pidió a la niña que creciera de tamaño y lo enfrentara. Pero ella estaba tan temerosa que no logró concentrarse. Eran demasiadas emociones juntas, por un lado sabía que estaba cerca de sus padres, y por otro, nunca había visto un animal gigante; sin mencionar que era la primera vez que visitaba un pueblo.
La víbora, le pidió que se relajara, y que recordara todo lo que había aprendido. Para su mala fortuna, cuando la niña quiso crecer, el nahual las vio y comenzó a perseguirlas, esto hizo que la niña tuviera aún más miedo y se pusiera a llorar. La serpiente trató de enfrentarlo, pero el nahual con una sola mano logró atraparla.
La pequeña aprovechó ese momento para correr al pueblo y esconderse en una casa. Se puso de debajo de una mesa, en un rincón oscuro. Su cuerpo temblaba. Fueron los quince minutos más largos de su vida. Con los ojos cerrados escuchó decenas de gritos y golpes.
Cuando al fin el peligro pasó, salió de la casa. Todo estaba semidestruído. El animal se había ido, en las calles las personas se reunían para ayudarse unas a otras. Tímidamente se acercó a un grupo, una mujer se dio cuenta de que no era lugareña. Cuando le preguntaron de dónde venía les contó su historia. ¡Nadie le creyó! Más de uno la juzgo loca. Tuvo que concentrarse, soñar despierta para aumentar de tamaño delante de ellos. ¡La mayoría salió huyendo! Pensaron que era algo del nahual y se los iba a comer. Afortunadamente, la niña logró tranquilizarlos, les explicó su situación y comprendieron que no era mala, que lo único que deseaba era rescatar a la serpiente.
Una mujer de entre las presentes, comenzó a sollozar. Un hombre la acompañaba y, aunque no lloraba, se veía cabizbajo, confundido. La niña no necesitó más explicaciones, supo inmediatamente que eran sus padres. La serpiente le había dicho que no eran malos, que probablemente un día los conocería; cuando la dejaron estaban asustados y ella debía perdonarlos. Sin dudarlo fue con los dos y los abrazo tiernamente. Ellos se disculparon y aceptaron su error.
Fue un instante de felicidad, aunque efímero, la serpiente y algunos campesinos seguían atrapados por el animal gigante. Entre todos comenzaron a idear un plan. La pequeña se ofreció a enfrentar al nahual y luchar con él, si era necesario. La gente le tomó la palabra y comenzaron a organizarse. A media noche salieron del pueblo en busca del rastro de la bestia.
No fue necesario ir muy lejos, avanzaron un par de horas, cuando el nahual apareció. Lucía imponente en la oscuridad, más fuerte y enorme que en la tarde. Esta vez la niña no se asustó tanto y, haciendo un gran esfuerzo, logró concentrarse para aumentar de tamaño. En cuestión de instantes, estuvo igual de gigante que él. Y cuando iba a abalanzarse para darle el primer golpe… sucedió algo extraordinario: apareció la serpiente y la detuvo.
- El nahual no es malo, busca protegerte –gritó la víbora-
Los campesinos que la acompañaban se habían refugiado atrás de unos matorrales, no comprendían porque la serpiente defendía al animal y éste permanecía quieto, cuando tan solo unos instantes antes se veía muy amenazador.
- No había logrado encontrarte, por eso iba al pueblo de vez en cuando a buscarte, y como no te hallaba, se molestaba y se llevaba a otras personas… -agregó la serpiente.
Pasaron unos segundos de incertidumbre, hasta que la niña comprendió lo que decía la víbora y regresó a su tamaño normal. Con mucha ternura abrazó a la enorme bestia, al fin se habían encontrado. Uno a uno los campesinos salieron de su escondite y se fueron retirando. La serpiente se sentía contenta, había cumplido su misión: el animal dejó de visitar y destruir el pueblo y la niña tenía a sus padres y a su nahual protector.
Cuentan que la serpiente escribió esta historia en un nopal de piedra, esperando que no se repitiera. Niños que crecen cuando sueñan hay muchos, y sus padres no deben asustarse, sentencio la víbora.


BRB


18 06 17


Cuento publicado en su versión corta en italiano en el siguiente link.


http://progetto7lune.org/pubblicazioni/PLAQUETTES/2018.html







Texto agregado el 26-10-2018, y leído por 265 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
30-07-2019 Hermoso cuento. jaeltete
26-10-2018 Hermoso tu cuento, me resultó muy original. Felicitaciones! sheisan
26-10-2018 Qué maravilla de cuento, Azel. Debería leerte más seguido Un fuerte abrazo. MujerDiosa
26-10-2018 Demasiado hermoso y entretenido. El final es de colección. Bravo, Azel querido. Broche de oro en tu regreso. Un enorme abrazo, amigo lindo. SOFIAMA
26-10-2018 Una sola estrella? Dejame compensa eso, tu cuento es precioso Carlos_Lebon
 
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